Blog de pensamientos, ejercicios de escritura y opiniones en más de 140 caracteres. No contiene imágenes explícitas (ver blog de imágenes), pero sí temas para ¿adultos? (18+): sexualidades, estereotipos, géneros, sexo, amor, relaciones, libertades, responsabilidades, erotismo. Si algo de esto va en contra de sus creencias, experiencias, pensamientos u opiniones personales, las de su religión, gobierno o sus padres, continúa leyendo bajo su propia responsabilidad o la suya.

Cajones

CRÍTICA SOCIAL Y AUTOREFLEXIÓN, GÉNEROS Y ANTIGÉNEROS, DERECHOS Y RESPONSABILIDADES, ELECCIONES DE VIDA, AMORES Y POLVOS, VIRGINIDADES Y EXPERIENCIAS, SENSACIONES Y SENTIMIENTOS, SATISFACCIONES E INSATISFACCIONES, ESTEREOTIPOS, ROLES, EROTISMO, TWITTERATURA, EVOLUCIONES, INVOLUCIONES Y REVOLUCIONES.

miércoles

100.000 placeres

Son populares en la cultura irlandesa versos que se han transmitido de generación en generación con el objetivo de dar buenos deseos. Las personas transmiten con bendiciones sus sentimientos en cualquier ocasión importante, alegre o triste. Bendicen tanto a amig@s y personas queridas como desconocid@s, para que tengan matrimonios felices, hijos con salud, prosperidad, hogares confortables, un buen viaje. Durante siglos estas bendiciones se han transmitido de forma oral, en lugar de escrita y esa puede ser la razón de que pocas hoy puedan ser atribuídas a un autor conocido. En las casas irlandesas es muy común que haya una placa cerca de la puerta con una bendición (las reconocemos, también, en los muros de esos bares que frecuentamos que dicen ser o son irlandeses). Es muy común el uso en estas placas de la frase en gaélico: “Cead Mile Falte” (100.000 bendiciones).

Me gusta la idea de que cualquier persona tiene en sí misma el poder de bendecir, que no lo da ningún dios o diosa o dioses, sino la cantidad de sentimientos, deseos y experiencias positivos que somos capaces de dirigir hacia otr@s, la profundidad de nuestra capacidad de empatía, la calidad de nuestras ganas de que a otr@s les vaya tan bien como a nosotr@s, o aún más.


Y aquí, desde mis sentimientos, deseos, experiencias, capacidad de empatía y ganas de que otros estén tan satifesch@s consigo mism@s como yo (y no estoy hablando solamente de masturbación), además de desde la admiración a la cultura irlandesa, les dejo esta bendición pélvica (o 100.000 placeres):

Que tu camino sexual te lleve justo adonde quieras acabar,

que el erotismo esté siempre a tu favor,

que los fluidos íntimos brillen cálidamente sobre tu rostro,

que la humedad empape suavemente tu entrepierna,

y que, hasta que volvamos a encontrarnos,

disfrutes múltiples y plenos orgasmos.


Que ninguna religión se interponga en tu sexualidad,

que no traigas al mundo hij@s no deseados,

que seas pobre en malcogimiento

y rico en placeres.

Que de ahora en adelante

las noches sean noches y los días sean noches.


Que las ganas nos lleven a encontrarnos en otras camas,

que disfrutes con consentimiento,

sepas reconocer y retirarte cuando no lo hay,

y seas disfrutad@ con consentimiento

 y sepan reconocer y retirarse cuando no lo haya de tu parte,

y que siempre tengas cerca un consolador o una mano amiga.


Que siempre esté cómoda la cama en la que te acuestas

y encendida la luz de la habitación mientras tienes sexo,

que estén abiertas las mentes y piernas que te rodean

y sean tan sinceros los corazones que te aman como los labios que te maman.

domingo

Las alas, digo, las piernas de la libertad

En un abrir y cerrar de piernas... te puedes enamorar, te puedes desenamorar, te puedes arrepentir, te puedes olvidar, te puedes cruzar a otra vereda en la calle de las orientaciones sexuales, te puedes vengar, (te) puedes lastimar, (te) puedes divertir, puedes dar vida, negar vida, disfrutar vida o interrumpir vida, puedes perderte o encontrarte a ti mism@, puedes morir o puedes renacer, física, mental o espiritualmente.


Y se me ocurren, como siempre y como mínimo, once razones... 

Encontrarse con el placer propio es una forma de identificar una (por lo menos) identidad sexual.

Dar placer a otros es una forma de acercarlos también a esa definición, o al menos, a esa búsqueda.

Elegir a quien abrirle las piernas es un derecho que las mujeres de antaño no tenían e incluso muchas mujeres de hoy aún no tienen. En este sentido, abrir las piernas eligiendo bien a quién es un acto de libertad.

Elegir cuánto y cuándo abrirlas, es un logro de lucha de género que ha costado la libertad sexual de las mujeres y otros históricamente.

Elegir abrir las piernas y no parir es una forma de evolucionar, de apartarse de lo biológico y de acercarse a lo cultural (y ojalá a nuevas culturas, las viejas van muy de la mano con lo biológico).

Elegir en qué momento abrir las piernas por "primera vez" está en íntima relación con la primera vez en que se abrió la mente (o con el nivel de presión social que intenta impedir su apertura).

Diferenciar disfrutar de reproducirse como forma de saber abrir y cerrar las piernas con objetivo personal y no con memoria de la especie.

Elegir abrirle o cerrarle las piernas al amor, mientras se le abren al placer, no es un aprendizaje menor ni poco doloroso, pero permite escribir la propia vida en el género que una elija, pudiendo seleccionar otras opciones distintas a novela rosa, drama, cuento de hadas o novela pastoril.

Elegir junto a quien caminar, abriéndole las piernas a esa misma persona y/o a otras, porque caminar toda la vida con alguien no tiene por qué ser equivalente a abrirle las piernas toda la vida a la misma persona.

Elegir, también, cerrar las piernas, porque saber decir que no es un aprendizaje aún más difícil que decir que sí con sentido y lo complementa.

Se me ocurren éstas y tantas otras cuestiones por las cuales abrir las piernas puede ser un acto de libertad, que si Ud. es de l@s que todavía creen que lo mejor y más importante que puede pasar entre las piernas es la fecundación, (quedándose por elección en una sexualidad literal, genital, biológica), lo mejor es que se aleje caminando con las piernas cerradas, dando saltitos, ya que nuestros caminos se dividen tanto como una pierna se separa de la otra para dar y recibir placer, tanto como la libertad y la esclavitud. 

Lo bueno de todo esto es que las piernas que han aceptado que su andar es un acto de libertad ya no se abren para piernas que caminan por caminar. Y que las piernas que sigan caminando por caminar seguirán sirviendo de ejemplo para que quienes quieran abrir sus piernas libremente puedan comenzar a hacerlo.

Como no tengo alas, vuelo abriendo y cerrando las piernas. Ud. vuele como pueda, si es que puede.



martes

No celebro

Cuesta hacer entender que a mí no tienen que saludarme, desearme nada, tratarme de forma distina a cómo me trataron en el año para complacer su necesidad de dar y recibir cariño reducida a dos o tres días al año, que darme regalos justificando la necesidad de ser consumista además de consumidor.


Cuesta hacer entender que no saludaré, no desearé nada, no trataré de forma distinta a cómo trato durante el resto del año ya que mis ganas de complacer, dar y recibir cariño no se reducen a dos o tres días oficializados, no daré regalos y no tendré por qué aceptarlos.


En este sentido, me gustó este texto: Navidades minimalistas según Homo Minimus 

Y se los comparto como quien no celebra, pero no quiere interrumpir la celebración de los demás.


"No te voy a desear paz

  ——–  No tengo buenos deseos

  ——————- Malos tampoco tengo

 —————————————- Vivir es bello si sabes cómo

—————————————————————–Mas no esperes mis consejos

——————————————Pasa una temporada en el infierno

—————————-Purga todos tus pecados

—————-Saca brillo al silencio

Y empieza de cero."

Para quien festeja, feliz navidad.


Para quien no, vida responsable y satisfecha, como el resto de los días del año.


Para quien festeja, festeje sin romper las pelotas.


Para quien no, dejemos festejar sin romper las pelotas (ser grinch no es lo opuesto a festejar).

Háblame

Háblame con o sin sinceridad.


Háblame de tu pasado sexual sin miedo a que influence nuestro sensual presente.


Háblame de tus proyectos o de tu falta de ellos.


Háblame de tus defectos tanto como de tus virtudes.


Háblame de los nombres que elegiste para es@s hij@s que nunca tendremos.


Háblame de tus fantasías y realidades sexuales.


Háblame de tu sexo no biológico y de tus orientaciones sexuales frustradas.


Háblame de los traumas de tu infancia y de tus luchas de adolescencia.


Háblame de cómo te gusta vivir y cómo te gustaría morir.


Háblame de las cuentas que no te cierran y de tus números sagrados.


Háblame hasta por los codos, ¡qué digo!, hasta por los genitales.


Háblame de mecánica cuántica y de física teórica.


 Háblame de lo que quieras, pero nunca dejes de hablarme.


No quiero y no puedo escuchar a nadie más.


Y ni siquiera te escucho, te absorbo por completo palabra a palabra.


Totalmente abierta a ti, soy toda oídos.


domingo

Dormir de a 2


Dormir de a dos puede ser un silencio incómodo o puede ser una silenciosa conversación de la piel.

Dormir de a dos puede ser una forma de olvido del ser individual.


Dormir de a dos es un privilegio más de la edad.

Dormir de a dos es una condición más de la situación económica.

Dormir de a dos es una concesión más de la orientación sexual normativa.

Dormir de a dos es una imposición de una moral y unas buenas costumbres.

Dormir de a dos es una negación de la posibilidad de la orgía.

Dormir de a dos es una recomendación más del feng shui de las relaciones sociales.

Dormir de a dos puede ser crimen y castigo.

Dormir de a dos puede ser viaje o peaje.

Dormir de a dos puede ser fantasía o realidad.


Dormir de a dos también es una amenaza constante de la soledad. 


Dormir de a dos puede ser aceptar la carga de la mortalidad humana o puede ser rozar la eternidad.

Dormir de a dos puede ser esto y mucho más. ¿Qué es para ti?

Más sobre dormir de a dos: Dormir en pareja, ¿no es dormir?

martes

Vivir sin amor

Vivir sin amor es al espíritu lo que vivir sin sexo es al cuerpo, dirían. Yo digo que es al espíritu, también, porque el sexo no se tiene solamente con el cuerpo.


Dicen algunas canciones y frases que no se puede vivir sin amor, yo creo que sí se puede, pero no se debería.


Nos acostumbramos primero a vivir sin amor, y después es muy fácil acostumbrarnos a vivir sin sexo, que es otra falta de amor pero más íntima.


Vivir sin amor es no tener quien te escuche, pero también es no escucharse a un@ mism@.


Vivir sin amor es no tener quien quiera tocarte, pero también no desear tocar.


Vivir sin amor es no tener con quien pelear, pero también vivir pelead@ con el mundo.


Vivir sin amor es no tener a quien ocultarle tus secretos, pero también es la vida totalmente expuesta.


Vivir sin amor es no tener a quien negarle la mirada a tu cuerpo desnudo, pero también no tener a quien espiárselo.


Vivir sin amor es negar y ser negad@ la mirada.


Vivir sin amor es ser juzgado y prejuzgado constantemente, pero también encasillarse a un@ mism@.


Vivir sin amor es todo esto y mucho más. Percibo una vida social sin amor por una vida privada sin amor. Percibo falta de amor desde los orígenes, las infancias, las adolescencias, las adulteces varias y hasta la muerte.


Vivir sin amor es peor que coger sin amor, porque aunque no ames a las personas con las que te acuestas, siempre nos queda el cariño por la co-existencia y la complicidad del placer mutuo obtenido.


Vivir sin sexo, es también, vivir sin amor.

Puedo/podemos

Puedo moverme por el laberinto de tus labios con la certeza de quien sabe cómo salir, si quiere.


Puedo enredarme en tu vello púbico para olvidarme un rato de los problemas que me enredan.


Puedo olvidarme una y otra vez el camino a tu cama, para sentir siempre que es uno nuevo.


Puedo arroparnos con caricias que hagan innecesarias las sábanas.


Puedo contener mis orgasmos hasta que ya no puedas contener los tuyos.


Puedo escalar tus ideas como si fueran de roca hasta llegar a la cima de tu lógica personal.

                                                       Y bajarme del otro lado sin dejar bandera de conquista. 


Puedo quedarme tan quieta y callada que te sientas sol@ el tiempo necesario para sanar.

                                                       Y revivir cuando quieras echar sal a la herida de existir junt@s.


Puedo arrodillarme ante ti sin perder la altura, porque me he arrodillado ante mí.


Puedo dejarme penetrar para no penetrarte, y puedo penetrarte para no dejarme penetrar.


Puedo lamer tu experiencia de vida en la piel y quedarme aún con ganas de succionarte el futuro de una libido aún latente.


Puedo perderme en ti o hacerte perder en mí, puedo jugar a las escondidas o puedes jugar a la mancha.


Puedo contarte un cuento antes de ir a dormir, justo después de acostarnos a no dormir.


Puedo cegarme a la belleza ajena con tal de poder tocar siempre la tuya.


Puedo ir contigo sin dejarme equipaje o puedo llevar mi equipaje y no ir contigo.


Puedo ser tu virgen cuantas veces quieras, porque procrearé tu pasión para que sea siempre nueva.


Puedo tantas cosas, y tú puedes tantas otras. Pero aquí se trata de descubrir lo que podamos los dos.


Puedo, pero no sé si quiero.

Puedes, pero no sabes si quieres.

Y hasta que lo sepa, me diré y te diré (nos diré) que no puedo.

Y hasta que lo sepa, me dirás y te dirás (nos dirás) que no puedes.

Y podemos intentar creérnoslo. 

domingo

@Conlaorejaroja

Según las creencias populares en distintas partes del mundo cuando se pone la oreja roja, es porque están hablando bien o mal de un@, o como mínimo que están hablando demasiado sobre un@, quizá desde la envidia, el chisme o simplemente el desacuerdo. Es común que cuando hablas así de alguien, se diga que le estás poniendo la oreja de ese color.


Con la Oreja Roja, además de un mito cultural, es el nombre de un medio independiente de opinión que habla de múltiples temas desde una perspectiva crítica, satírica y/o humorosa.


Y eso es justo lo que este personaje viene desarrollando (o pelvicando): una perspectiva crítica, satírica y/o humorosa propia en relación a temas de sexualidades, sexo, géneros, erotismo y pornografía, responsabilidad sexual, relaciones y formas de expresar todo lo anterior (más o menos literarias/artísticas). 


En Twitter tuve mis buenas dosis de oreja roja:


En 2010 tuve la oreja roja por elegir mostrar las piernas en vez del escote o el trasero y porque me percibían hombre, por la sensación de que mi sexo de nacimiento no se correspondía con la forma socialmente esperable de pensar de una mujer. También por no explicar los tuits, por no aceptar correcciones, por escribir <<coger con j>> y por no aceptar hashtags ajenos (ni siquiera el de #sarcasmo que much@s parecían necesitar para no enojarse o para enojarse en otro sentido).


En 2011 tuve la oreja roja por mi forma de interactuar, y ese año se dieron grandes batallas tuiteras con cuentas hoy reconocidas, los blocks permanentes, la mayor cantidad de copia, copia y pega e imitación, la tensión por el tuiteo mayormente en el #turnonoche y los efectos diurnos de esos mensajes, la creación del microblog de Tumblr y el blog de Blogger; aunque también el gran crecimiento de la base de seguidores que identifico cariñosamente como mis pélvic@s. Esta cosmovisión sexual se fue haciendo eco (en forma de RTs tradicionales, automáticos y otros tantos mal atribuidos pero igual de eficaces en la transmisión de mi mensaje).


En 2012 tuve la oreja roja por dejar el abrigo de la oscuridad nocturna y repartir tuits sin consideración de sol, luna, nubes o estrellas (las del cielo y las tuiteriles por igual) y las primeras publicaciones en más de 140 caracteres, propias como de temáticas medio-tuiteadas. También fue el año en que más jugamos con las letras, con distintos hashtags, con las bios, con la posibilidad del erotismo escrito. Pero además, fue el año en que el #FF dejó de ser una iniciativa tuitera para convertirse en un negocio y fui retirada (bloqueada) de los primeros 50 en mi país para dar visibilidad a las celebridades de siempre; en que todo el mundo que no estaba en Twitter entró a Twitter, en que proliferaron las cuentas autenticadas, las empresas y las dinámicas promocionadas en detrimento del espacio de expresión de l@s tuiter@s.


En 2013, después de unas vacaciones virtuales que much@s (y hasta yo misma) supusieron definitivas, resurgí de mis cenizas, no como un ave fénix, sino como ese ex que reclama de tu cuerpo los últimos placeres que no pudo arrancarle cuando todavía estaban juntos. Y tuve la oreja roja por haber vuelto distinta (yo no era la misma de 2010, intuyo que ningun@ de nosotr@s lo éramos, pero es más fácil ver los estragos de la autocrítica y el paso del tiempo en los demás); incluso hubo teorías de que había vendido o regalado la cuenta. También tuve la oreja roja por ya no tuitear 24/7 como al principio y por el exceso de imágenes, que pasaron del erotismo a la pornografía, en un proceso poco usual en mí de permitir que lo excitante me entre por los ojos del cuerpo en vez de los del alma.


Este 2014 tuve la oreja roja por darle rienda suelta a lo que hay de femenino en mí (¡Sorpresa, sorpresa!) despertando mi propia versión de alpha female en Tantras Urbanos, por seguir sosteniendo mis percepciones del mundo y mis opiniones en muchos aspectos intactas durante tanto tiempo, por agregar escribidora, escribiente, escribiendo y otros (nunca escritora) a la bio, tan criticada que inventé una palabra que me quedara: escriturra; por hacer más regular aquello de salirse del tuit (los 140 caracteres) en entradas semanales al blog. Fue el año en que mi cuenta de Tumblr fue cerrada injustamente, lo que dio lugar a una desconfianza hacia el sitio casi tan profunda como la decepción, pero también dio lugar a mi nuevo blog de imágenes, que espero con el tiempo llegue a ser tan exuberante como el anterior.

Sigo y seguiré teniendo la oreja roja por el mantenimiento del anonimato, por no compartir la imagen de la persona, por escurrirme una y otra vez de las etiquetas.


Si bien el nombre hace referencia a cómo se nos pone la oreja cuando alguien habla de nosotros, lo que pretende este medio independiente es estar al pendiente de las diversas situaciones de la vida que requieren una voz más que se queje, critique, se comprometa y se ría.


Y justamente, yo tengo una de ésas. 

Una voz que se queja, critica, compromete y se compromete, se ríe de todo, de tod@s, y hasta de sí misma.

Una voz que todavía no llegó a ser grito orgásmico pero quizá ya sea una suerte de gemido conjunto de quienes comparten virtualmente conmigo este intento de vuelo abriendo y cerrando las piernas a falta de alas. 


Su lema: Aquí hablamos de todo, con todos. Somos una nueva forma de opinar la vida. Su hashtag: #Yoopino Su director: @ianschnaida


Me sumo a su intención de ofrecerle a la sociedad un medio diferente, que promulgue el cuestionamiento de la vida. 


En mi caso, de la vida sexual, como parte de esa vida, y de todo lo que hay de "sexoso" que no es percibido como tal en la misma.


Y ya veremos qué motivos encuentra el 2015 para ponerme @Conlaorejaroja


martes

Amigarch@, chongo y minitah

Me gusta y siempre me gustó el término amigarch@ porque me pareció mucho más neutral que chongo y minitah. 

Estos últimos parecieran querer atar este tipo de acuerdo sexual a un género específico y a una orientación sexual específica, es decir, suenan bastante heterosexuales (una persona diversa generalmente no pone el acento en el género del amigarch@, que además puede ser otro distinto de la dicotomía esperada por la norma chongo-minitah). 

El término, que intenta ser tan liberal, se carga inevitablemente con datos de la historia de género: era muy común que el hombre casado tuviera minitahs (por aquello de la que mujer siempre se enamora y el hombre es el único que puede tener sexo sin enamorarse, pero también por aquello de que la única forma de sacarse a una mujer de encima después de tener sexo con ella era tener la excusa de volver al hogar con la minitah oficial); la aparición de la nueva palabra surge con la "nueva" situación de que un hombre pueda encontrarse en el mismo lugar de una minitah.

Para una forma específica de ser hombre con la que ya estamos culturamente familiarizados y socialmente entrenados a identificar a todos los sujetos que vienen con este envase, toda mujer es minitah. No hay satisfacción en el reconocimiento de tener que o querer relacionarse con minitahs, porque es lo esperado y esperable. Minitah simplemente reemplaza el concepto mujer, que viene a identificar a todos los sujetos que vienen con este envase, con la forma específica con la que ya estamos culturamente familiarizados y socialmente entrenados. 

Chongo, como forma más o menos cariñosa de hablar del pene,  tiene que ver con aquello de querer utilizar al hombre, como el hombre utilizó a la mujer durante siglos, órganos sexuales mediante. Este tipo de rebelión vengativa en realidad es una reproducción de las mismas desigualdades pero en otro sentido. De esta manera, activamos un feminismo extremo, desdibujamos el acto sexual en el que no solamente incluimos el cuerpo y usamos los genitales, eliminamos el componente hombre o lo reducimos a una de sus partes. Quizá se sienta hasta una leve satisfacción al decirlo, una mentirosa revolución propia, un "yo también puedo usarte como tú a mí", porque escucho esa palabra con cierta constancia. Chongo, chongo, chongo, casi como una previa personal antes del contacto con el mismo.

Chongo y minitah sirven incluso para denominar no el tipo de relación, sino a una persona específica (como si esa persona no pudiera tener otro tipo de relación aunque quisiera): este tipo es un chongo, esta tipa es una minitah. Sigue la lógica detrás del lenguaje que pone el peso de la prostitución en uno de los integrantes de la relación/acuerdo sexual de pagar y aceptar dinero por sexo: la puta.

Si a esto le agregamos el uso del posesivo una vez que la relación ha prosperado en el tiempo (mi chongo, mi minitah), además damos por sentado que esa persona deja de ser sexualmente libre para compartir con otr@s, además de evitar, al menos discursivamente, comprometernos en otro tipo de relación no sexual. Cuando, otra vez, la base de este tipo de relación es que cada un@ se acuesta con quien lo desee, no hay exclusividad, ni número límite de amigarch@s que se puedan sostener en el tiempo, más que aquellos que impongan las propias piernas (o las ajenas).

Mi amigarch@ suena, en contraposición, más cercano a la realidad de una forma de relacionarse que justamente involucra la falta de ataduras emocionales, sociales, culturales y hasta económicas alrededor de las relaciones sexuales. 

Y un@ amigarch@ suena todavía mucho mejor, refieriendo que no es tuy@ ni mí@ sino suy@, y que además sabemos que más de una persona podría estar queriendo adosar ese MI antes de denominarle.

Para Ud., ¿amigarch@, chongo, minitah o ninguna de las anteriores?


domingo

El piropo y yo

A veces la mejor manera de hacer entender es contar la propia historia. La de la persona, porque los personajes tienen el privilegio de construir las condiciones de convivencia, que las personas, que llegan a un mundo que les precede y que ya tiene sus propias reglas, y hasta le tiene ya reservado un lugar: de privilegio de o falta de privilegio, según se haya nacido a un género o a otro, a una clase social o a otra, a una región o a otra, etc., no tienen.

Contar nuestras historias es dejar de poner el acento en los hombres que defienden su derecho a tratar a cada cuerpo de mujer individual de la misma forma porque el cuerpo social/colectivo mujer les parece inferior y pasible de ser utilizado a su antojo. Estoy segura de que cada mujer tiene su propia historia con el piropo o el abuso callejero en primer grado, o quizá, lamentablemente, también tengan otras historias que vayan mucho más lejos. Si tienen ganas, déjenme sus experiencias en comentarios. Hagamos visible esta problemática desde otro lugar distinto de la queja.

La primera vez que me pasó tendría seis o siete años. Estaba patinando a la tardecita en una plaza, acompañada de mis padres y hermanas. Llevaba puesto un short de jean y una remera rosa. Recibí un silbido que me hizo parar en seco como si fuera un perrito entrenado, y una vez que me paré, el piropo. No recuerdo ni siquiera qué palabra fue, pero la forma de decirla me tocó como una espada, era para mí, no había manera de eludirla, su significado pesó en el aire más que la palabra cuya forma escapaba a mi comprensión más temprana, di un par de vueltas más, sintiéndome observada, y pedí volver a casa. No volví a patinar a esa plaza por un tiempo largo. 

La segunda vez que me pasó algo así tendría once o doce años. Estaba caminando de vuelta a casa después de la escuela, y justo me había despedido del grupo de compañeras con las que compartíamos el trayecto, pero aún estaban withing hearing distance. Llevaba uniforme escolar y el pelo suelto. Si no recuerdo mal, había viento. Pasó una camioneta con cuatro hombres, dos en la cabina y dos viajaban atrás, al aire libre. Uno de estos dos se paró y me gritó algo que esta vez sí pude entender bien a nivel palabra, aunque pasarían años antes de poder comprenderlo a nivel experiencia. TE CHUPARÍA LA CONCHA HASTA PEINARTE PARA ADENTRO. Automáticamente me quedé atornillada en el suelo, le miré a los ojos, mientras se reía y seguía diciendo no sé qué, parado en el automóvil en movimiento, triunfal. Una oleada de verguenza me llovió como un balde de agua fría. No sabía por qué pero me sentía culpable de ese exabrupto, como si yo lo hubiera provocado sin darme cuenta. Las miradas de las personas alrededor se centraron en mí, no en el hombre que se había expresado tan apasionadamente y tan inoportunamente. Ahí me di cuenta de que ese era el comienzo del trato como mujer, el que tendría que seguir soportando toda mi vida.

Durante años padecí la exposición a este tipo de conducta, de mirada, que pareciera reclamar tu cuerpo y tu sexualidad para sí por derecho propio. Lo padecí como lo padece cualquiera que haya nacido en envase de mujer, aunque no se identifique a sí mism@ como una.

Ya no recuerdo claramente los años o las épocas, pero sí algunas situaciones difíciles de olvidar. Fui objeto de este tipo de trato en situaciones públicas, más que sujeto de derechos. Insisto, soy una persona muy pajera, miro a hombres, mujeres y otros, no se salva nadie, pero no me expreso de manera que viole el espacio personal o los derechos de otras personas. Y sí, alguna vez también se me escapó una "mirada de hombre", pero la discontinué, o pedí disculpas, acepté el no como respuesta, que es lo mínimo que se puede hacer civilizada en estas situaciones. No se trata de no excitarse, se trata de no hacer partícipe al otro de lo que nos puede despertar, porque las fantasías son algo ÍNTIMO y PERSONAL.

Una vez al salir de un local bailable a eso de las nueve de la mañana y recorrer el camino de siempre de vuelta a casa, no sin pasar por el diario y las croissants, peaje emocional de poder salir hasta la hora que se me cantara, me acompañó todo el trayecto un hombre con la bragueta abierta y el pene visiblemente afuera. Cada tanto se cruzaba cerca, intentaba tocarme o me dirigía alguna barbaridad a viva voz. Lo ignoré, lo fui esquivando, negándome a su tacto, y tuve suerte de que la estrategia funcionó, llegué "a salvo" sin mayor falta de respeto que la de tener que haber visto un pene que no estaba interesada en ver.

En otra oportunidad, igual que esta, me acompañó un hombre totalmente vestido, pero que me seguía a una cuadra de distancia. Intenté cambiar el camino varias veces, parecía perderlo, pero volvía a aparecer de la nada. No decía nada, su mirada parecía contener más odio que excitación. Casi llegando, temía tener que enfrentarlo para poder entrar a mi casa. Sopesé la posibilidad de acercarme sola y preguntarle qué quería, pero nunca aparecía nadie en la calle como para tener algún testigo en caso de que intentara agredirme. Finalmente, apareció un grupo de vecinos que tenía de vista, me paré a hablar con ell@s, les conté la situación y les pedí que me acompañaran a mi casa. Así lo hicieron y nunca más le vi, pero por un tiempo, ya no volví sola a casa por ese camino.

Varios años la postura de responder al piropo con frases ingeniosas (que Uds. saben que no me faltan) o resaltando alguna cualidad específica del piropeador (como él o ellos hacían conmigo) me funcionó, pero últimamente esta falta de aceptación del rol pasivo impuesto parece redoblar la violencia del intento de posesión virtual pública.

Otra vez me encontré a un hombre con el que solíamos viajar a la misma hora en el mismo medio de transporte. Siempre me miraba amablemente, sonriente, no lo percibí como una amenaza y una vez se acercó y me dijo algo sobre que tenía linda mirada. De acuerdo a mi personalidad, mis creencias y mi forma de concebirme libre igual que él de decir lo que piensa, le devolví el piropo diciéndole a su vez algo lindo sobre su mirada. Esta persona aprovechó otro día que viajamos juntos, a una hora en que viajaba menos gente, para seguirme al trabajo y esperarme durante horas en la puerta. Al salir ya era de noche, y él seguía ahí. Fue difícil explicarle por qué su actitud no era sexy sino scary, stalker like. Por suerte comprendió y no volvimos a vernos, ni siquiera a viajar juntos, lo que me dejó pensando si realmente viajábamos juntos por casualidad, o si también me seguía en el medio de transporte, intentando iniciar un contacto.

El último piropo fue hace unas semanas, este mismo año. Iba caminando por una calle poco transitada no muy lejos del hogar y un hombre que parecía estar realizando trabajos de construcción en una casa del barrio, con la puerta abierta y medio adentro, medio afuera, se expresó sobre mi forma de caminar y mi estado de belleza en general. Sin dejar de caminar, me di vuelta y le respondí que no le había pedido opinión. Me respondió que era una ATREVIDA, se paró y salió a la calle con tres hombres más. Juntos me persiguieron una cuadra, y se quedaron gritándome otra cuadra más, mientras llegaba a otra calle más transitada.

Y vamos, no soy ni fui una persona llamativa, ni que se vista, como muchas me han confesado en este debate sobre el acoso callejero, para que las miren o para que les digan "cosas lindas". La lógica detrás del piropo es la misma que está detrás de la coerción sexual, de la violación, de la trata de mujeres y niñ@s (porque, nótese en el relato, no miden ni paran ante la minoría de edad). "Estás ahí fuera para que yo haga contigo lo que quiera". 

Quizá cada hombre que te dice un piropo se cree un príncipe azul, una experiencia única en tu vida. Sin embargo, termina siendo un triste insulto más a tu integridad como persona y a tu libertad en tu propia y única historia con el piropo.


martes

Caminando como mujer

Caminar como mujer es distinto de caminar como otros. La cuestión del uso del espacio público por parte de quien ha nacido en envase femenino sigue siendo problemática... como hace cien años. En una realidad en la que el discurso sobre derechos de la mujer se ha hecho tan popular, y ciertas cuestiones mínimas de seguridad, trato con el otro, independencia económica, derecho al voto y expresión se dan casi por sentado, siguen impresionando las dificultades en la efectivización de los mismos hasta para... caminar tranquila.


El video muestra 10 horas de caminata silenciosa a través de distintas áreas de Manhattan, usando jeans y una remera.



 ¿Cómo te está yendo hoy? Sonríe. Parece que no muy bien. Sonríe. (4 hombres sentados en la calle).


¿Cómo estás hermosa? Que tengas un buen día.


¿Qué pasa, chica? ¿Cómo te va?


Alguien te está reconociendo por ser bella, deberías decir GRACIAS más seguido.


¿En serio? (pregunta ante la falta de respuesta)


Que dios te bendiga, mami (más cerca de lo permitido por el espacio personal, mirándole el culo)


¡Demonios! (Insiste, siempre mirándola de atrás, nunca a la cara)


Hola bebé.


Hola hermosa.


¿Cómo estás esta mañana?


Que tengas una buena tarde.


¡Lindo!


¡Demonios! ¡Demonios!


Hola hermosa.


Sexy águila americana (le lee el logo que aparece en la parte de atrás del jean)


Hola, buen día. Dios te bendiga, que tengas buen día, ¿sí? (El mismo hombre camina cinco minutos a su lado).


¡Demonios!


¿Cómo estás?


¿Dulzura?


Mirá. Acabo de ver unos cuantos cientos de dólares (¿una propuesta de sexo por dinero?)


¡Demonios bebé! (La sigue) ¿No quieres hablar? ¿Porque soy feo? Eh? ¿No podemos ser amigos o algo? ¿No me hablas? ¿Si te doy mi número, me hablarías? ¿Demasiado feo para ti? (Hay dos hombres más alrededor, nadie hace o dice nada, pero la miran)


¿Qué pasa, señorita?


¿Cómo te va?


Que tengas una buena tarde, querida.


Más de 100 instancias de acoso callejero tuvieron lugar en 10 horas. Involucrando personas de distintos contextos. Y sin contar miradas, silbidos, guiños, etc.













Caminar como mujer tiene que ser igual que caminar como hombre, como niña, niño, adolescente, como otro. Hasta que no lo sea, no estaremos transitando el camino de la igualdad de géneros.

domingo

Propuesta menstrual

No sé porqué a la menstruación le dicen “la regla” si no mide 30 cm ni es prolijita ni sirve para medir nada.

PONGÁMOSLE OTRO NOMBRE A LA MENSTRUACIÓN… o llamémosla por su nombre.


Para no usar éste que es tan largo y clínico… ni otros menos largos y clínicos, pero con mayor carga simbólica, con mayor cantidad de sentidos sobre lo que es ser mujer involucrados.


Ni regla que suena a “ordenar” la sexualidad femenina alrededor de su capacidad de concebir…


Ni “Andrés”, arruinando para siempre un nombre bonito para los hombres… y sugiriendo que todo lo femenino tiene que ser nombrado o catalogado desde lo masculino, por oposición, como subalterno, etc.


Ni "indisposición": durante años no sentí dolores, ni tuve inchazones. Pareciera que pasarla mal durante estos días es casi una obligación moral con el resto del género femenino que una realidad de cada una de las mujeres que menstrúa. 


Ni "tía Flo" por traducción de "Aunt Flow", como si ya estuviéramos hablando de la tía solterona, castigando de una sola denominación la biología y la elección social de la mujer.


Ni "marea roja" que no estamos eligiendo título para una película de terror.


Ni "período", aludiendo a que tenemos malos momentos, como si fueran instrínsecos de la persona, y además en contraposición genérica con el hombre, que no tiene "períodos" de ningún tipo, siempre es él mismo.


Ni ninguna de todas esas boludeces que nos animaron a llamarle. Lo malo de que nos enseñen boludeces cuando somos niñ@s y adolescentes (y de que las aprendamos) es que las seguimos reproduciendo en nuestro trato con niñ@s y adolescentes cuando el tiempo nos vuelve adult@s.


Vos, que venís en cuerpo de mujer, hoy, ¿cómo le llamarías? ¿Cómo le enseñarías a otras mujeres niñ@s y adolescentes a llamarla y a sentirse respecto a ella?


Dejen sus comentarios debajo, liberemos nuestra sexualidad paso a paso y palabra a palabra. 


Como cuando @trampbutterfly logró que dejáramos de confundir la vulva con la vagina, dejemos de confundir nuestro período con objetos de la escuela o personas.


Esta pelvis comentó: 


"Lo bueno es hoy poder hablar de esto públicamente, sin miedos, que la menstruación fue parte del tabú de la sexualidad femenina mucho tiempo".


"Eso que tienen las reglas, de ser normales, comunes, de imponer una normativa, de marcar un afuera".


"¿Por qué la sexualidad de las mujeres tiene REGLAS ineludibles y la de los hombres no?"


"¿Y no hay regla para los hombres, cuando les llega la primera polución? Mmm…"


"¿Y si Andrés viene más de dos veces al mes,ya eres una puta? Je, je."


"¿Y las mujeres que son irregulares quedan fuera de la regla? Tantos estigmas sobre el cuerpo de la mujer…"


Mis pélvic@s comentaron: 


"La soledad que vivo es una analogía de tu regla".


"Un dato curioso: en Cuba muchas mujeres se llaman “Regla” Por la virgen de la Regla… La patrona de Cuba."


"Pues lamentablemente para esta sociedad lo normal y común es la regla, sino estas desfasado,”la regla” no te deja ser: anula al ser".


"Yo lo llamaría, te llego ese periodo del mes en el cual te consiento mas y me hace muy feliz decirte que tu sangre no me da asco".


"Es porque reglamentariamente llega cada mes… O al menos esa es “la regla” normal y común."


!Bueno algunas mujeres no son exactas en su menstruación… así que tal vez ni para medir eso sirva".


"Yo siempre le digo día 28".


"El tributo que se paga mensualmente por la alegría de la no fecundación".


"La regla tiene 30 cm como los dias , quizas se refieren a la exactitud con que llega".


"quizás es porq es como una regla, como una norma, ineludible".


"sera que por regla todas las mujeres la debemos tener! Y cuando no…chin!"

 

"si sirve para medir, antiguamente era la medida mensual en algunas culturas…"


"le dicen “El Andrés” como si a él fue al primero que le llegó jajajaj"


"Exacto! Somos únicas, particulares, individualmente impredescibles. Es absurdo que nos “etiqueten” con una “regla”


"y las mujeres de verdad no tenemos nada de común, al contrario nos salimos del estándar establecido."


 -Reeditado 2010