Blog de pensamientos, ejercicios de escritura y opiniones en más de 140 caracteres. No contiene imágenes explícitas (ver blog de imágenes), pero sí temas para ¿adultos? (18+): sexualidades, estereotipos, géneros, sexo, amor, relaciones, libertades, responsabilidades, erotismo. Si algo de esto va en contra de sus creencias, experiencias, pensamientos u opiniones personales, las de su religión, gobierno o sus padres, continúa leyendo bajo su propia responsabilidad o la suya.

Cajones

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martes

Oral anónimo (para SheePlay)

 Aquel edificio era un famoso nido de putas al que recurrían las almas solitarias y los cuerpos desesperados. Aquel pasillo era aún más sucio que las mujeres que allí se ofrecían, pero eso no me impidió seguir adentrándome en él. De mí deberían saber que jamás he pagado por sexo y jamás lo volvería a hacer.
Esa noche esperaba encontrarme con esa de la que todos estaban hablando; harto de sensaciones familiares, buscaba un golpe de adrenalina y testosterona que sacara mi libido de su sopor, algo que me hiciera sentir vivo. Prendí un cigarrillo, descancé mi peso contra la pared y dejé que mi imaginación se llenara con las siluetas sensuales de actos privados entre las sombras, los cuerpos semi-desnudos esperando su turno para complacer, los sonidos húmedos y susurrantes del placer ajeno.Dentro de mi ropa interior mi deseo dio señales de vida.

Después de una espera más excitante que un hecho, una voz susurró algo desde las sombras, mostrándome un pecho pálido y grande. Ni lento ni perezoso estiré la mano; aparecieron dos pechos. Me apuré a seguir estirando partes de mi cuerpo para que apareciera el resto. Eso no ocurrió; medio entre sombras sentí una presión en el pantalón, un cierre que se dejó abrir con más facilidad que cualquier corazón y unos labios buscaron mi pene. No era lo que esperaba, pero tampoco me iba a quejar.

 No sé cuanto tiempo pasó, pero las sombras se hicieron más leves cuando terminó la fellatio más larga y dulce de mi vida. Creo que tragó. Tampoco recuerdo cuánto pagué, pero en ese momento nada parecía mucho. Mientras yo me recuperaba su figura felina desapareció.

Salí caminando como pude, embriagado, satisfecho, con ese cansancio del buen sexo. Al llegar a la esquina me paró ésa de la que hablaban. Su mirada oscura era aún más provocativa que su cuerpo enmarcado en lencería roja y translúcida.

Aunque nunca digo no ya no podía pagarla. Aunque nunca digo que no mi cuerpo y mi imaginación estaban satisfechos. Al final ni siquiera supe bien quién fue la autora de ese recuerdo sexual que no se borraría fácilmente. Pero ya sabía parado en qué sombra me encontraría el próximo viernes. Y esta vez, preparado.

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Fotohistoria en revista en línea de seis entregas SheePlay (2012).