Blog de pensamientos, ejercicios de escritura y opiniones en más de 140 caracteres. No contiene imágenes explícitas (ver blog de imágenes), pero sí temas para ¿adultos? (18+): sexualidades, estereotipos, géneros, sexo, amor, relaciones, libertades, responsabilidades, erotismo. Si algo de esto va en contra de sus creencias, experiencias, pensamientos u opiniones personales, las de su religión, gobierno o sus padres, continúa leyendo bajo su propia responsabilidad o la suya.

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CRÍTICA SOCIAL Y AUTOREFLEXIÓN, GÉNEROS Y ANTIGÉNEROS, DERECHOS Y RESPONSABILIDADES, ELECCIONES DE VIDA, AMORES Y POLVOS, VIRGINIDADES Y EXPERIENCIAS, SENSACIONES Y SENTIMIENTOS, SATISFACCIONES E INSATISFACCIONES, ESTEREOTIPOS, ROLES, EROTISMO, TWITTERATURA, EVOLUCIONES, INVOLUCIONES Y REVOLUCIONES.

martes

Sí es sí


La coerción sexual afecta la salud física y mental de las personas que son expuestas a ella. Mientras que la situación de violación pareciera estar claramente definida y delimitada, existe una amplia gama de conductas sexuales en las cuales es difícil determinar si se trata de coerción o consentimiento disimulado. Esta zona gris hace difuso el límite entre los juegos de la seducción y el directo avasallamiento de los derechos sexuales de la otra persona. Pantelides y Geldstein (1999).

Se ponen en juego relaciones asimétricas de género, en las que las imágenes de género y la posibilidad de percibirse como sujeto de derechos entran en conflicto. En la construcción de las identidades masculinas y femeninas la sexualidad es el espacio en que las presiones sociales se manifiestan legitimando conductas coercitivas.
Pareciera ser que los “códigos” de la persona con la que interactuamos sexualmente afectan la comunicación durante un encuentro sexual y la interpretación de los deseos sexuales, incluso hasta su decisión de respetarlos (o no). No hemos llegado todavía a un momento de evolución sexual suficiente que nos permita mantener acuerdos sociales y personales mínimos que logren evitar por completo conductas abusivas de distinto tipo.

Somos responsables de nuestra conducta sexual en más formas de las que imaginamos. No alcanza con usar condón o elegir un método anticonceptivo para cuidarnos y cuidar al otro. Se trabaja mucho con las víctimas de abuso sexual, pero no se trabaja tanto con los culpables de abuso sexual. Antes de llegar a uno u otro rol, existen distintos estadíos de conflicto de la interacción que podrían tener su raíz en la naturalización de situaciones de presión o violencia sexual, especialmente ligados a roles impuestos de género.

¿Entiendes el concepto de coerción sexual? ¿Alguna vez la ejerciste de forma consciente o inconsciente? ¿Estarías dispuest@ a modificar tu actitud si te das cuenta de que la ejerciste o la estás ejerciendo? ¿O a intentar modificar la de las personas con las que interactúas sexualmente si están violando de alguna manera tus derechos sexuales?

Las percepciones sobre lo que es o deja de ser coercitivo varían de acuerdo a diferencias sociales, culturales e individuales. Las expectativas culturales sobre el comportamiento sexual según el sexo al que se ha nacido representan una de las formas más comunes y menos cuestionadas de coerción.
Lejos de ser una temática restringida a la sexualidad juvenil, estos temas no resueltos los arrastramos desde el momento de nuestra iniciación sexual hasta la madurez, con el perjuicio de nuestra propia sexualidad y alimentando el círculo vicioso de enseñar prejuicios a las otras generaciones a través de nuestro discurso o nuestro accionar.

La insistencia verbal no es, en general, identificada como forma de coerción, a pesar de que lo es. Es mentira que cierto grado de presión es necesario para mantener relaciones sexuales con un otro. En especial, con una mujer. Si la sociedad tiende a negar el deseo sexual femenino y ver su manifestación como una actitud desviada mientras que el hombre no encuentra demasiados obstáculos para reconocer su propio deseo sexual y ejercerlo, podemos ver claramente una situación de desventaja.

 La creencia de que a la mujer hay que convencerla, de que naturalmente no quiere tener relaciones sexuales pero cederá a la presión de cualquier persona que sí quiera y tenga la elocuencia suficiente para convencerla, justifica las presiones y las conductas agresivas, el “reclamar en el cuerpo del otro lo que a uno le corresponde, supuestamente, desde un rol social”.

Los condicionantes sociales hacen más fácil al hombre pensar una autonomía entre relaciones sexuales y afectividad que tiene su contraparte en la imposibilidad de separación de las relaciones sexuales y el compromiso afectivo en las mujeres. Lo que sí es no sólo necesario sino indispensable para mantener relaciones sexuales con un otro es su consentimiento sincero, no forzado, su deseo real.

La típica frase “cuando las mujeres dicen no quieren decir sí” de la cultura general (o la ignorancia general) esconde un fundamento para evitar reconocer que la insistencia verbal frente a una negativa de otra persona consiste en una forma de coerción. Ni el tono de voz, ni el lenguaje corporal, ni las posibles dudas que la persona afronte en su propio proceso de decisión sobre si tener o no relaciones con alguien más son elementos a usar en su contra para poder “salirme con la mía”.

La creencia de que la negación de una mujer a mantener relaciones sexuales con alguien es parte de un juego, es una competencia que el hombre tiene que ganar siendo insistente, o una prueba para saber si la relación es realmente viable porque uno se entrega al otro, forma parte de una fantasía anclada en la mente colectiva cuyo cumplimiento genera más dolores que placeres. El rechazo no es un consentimiento potencial o condicionado a tal o cual factor propio o ambiental. No es No. 

Muchas personas se inician sexualmente o aceptan encuentros sexuales poniendo en el otro el motivo para tener sexo, o sea, por iniciativa total del otro. Acceden a pesar de no desearlo por miedo a una reacción violenta, al abandono o a la difamación en el grupo de pares o comunidad.

 La reputación de la mujer (si es fácil, si es difícil, si se hace de rogar, si es frígida, si le gusta la pija) se convierte en una variable a tener en cuenta para descrifrar el mensaje: sí o no. La reputación de un hombre (si rebota, si es un ganador, si la pone, si no la pone nunca, si está eternamente en la friend zone) se convierte en una variable para aceptar el mensaje: sí o no. La reputación de una mujer no está en juego. La reputación de un hombre no está en juego. Los derechos de ambos sí lo están.

“No me podés dejar así”, “no calientes la pava si no vas a cebar el mate”, “ es una calientapijas”, “ahora no hay vuelta atrás” y otras formas de expresarse sobre el derecho del otro a decir NO en cualquier momento del acto sexual nos han robado el espacio de disfrute de un abanico de actividades sexuales sin penetración. 
 
La creencias de que el hombre es dueño de una sexualidad casi animal, imparable una vez iniciado el proceso de excitación o de que los hombres tienen más deseo sexual que las mujeres se convierten en intersticios de legitimidad para tomar conductas coercitivas dentro y fuera del acto sexual. Otra vez nos olvidamos que quien excita también está siendo excitado, que en un encuentro sexual hay dos partes en constante movimiento y acuerdo, no una pasiva y otra activa necesariamente.

La amenaza de terminar una relación por no acceder a tener sexo es otra forma de coerción, también conocida como la prueba de amor. La primer prueba amor debería ser dejar de pedir pruebas de amor. Si te ama te va a esperar es otro enunciado que está equivocado. Si sexo y amor son dos cosas distintas, esperar con el corazón podría no ser lo mismo que esperar con el calzón. Nadie tiene por qué esperar a nadie más, pero tampoco nadie tiene por qué presionar a nadie.

El hombre también se encuentra presionado sexualmente hacia la heterosexualidad y a probar su masculinidad coleccionando mujeres como conquistas sexuales. A estar siempre dispuesto a tener relaciones sexuales con quien sea, a no decir no, aunque no lo desee. Ni hablar todavía de la construcción de otras identidades de género distintas de hombre o mujer o de otras orientaciones sexuales si todavía ni siquiera logramos resolver equitativamente nuestras diferencias biológicas más evidentes en la construcción de las identidades tradicionales.

Ya antes habíamos tratado de forma casual y divertida el tema de no tener ganas de tener sexo o de decir no, que aparentemente, ha reemplazado al tabú de tener sexo.


Empiezo a creer que con el acto sexual está pasando lo mismo que con los besos robados. No paro de leer comentarios, tuits e interacciones que sobrevaloran el besar a alguien que puede o no querer ser besado. Creo que lo que se pone en juego es el placer, no del beso en sí o de la interacción consensuada con el otro, sino de “haberte salido con la tuya”, haber ejercido un rol activo en una situación de poder. Poniendo al otro en situación de objeto a tu disposición no disfrutas con él/ella si no a costa de él/ella. En este sentido, hasta un beso robado es una suerte de masturbación del ego sexual y un primer mecanismo de coerción que comienza, silenciosamente, en la boca.

No tod@s queremos besar o ser besados por tod@s, ni queremos besar a tod@s. No siempre vamos a tener ganas de tener sexo, incluso con una persona con la que nos gustaría o con quien habitualmente tenemos sexo. Es hora de madurar y empezar a aceptar que no podemos ser sensuales y deseables sexualmente para todos en todo momento. Lo difícil del no es recuperarse de esa herida en la autoestima que significa un rechazo sexual, herida que la presión internalizada por autolegitimarse en la masculinidad o la femineidad (tradicionales) mediante la expresión de la sexualidad contribuye a no dejar cicatrizar.

Tal vez es tal vez. Es duro darse cuenta de que tal vez esa persona no quiere tener relaciones sexuales contigo. Nunca, o no en ese momento. Nunca, o no de esa manera. Pero debe ser aún más duro darte cuenta de que estás ejerciendo mecanismos de coerción y violando los derechos sexuales del otro solamente para no sentirte mal contigo mismo. O para acatar sin cuestionamientos tu rol social esperado. Debe ser más duro darte cuenta de que estás permitiendo que violen tus derechos sexuales a través de mecanismos de coerción para no sentirte mal contigo mismo. O para acatar sin cuestionamientos tu rol social esperado. Si es que te das cuenta, claro. 

La sexualidad es el intento de alas de la humanidad. Si no se da en libertad, te ata a las peores miserias de la condición humana. No es no, para que sí pueda ser sí. Con todo el cuerpo, la mente y el alma.

Definiciones y categorías de estudio encontradas en el libro VARONES LATINOAMERICANOS Estudios sobre sexualidad y reproducción por Edith Alejandra Pantelides y Elsa López (compiladoras) Editorial Paidós. 2005.