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Privilegio y silencio de los no sobrevivientes

Traducción del artículo de Jennifer Kesler y comentarios propios (en cursiva)

Aún cuando todos podemos estar de acuerdo en que no debería ser un privilegio poder vivir la vida sin sufrir abusos de ningún tipo, lo es y hay trampas del ego que atrapan a quienes han tenido la suerte de no ser nunca abusados o violados.

Una vez que sobrevives al abuso, tienes un conocimiento de la capacidad humana para lastimar de la que otros a tu alrededor carecen.

Es tu deber mantenerlos en su sana ignorancia durante toda su vida aunque pueda costarte parte de la tuya.

Se habla mucho de lo desagradecidas que son algunas personas que se han alejado de sus familias hasta el punto de no hablarse, pero nadie piensa que dados los altos porcentajes de abusos que existen, esa persona puede tener una muy buena razón para haberse alejado. Y no te corregirá aunque estés en un error.

Si eres esa persona que sufrió abuso, aunque intentes explicar por qué es mejor para todos los involucrados que te hayas alejado, nadie se pondrá de tu lado por haber terminado el contacto con tus padres/hermanos/familia/ex.

Y aquí es donde se pone de manifiesto la miseria humana. Porque quienes han tenido la suerte o el privilegio de no haber sufrido nigún tipo de abuso o violación durante su vida son incapaces de mostrar la más mínima empatía para con las personas que sí lo han sufrido.

Si te muestran una situación de un menor abusado en la televisión, lloras. Pero eres incapaz de poner los sentimientos del otro por delante de los tuyos cuando convives a diario con personas que podrían haber sido abusadas o violadas en algún momento de sus vidas y ni siquiera te das cuenta.



Cuando alguien finalmente te lo cuenta, admite haber pasado por una situación de abuso o violación, y es alguien que conoces, hasta puede ser alguien que realmente aprecies, lo único que puedes sentir es ese golpe de adrenalina en el estómago que acompaña el pensamiento de que es pura casualidad que fuera otro el abusado o violado y no tú. Si es que le das el beneficio de la duda y le crees.

O compartes un momento de profunda conexión con el otro, de compresión y aceptación, del que luego te averguenzas y sólo puedes volver a relacionarte con esa persona de manera muy superficial.

Cuando haces algún comentario ignorante sobre una situación de abuso o violación y alguien te corrige compartiéndote una historia de su experiencia personal, tu primer instinto es seguir presionando hasta que te den la razón,

Aquellos de nosotros que sufrimos algún tipo de maltrato, abuso o violación no nos quedamos callados porque tenemos verguenza sino porque sabemos lo que nos espera si lo contamos. Sabemos que tienes un derecho culturalmente adquirido a permanecer ignorante. A no saber, a no pensar, a no responsabilizarte, a no preocuparte. Y a no contribuir tu granito de arena para que el abuso y la violación terminen o para que los sobrevivientes de abusos y violaciones puedan sentirse más aceptados en la conviencia diaria.

Pero eres responsable, aunque no quieras serlo. Si eliges no darte cuenta de que estadísticamente un porcentaje importante de las personas que conoces y con las que tratas a diario pueden haber experimentado o estar experimentado maltrato, abuso o violación físico, emocional o sexual, estás ayudando a los abusadores a seguir trabajando desde las sombras. Porque mientras sigas pensando que es un problema de otros y que no involucra a nadie que te importe, el problema sigue ahí escondido.

El otro día encontré comentarios en un foro desacreditando los resultados de un estudio sobre estadísticas de violación. "Si este estudio es real", decía uno de los comentarios, "un cuarto de las mujeres que conozco debe haber sido violada y eso no es verdad". ¿Cómo puede alguien pensar que porque ninguna de las mujeres que conoce le ha dicho abiertamente "Ah, para tu información, fui violada antes" es que no lo han sido? La respuesta es que no puede. Está intentando por todos los medios permanecer ignorante y no darse cuenta de que tuvo la suerte o el privilegio de no haber sufrido abuso. Está siendo injusto y extendiendo la injusticia al perpetuar el silencio.

Mientras tu derecho a la ignorancia te siga pareciendo más precioso que el derecho de los demás a no atravesar un infierno, te estás poniendo del lado del abusador.

El hecho de que tu ignorancia sea un privilegio que tienes asegurado a través de una cultura que dicta que las víctimas de abuso deben mentir antes que decirle a la "gente bien" una verdad incómoda no habla bien de dicha cultura.
La cultura en la que vivimos es una cultura abusiva o una cultura del abuso. Creemos en el derecho de una minoría que no necesita trabajar para vivir a gobernar sobre la mayoría que sí trabaja porque necesita trabajar. Nos convencemos de que es natural que ciertas personas nos gobiernen, definidas por rasgos tan superficiales como lo son el género, la orientación sexual y el color de la piel, en vez de rasgos verdaderamente importantes como capacidad y buen juicio. Nos convencemos de que la señora de la limpieza que trabaja en dos o más casas para llegar a fin de mes no puede tener en alguna parte de su cerebro archivada la cura para el cáncer y que su poca educación y participación social no representa pérdida alguna para nuestra cultura.

Es todo parte de lo mismo. Desde el momento en que decides que es correcto que algunas personas carguen con el doble o triple de carga para que otros puedan seguir en su feliz ignorancia, estás colaborando con la cultura del abuso y estás participando activamente. Y si ése es el caso, lo único que te pido es que renuncies a tu privilegio y seas consciente de la decisión que has tomado y de que estás del lado del abusador.

La ignorancia, aunque parezca felicidad, no lo es. Y crea la ilusión de que hay "gente bien" que tiene derecho a pensar o decir que estaban tratando de tener una cena civilizada hasta que vino otra persona a decir algo como eso (a hablar de su experiencia de abuso) cuando lo único que estábamos comentando es cuán grandiosa es la persona que la abusó y cuánto nos gustaría que lo eligieran dios. La ignorancia es el martillo en la mano del opresor.

Aunque todo esto parezca venir de una mala persona, estas son cosas que no se dicen y que tienen que empezar a decirse.