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Cajones

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martes

Situación sentimental: Nublad@

Bastante se ha dicho sobre cómo el clima afecta el ánimo individual y hasta el ánimo sexual compartido.

La humedad en el ambiente tiende a recordarnos las humedades más íntimas y a ponernos en un estado de alerta sexual.

Un día de sol compite con la luminosidad privada de nuestros orgasmos más inesperados y más irrepetibles.

El viento nos reaviva las ganas de ser libres, más aún sabiendo que nunca llegaremos a serlo tan plenamente como ese aire sin origen ni destino que nos sacude un poquito las ideas y otro poquito, la libido.

El día de lluvia altera el ánimo sexual global de forma predeterminada social y culturamente.
Es la excusa predilecta de quienes necesitan excusas para tener sexo. Es la frecuencia perfecta de quien todavía busca la perfección de la frecuencia sexual, ya que no llueve todos los días y siempre que llovió, (se) paró.

Bastante se ha dicho, pero tal vez, no lo suficiente sobre cómo el sol que acaricia la piel nos parece la mano de un amante inolvidable; sobre cómo la humedad que nos rodea nos trae el recuerdo no visual de habernos derretido hasta convertirnos en fluidos; sobre cómo el viento nos despeina revelando nuestro ser íntimo al mundo en el que sólo conviven seres adecuadamente peinables y peinados; sobre cómo la lluvia se ríe de nuestras acabadas más humedas que nunca llegarán a ser más que algunas de sus gotas. Sobre cómo vivimos con la mente, el espíritu y el cuerpo nublado por tantas interferencias distintas de las que ningún paraguas, bufanda o piloto podrían protegernos jamás.

¿Por qué dejamos que el clima altere nuestro ánimo individual y hasta nuestro ánimo sexual compartido?

¿Será que a veces dejarnos influenciar por el medio es un descanso de tanta lucha por ser nosotr@s mism@s?

¿Será que algo en nuestro espíritu recuerda cuando formaba parte del todo y el deseo sexual no es más que la melancolía de ser parte de nada?

¿Será que el clima es una suerte de estado de ánimo de la naturaleza y el deseo sexual es una suerte de estado de ánimo de la cultura?

Hoy no hay humedad, no hay un sol brillante que oscurezca el recuerdo de nuestros orgasmos menos luminosos, no hay viento que cuestione nuestra falta de libertad personal y sexual, no hay lluvia que nos obligue a una cucharita socialmente aceptable y aceptada como recurso para no cuestionarnos nuestra propia frecuencia sexual.

Hoy está nublado.
Nublado como cuando la noche intenta adelantarse y le roba, sombra a sombra, un poquito de luz al día.
Hoy es nublado.
Nublado como cuando me quedo ciega de placer con los ojos abiertos, viendo sin ver.

Hoy estoy nublada.
Nublada como cuando el vapor del deseo empaña el lente de la realidad y la separación entre fantasía incumplida y cumplida desaparece.
Hoy es nublada. 
Mi vagina, como una nube, se debate entre querer ser lluvia y querer despejarse para dejar salir el sol.