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Más sobre acoso (sexual o de género) callejero (Traducción)

Traducción de fragmentos relevantes del artículo de Soraya Chemaly para Huffington Post Septiembre/Noviembre de 2013 Street Harassment: Is a Man Running Over a 14-Year Old Girl for Refusing Sex Serious Enough? En  No soy una chica cosmo por Irene Abreu para Tantras Urbanos

Yo, otra vez, ya es tiempo de otro artículo al mejor estilo TOMEN EL ACOSO CALLEJERO EN SERIO, POR FAVOR.

Recibir una oferta para tener sexo con un desconocido en plena calle, según muchos de los comentarios recibidos en artículos sobre el tema, es una especie de cumplido, es parte de salir a la calle, aprender a relacionarse y experimentar las diferencias en las relaciones entre hombre y mujer, sino el resultado directo de vestirse como una prostituta. 

Si la mujer dice no, ¿qué interpretamos desde nuestra percepción normativamente machista que constituye una amenaza? ¿La oferta, la no aceptación de un no como respuesta, las acciones que se dirijan después a modificar ese no a toda costa?

El caso citado en este artículo corresponde a una situación de acoso callejero llevada al extremo.

Y estarás pensando, ese hombre simplemente estaba loco, esta situación de violencia (de género) particular no tiene nada que ver con el acoso callejero, no puedes relacionarlo. Pero, ¡sí, puedo!

Ese hombre se detuvo a hablar con una mujer que desconocía, sin saber ni importarle si ella estaba interesada en hablar con él, le dijo lo que pensaba de ella y le pidió lo que quería que hiciera.
Claramente, él pensó que esto estaba bien, o no lo habría hecho en primer lugar. Eso no es locura, eso es derecho adquirido. Es el mismo principio que aplican hombres que se sienten con derecho a decirte que sonrías, a ofrecerte llevarte en su coche o a solicitarte sexo oral. Y eso sin empezar a hablar del manoseo o apoyo en público que puede ser simultáneo, anterior o posterior al intercambio de palabras.

Bueno, pero nada de esto es algo tan grave, me comentan. Excepto que este hombre se animó a ir más allá, como suele ser el caso. Cuando ella dijo NO, él simplemente la agarró. Cruzó una línea que necesita seriamente volver a ser dibujada. "Agarrar" a alguien no debería ser la "línea roja" que delimite las normas de civilidad y el acceso seguro al espacio público.

El hecho de que la mujer pueda operar de forma libre e independiente en los espacios públicos es un avance histórico relativamente reciente, producto de cambios en el orden social.
Escuchamos casos similares constantemente. Y los que no escuchamos deben de ser muchos más.Y no olvidemos que somos un gran mundo feliz y que esta dinámica de relación es recurrente en distintas partes y en distinto grado. Si este hecho hubiera pasado en India, los comentarios hubieran sido ¡Qué horrible lugar es ése para ser mujer! Y lo es. Pero no pasó en la India y aún así nos sentimos más inclinados a pensar que ese hombre es un lunático a pensar que es peligroso aunque no esté mentalmente desequilibrado, que simplemente se siente con el mismo derecho que otros millones de hombres que abusan de niñ@s, adolescentes, mujeres y diversos (otros) cada día.

 Para mujer, niñ@s, adolescentes y miembros de la comunidad LGTB, agregando raza y clase social a esta ecuación, el riesgo de sufrir abuso es muy superior al que perciben los hombres heterosexuales que generalmente participan en este tipo de comentarios. Pareciera que el tema del acoso callejero tiene sentido nada más si estás dentro del campo del feminismo extremista.

Cuando alguien te para en la calle para expresarte una opinión, porque ¡lindo trasero! es sencillamente eso, una opinión (no solicitada), dispara toda clase de preguntas sobre posibles desarrollos de la situación: ¿Estoy en peligro? Por su forma de vestir y actitud no pareciera que podría llevar un arma. ¿Cómo reacciono? ¿Si me voy, me seguirá? ¿Debo permitir que se salga con la suya, compartirme ese comentario insultante sin ningún tipo de repuesta por mi parte?
Muchas personas pasan por este proceso de pensamiento-acción varias veces a la semana o al día. Si eres un hombre y recibes este tipo de opinión sobre tu cuerpo, nadie te preguntará qué llevabas puesto. Es más común que los hombres reciban "opiniones" sobre sus ideas políticas antes que sobre su cuerpo, su estado de ánimo o su forma de vestir.

Mientras que el acoso público motivado por racismo, homofobia, transfobia o clasismo (una forma deplorable de acoso de los que el hombre puede ser víctima y muchas veces perpretados por mujeres) es reconocido como una conducta socialmente inaceptable, el acoso callejero del hombre hacia la mujer motivados por desigualdad de género y machismo aún no lo es. En realidad, como toda forma de acoso, es intimidación motivada por una situación de poder y falta de respeto. 

No consideramos, además, las experiencias de las personas discapacitadas. Por ejemplo, las mujeres en silla de ruedas tienen que prestar atención para no toparse con hombres que les apoyan los genitales en la cara. Una arquitectura de la agresión convierte a las mujeres con discapacidad aún más vulnerables al acoso callejero y la posterior violencia potencial. Y ante estos casos el comentario machista es que tendrían que estar agradecidas de recibir algún tipo de atención en su condición.

Los asaltos sexuales, que pueden comenzar con distintos tipos de acoso callejero "inofensivo" (piropos, tacto no solicitado) deben ser entendidos como crímenes de odio. Pero sólo cuando se comete uno de estos crímenes nos vemos como sociedad obligados a reconocer el odio y la cultura del machismo que los han alimentado. Pero todavía no aceptamos el hecho de que un hombre le grite a una mujer, la siga, le proponga cosas y ante la negativa, se sienta con derecho a tocarla, lastimarla o matarla es un crimen de odio de género. Seguimos inventando excusas.

Muchos casos de acoso callejero escalan hasta convertirse en formas de violencia mayor. Es hora de entender que el acoso callejero es inaceptable en todas sus formas. ¿Por qué enfocarse en los casos extremos? Porque son el resultado de la misoginia cotidiana.

Mientras que los movimientos anti-acoso callejero están poniendo su granito de arena para crear consciencia y comprensión sobre las dinámicas de poder encubiertas, informar sobre el problema no logra llegar hasta la raíz del mismo. Este no es un tema para criminología, es una tema sobre cultura. Tenemos problemas estructurales de masculinidad tóxica y violencia de géneros. El acoso callejero no está aislado de estos problemas y no se trata de casos esporádicos de hombres degenerados.

Si tu forma de seducir o coquetear provoca repulsión y rechazo en la persona que intentas seducir o con quien intentas coquetear, tienes que parar y encontrar nuevas formas de hacerlo. Sólo porque los intercambios no deseados de hombres hacia mujeres han sido normalizados socialmente, eso no quiere decir que estén bien.