Blog de pensamientos, ejercicios de escritura y opiniones en más de 140 caracteres. No contiene imágenes explícitas (ver blog de imágenes), pero sí temas para ¿adultos? (18+): sexualidades, estereotipos, géneros, sexo, amor, relaciones, libertades, responsabilidades, erotismo. Si algo de esto va en contra de sus creencias, experiencias, pensamientos u opiniones personales, las de su religión, gobierno o sus padres, continúa leyendo bajo su propia responsabilidad o la suya.

Cajones

CRÍTICA SOCIAL Y AUTOREFLEXIÓN, GÉNEROS Y ANTIGÉNEROS, DERECHOS Y RESPONSABILIDADES, ELECCIONES DE VIDA, AMORES Y POLVOS, VIRGINIDADES Y EXPERIENCIAS, SENSACIONES Y SENTIMIENTOS, SATISFACCIONES E INSATISFACCIONES, ESTEREOTIPOS, ROLES, EROTISMO, TWITTERATURA, EVOLUCIONES, INVOLUCIONES Y REVOLUCIONES.

domingo

@Conlaorejaroja

Según las creencias populares en distintas partes del mundo cuando se pone la oreja roja, es porque están hablando bien o mal de un@, o como mínimo que están hablando demasiado sobre un@, quizá desde la envidia, el chisme o simplemente el desacuerdo. Es común que cuando hablas así de alguien, se diga que le estás poniendo la oreja de ese color.


Con la Oreja Roja, además de un mito cultural, es el nombre de un medio independiente de opinión que habla de múltiples temas desde una perspectiva crítica, satírica y/o humorosa.


Y eso es justo lo que este personaje viene desarrollando (o pelvicando): una perspectiva crítica, satírica y/o humorosa propia en relación a temas de sexualidades, sexo, géneros, erotismo y pornografía, responsabilidad sexual, relaciones y formas de expresar todo lo anterior (más o menos literarias/artísticas). 


En Twitter tuve mis buenas dosis de oreja roja:


En 2010 tuve la oreja roja por elegir mostrar las piernas en vez del escote o el trasero y porque me percibían hombre, por la sensación de que mi sexo de nacimiento no se correspondía con la forma socialmente esperable de pensar de una mujer. También por no explicar los tuits, por no aceptar correcciones, por escribir <<coger con j>> y por no aceptar hashtags ajenos (ni siquiera el de #sarcasmo que much@s parecían necesitar para no enojarse o para enojarse en otro sentido).


En 2011 tuve la oreja roja por mi forma de interactuar, y ese año se dieron grandes batallas tuiteras con cuentas hoy reconocidas, los blocks permanentes, la mayor cantidad de copia, copia y pega e imitación, la tensión por el tuiteo mayormente en el #turnonoche y los efectos diurnos de esos mensajes, la creación del microblog de Tumblr y el blog de Blogger; aunque también el gran crecimiento de la base de seguidores que identifico cariñosamente como mis pélvic@s. Esta cosmovisión sexual se fue haciendo eco (en forma de RTs tradicionales, automáticos y otros tantos mal atribuidos pero igual de eficaces en la transmisión de mi mensaje).


En 2012 tuve la oreja roja por dejar el abrigo de la oscuridad nocturna y repartir tuits sin consideración de sol, luna, nubes o estrellas (las del cielo y las tuiteriles por igual) y las primeras publicaciones en más de 140 caracteres, propias como de temáticas medio-tuiteadas. También fue el año en que más jugamos con las letras, con distintos hashtags, con las bios, con la posibilidad del erotismo escrito. Pero además, fue el año en que el #FF dejó de ser una iniciativa tuitera para convertirse en un negocio y fui retirada (bloqueada) de los primeros 50 en mi país para dar visibilidad a las celebridades de siempre; en que todo el mundo que no estaba en Twitter entró a Twitter, en que proliferaron las cuentas autenticadas, las empresas y las dinámicas promocionadas en detrimento del espacio de expresión de l@s tuiter@s.


En 2013, después de unas vacaciones virtuales que much@s (y hasta yo misma) supusieron definitivas, resurgí de mis cenizas, no como un ave fénix, sino como ese ex que reclama de tu cuerpo los últimos placeres que no pudo arrancarle cuando todavía estaban juntos. Y tuve la oreja roja por haber vuelto distinta (yo no era la misma de 2010, intuyo que ningun@ de nosotr@s lo éramos, pero es más fácil ver los estragos de la autocrítica y el paso del tiempo en los demás); incluso hubo teorías de que había vendido o regalado la cuenta. También tuve la oreja roja por ya no tuitear 24/7 como al principio y por el exceso de imágenes, que pasaron del erotismo a la pornografía, en un proceso poco usual en mí de permitir que lo excitante me entre por los ojos del cuerpo en vez de los del alma.


Este 2014 tuve la oreja roja por darle rienda suelta a lo que hay de femenino en mí (¡Sorpresa, sorpresa!) despertando mi propia versión de alpha female en Tantras Urbanos, por seguir sosteniendo mis percepciones del mundo y mis opiniones en muchos aspectos intactas durante tanto tiempo, por agregar escribidora, escribiente, escribiendo y otros (nunca escritora) a la bio, tan criticada que inventé una palabra que me quedara: escriturra; por hacer más regular aquello de salirse del tuit (los 140 caracteres) en entradas semanales al blog. Fue el año en que mi cuenta de Tumblr fue cerrada injustamente, lo que dio lugar a una desconfianza hacia el sitio casi tan profunda como la decepción, pero también dio lugar a mi nuevo blog de imágenes, que espero con el tiempo llegue a ser tan exuberante como el anterior.

Sigo y seguiré teniendo la oreja roja por el mantenimiento del anonimato, por no compartir la imagen de la persona, por escurrirme una y otra vez de las etiquetas.


Si bien el nombre hace referencia a cómo se nos pone la oreja cuando alguien habla de nosotros, lo que pretende este medio independiente es estar al pendiente de las diversas situaciones de la vida que requieren una voz más que se queje, critique, se comprometa y se ría.


Y justamente, yo tengo una de ésas. 

Una voz que se queja, critica, compromete y se compromete, se ríe de todo, de tod@s, y hasta de sí misma.

Una voz que todavía no llegó a ser grito orgásmico pero quizá ya sea una suerte de gemido conjunto de quienes comparten virtualmente conmigo este intento de vuelo abriendo y cerrando las piernas a falta de alas. 


Su lema: Aquí hablamos de todo, con todos. Somos una nueva forma de opinar la vida. Su hashtag: #Yoopino Su director: @ianschnaida


Me sumo a su intención de ofrecerle a la sociedad un medio diferente, que promulgue el cuestionamiento de la vida. 


En mi caso, de la vida sexual, como parte de esa vida, y de todo lo que hay de "sexoso" que no es percibido como tal en la misma.


Y ya veremos qué motivos encuentra el 2015 para ponerme @Conlaorejaroja


martes

Amigarch@, chongo y minitah

Me gusta y siempre me gustó el término amigarch@ porque me pareció mucho más neutral que chongo y minitah. 

Estos últimos parecieran querer atar este tipo de acuerdo sexual a un género específico y a una orientación sexual específica, es decir, suenan bastante heterosexuales (una persona diversa generalmente no pone el acento en el género del amigarch@, que además puede ser otro distinto de la dicotomía esperada por la norma chongo-minitah). 

El término, que intenta ser tan liberal, se carga inevitablemente con datos de la historia de género: era muy común que el hombre casado tuviera minitahs (por aquello de la que mujer siempre se enamora y el hombre es el único que puede tener sexo sin enamorarse, pero también por aquello de que la única forma de sacarse a una mujer de encima después de tener sexo con ella era tener la excusa de volver al hogar con la minitah oficial); la aparición de la nueva palabra surge con la "nueva" situación de que un hombre pueda encontrarse en el mismo lugar de una minitah.

Para una forma específica de ser hombre con la que ya estamos culturamente familiarizados y socialmente entrenados a identificar a todos los sujetos que vienen con este envase, toda mujer es minitah. No hay satisfacción en el reconocimiento de tener que o querer relacionarse con minitahs, porque es lo esperado y esperable. Minitah simplemente reemplaza el concepto mujer, que viene a identificar a todos los sujetos que vienen con este envase, con la forma específica con la que ya estamos culturamente familiarizados y socialmente entrenados. 

Chongo, como forma más o menos cariñosa de hablar del pene,  tiene que ver con aquello de querer utilizar al hombre, como el hombre utilizó a la mujer durante siglos, órganos sexuales mediante. Este tipo de rebelión vengativa en realidad es una reproducción de las mismas desigualdades pero en otro sentido. De esta manera, activamos un feminismo extremo, desdibujamos el acto sexual en el que no solamente incluimos el cuerpo y usamos los genitales, eliminamos el componente hombre o lo reducimos a una de sus partes. Quizá se sienta hasta una leve satisfacción al decirlo, una mentirosa revolución propia, un "yo también puedo usarte como tú a mí", porque escucho esa palabra con cierta constancia. Chongo, chongo, chongo, casi como una previa personal antes del contacto con el mismo.

Chongo y minitah sirven incluso para denominar no el tipo de relación, sino a una persona específica (como si esa persona no pudiera tener otro tipo de relación aunque quisiera): este tipo es un chongo, esta tipa es una minitah. Sigue la lógica detrás del lenguaje que pone el peso de la prostitución en uno de los integrantes de la relación/acuerdo sexual de pagar y aceptar dinero por sexo: la puta.

Si a esto le agregamos el uso del posesivo una vez que la relación ha prosperado en el tiempo (mi chongo, mi minitah), además damos por sentado que esa persona deja de ser sexualmente libre para compartir con otr@s, además de evitar, al menos discursivamente, comprometernos en otro tipo de relación no sexual. Cuando, otra vez, la base de este tipo de relación es que cada un@ se acuesta con quien lo desee, no hay exclusividad, ni número límite de amigarch@s que se puedan sostener en el tiempo, más que aquellos que impongan las propias piernas (o las ajenas).

Mi amigarch@ suena, en contraposición, más cercano a la realidad de una forma de relacionarse que justamente involucra la falta de ataduras emocionales, sociales, culturales y hasta económicas alrededor de las relaciones sexuales. 

Y un@ amigarch@ suena todavía mucho mejor, refieriendo que no es tuy@ ni mí@ sino suy@, y que además sabemos que más de una persona podría estar queriendo adosar ese MI antes de denominarle.

Para Ud., ¿amigarch@, chongo, minitah o ninguna de las anteriores?


domingo

El piropo y yo

A veces la mejor manera de hacer entender es contar la propia historia. La de la persona, porque los personajes tienen el privilegio de construir las condiciones de convivencia, que las personas, que llegan a un mundo que les precede y que ya tiene sus propias reglas, y hasta le tiene ya reservado un lugar: de privilegio de o falta de privilegio, según se haya nacido a un género o a otro, a una clase social o a otra, a una región o a otra, etc., no tienen.

Contar nuestras historias es dejar de poner el acento en los hombres que defienden su derecho a tratar a cada cuerpo de mujer individual de la misma forma porque el cuerpo social/colectivo mujer les parece inferior y pasible de ser utilizado a su antojo. Estoy segura de que cada mujer tiene su propia historia con el piropo o el abuso callejero en primer grado, o quizá, lamentablemente, también tengan otras historias que vayan mucho más lejos. Si tienen ganas, déjenme sus experiencias en comentarios. Hagamos visible esta problemática desde otro lugar distinto de la queja.

La primera vez que me pasó tendría seis o siete años. Estaba patinando a la tardecita en una plaza, acompañada de mis padres y hermanas. Llevaba puesto un short de jean y una remera rosa. Recibí un silbido que me hizo parar en seco como si fuera un perrito entrenado, y una vez que me paré, el piropo. No recuerdo ni siquiera qué palabra fue, pero la forma de decirla me tocó como una espada, era para mí, no había manera de eludirla, su significado pesó en el aire más que la palabra cuya forma escapaba a mi comprensión más temprana, di un par de vueltas más, sintiéndome observada, y pedí volver a casa. No volví a patinar a esa plaza por un tiempo largo. 

La segunda vez que me pasó algo así tendría once o doce años. Estaba caminando de vuelta a casa después de la escuela, y justo me había despedido del grupo de compañeras con las que compartíamos el trayecto, pero aún estaban withing hearing distance. Llevaba uniforme escolar y el pelo suelto. Si no recuerdo mal, había viento. Pasó una camioneta con cuatro hombres, dos en la cabina y dos viajaban atrás, al aire libre. Uno de estos dos se paró y me gritó algo que esta vez sí pude entender bien a nivel palabra, aunque pasarían años antes de poder comprenderlo a nivel experiencia. TE CHUPARÍA LA CONCHA HASTA PEINARTE PARA ADENTRO. Automáticamente me quedé atornillada en el suelo, le miré a los ojos, mientras se reía y seguía diciendo no sé qué, parado en el automóvil en movimiento, triunfal. Una oleada de verguenza me llovió como un balde de agua fría. No sabía por qué pero me sentía culpable de ese exabrupto, como si yo lo hubiera provocado sin darme cuenta. Las miradas de las personas alrededor se centraron en mí, no en el hombre que se había expresado tan apasionadamente y tan inoportunamente. Ahí me di cuenta de que ese era el comienzo del trato como mujer, el que tendría que seguir soportando toda mi vida.

Durante años padecí la exposición a este tipo de conducta, de mirada, que pareciera reclamar tu cuerpo y tu sexualidad para sí por derecho propio. Lo padecí como lo padece cualquiera que haya nacido en envase de mujer, aunque no se identifique a sí mism@ como una.

Ya no recuerdo claramente los años o las épocas, pero sí algunas situaciones difíciles de olvidar. Fui objeto de este tipo de trato en situaciones públicas, más que sujeto de derechos. Insisto, soy una persona muy pajera, miro a hombres, mujeres y otros, no se salva nadie, pero no me expreso de manera que viole el espacio personal o los derechos de otras personas. Y sí, alguna vez también se me escapó una "mirada de hombre", pero la discontinué, o pedí disculpas, acepté el no como respuesta, que es lo mínimo que se puede hacer civilizada en estas situaciones. No se trata de no excitarse, se trata de no hacer partícipe al otro de lo que nos puede despertar, porque las fantasías son algo ÍNTIMO y PERSONAL.

Una vez al salir de un local bailable a eso de las nueve de la mañana y recorrer el camino de siempre de vuelta a casa, no sin pasar por el diario y las croissants, peaje emocional de poder salir hasta la hora que se me cantara, me acompañó todo el trayecto un hombre con la bragueta abierta y el pene visiblemente afuera. Cada tanto se cruzaba cerca, intentaba tocarme o me dirigía alguna barbaridad a viva voz. Lo ignoré, lo fui esquivando, negándome a su tacto, y tuve suerte de que la estrategia funcionó, llegué "a salvo" sin mayor falta de respeto que la de tener que haber visto un pene que no estaba interesada en ver.

En otra oportunidad, igual que esta, me acompañó un hombre totalmente vestido, pero que me seguía a una cuadra de distancia. Intenté cambiar el camino varias veces, parecía perderlo, pero volvía a aparecer de la nada. No decía nada, su mirada parecía contener más odio que excitación. Casi llegando, temía tener que enfrentarlo para poder entrar a mi casa. Sopesé la posibilidad de acercarme sola y preguntarle qué quería, pero nunca aparecía nadie en la calle como para tener algún testigo en caso de que intentara agredirme. Finalmente, apareció un grupo de vecinos que tenía de vista, me paré a hablar con ell@s, les conté la situación y les pedí que me acompañaran a mi casa. Así lo hicieron y nunca más le vi, pero por un tiempo, ya no volví sola a casa por ese camino.

Varios años la postura de responder al piropo con frases ingeniosas (que Uds. saben que no me faltan) o resaltando alguna cualidad específica del piropeador (como él o ellos hacían conmigo) me funcionó, pero últimamente esta falta de aceptación del rol pasivo impuesto parece redoblar la violencia del intento de posesión virtual pública.

Otra vez me encontré a un hombre con el que solíamos viajar a la misma hora en el mismo medio de transporte. Siempre me miraba amablemente, sonriente, no lo percibí como una amenaza y una vez se acercó y me dijo algo sobre que tenía linda mirada. De acuerdo a mi personalidad, mis creencias y mi forma de concebirme libre igual que él de decir lo que piensa, le devolví el piropo diciéndole a su vez algo lindo sobre su mirada. Esta persona aprovechó otro día que viajamos juntos, a una hora en que viajaba menos gente, para seguirme al trabajo y esperarme durante horas en la puerta. Al salir ya era de noche, y él seguía ahí. Fue difícil explicarle por qué su actitud no era sexy sino scary, stalker like. Por suerte comprendió y no volvimos a vernos, ni siquiera a viajar juntos, lo que me dejó pensando si realmente viajábamos juntos por casualidad, o si también me seguía en el medio de transporte, intentando iniciar un contacto.

El último piropo fue hace unas semanas, este mismo año. Iba caminando por una calle poco transitada no muy lejos del hogar y un hombre que parecía estar realizando trabajos de construcción en una casa del barrio, con la puerta abierta y medio adentro, medio afuera, se expresó sobre mi forma de caminar y mi estado de belleza en general. Sin dejar de caminar, me di vuelta y le respondí que no le había pedido opinión. Me respondió que era una ATREVIDA, se paró y salió a la calle con tres hombres más. Juntos me persiguieron una cuadra, y se quedaron gritándome otra cuadra más, mientras llegaba a otra calle más transitada.

Y vamos, no soy ni fui una persona llamativa, ni que se vista, como muchas me han confesado en este debate sobre el acoso callejero, para que las miren o para que les digan "cosas lindas". La lógica detrás del piropo es la misma que está detrás de la coerción sexual, de la violación, de la trata de mujeres y niñ@s (porque, nótese en el relato, no miden ni paran ante la minoría de edad). "Estás ahí fuera para que yo haga contigo lo que quiera". 

Quizá cada hombre que te dice un piropo se cree un príncipe azul, una experiencia única en tu vida. Sin embargo, termina siendo un triste insulto más a tu integridad como persona y a tu libertad en tu propia y única historia con el piropo.


martes

Caminando como mujer

Caminar como mujer es distinto de caminar como otros. La cuestión del uso del espacio público por parte de quien ha nacido en envase femenino sigue siendo problemática... como hace cien años. En una realidad en la que el discurso sobre derechos de la mujer se ha hecho tan popular, y ciertas cuestiones mínimas de seguridad, trato con el otro, independencia económica, derecho al voto y expresión se dan casi por sentado, siguen impresionando las dificultades en la efectivización de los mismos hasta para... caminar tranquila.


El video muestra 10 horas de caminata silenciosa a través de distintas áreas de Manhattan, usando jeans y una remera.



 ¿Cómo te está yendo hoy? Sonríe. Parece que no muy bien. Sonríe. (4 hombres sentados en la calle).


¿Cómo estás hermosa? Que tengas un buen día.


¿Qué pasa, chica? ¿Cómo te va?


Alguien te está reconociendo por ser bella, deberías decir GRACIAS más seguido.


¿En serio? (pregunta ante la falta de respuesta)


Que dios te bendiga, mami (más cerca de lo permitido por el espacio personal, mirándole el culo)


¡Demonios! (Insiste, siempre mirándola de atrás, nunca a la cara)


Hola bebé.


Hola hermosa.


¿Cómo estás esta mañana?


Que tengas una buena tarde.


¡Lindo!


¡Demonios! ¡Demonios!


Hola hermosa.


Sexy águila americana (le lee el logo que aparece en la parte de atrás del jean)


Hola, buen día. Dios te bendiga, que tengas buen día, ¿sí? (El mismo hombre camina cinco minutos a su lado).


¡Demonios!


¿Cómo estás?


¿Dulzura?


Mirá. Acabo de ver unos cuantos cientos de dólares (¿una propuesta de sexo por dinero?)


¡Demonios bebé! (La sigue) ¿No quieres hablar? ¿Porque soy feo? Eh? ¿No podemos ser amigos o algo? ¿No me hablas? ¿Si te doy mi número, me hablarías? ¿Demasiado feo para ti? (Hay dos hombres más alrededor, nadie hace o dice nada, pero la miran)


¿Qué pasa, señorita?


¿Cómo te va?


Que tengas una buena tarde, querida.


Más de 100 instancias de acoso callejero tuvieron lugar en 10 horas. Involucrando personas de distintos contextos. Y sin contar miradas, silbidos, guiños, etc.













Caminar como mujer tiene que ser igual que caminar como hombre, como niña, niño, adolescente, como otro. Hasta que no lo sea, no estaremos transitando el camino de la igualdad de géneros.

domingo

Propuesta menstrual

No sé porqué a la menstruación le dicen “la regla” si no mide 30 cm ni es prolijita ni sirve para medir nada.

PONGÁMOSLE OTRO NOMBRE A LA MENSTRUACIÓN… o llamémosla por su nombre.


Para no usar éste que es tan largo y clínico… ni otros menos largos y clínicos, pero con mayor carga simbólica, con mayor cantidad de sentidos sobre lo que es ser mujer involucrados.


Ni regla que suena a “ordenar” la sexualidad femenina alrededor de su capacidad de concebir…


Ni “Andrés”, arruinando para siempre un nombre bonito para los hombres… y sugiriendo que todo lo femenino tiene que ser nombrado o catalogado desde lo masculino, por oposición, como subalterno, etc.


Ni "indisposición": durante años no sentí dolores, ni tuve inchazones. Pareciera que pasarla mal durante estos días es casi una obligación moral con el resto del género femenino que una realidad de cada una de las mujeres que menstrúa. 


Ni "tía Flo" por traducción de "Aunt Flow", como si ya estuviéramos hablando de la tía solterona, castigando de una sola denominación la biología y la elección social de la mujer.


Ni "marea roja" que no estamos eligiendo título para una película de terror.


Ni "período", aludiendo a que tenemos malos momentos, como si fueran instrínsecos de la persona, y además en contraposición genérica con el hombre, que no tiene "períodos" de ningún tipo, siempre es él mismo.


Ni ninguna de todas esas boludeces que nos animaron a llamarle. Lo malo de que nos enseñen boludeces cuando somos niñ@s y adolescentes (y de que las aprendamos) es que las seguimos reproduciendo en nuestro trato con niñ@s y adolescentes cuando el tiempo nos vuelve adult@s.


Vos, que venís en cuerpo de mujer, hoy, ¿cómo le llamarías? ¿Cómo le enseñarías a otras mujeres niñ@s y adolescentes a llamarla y a sentirse respecto a ella?


Dejen sus comentarios debajo, liberemos nuestra sexualidad paso a paso y palabra a palabra. 


Como cuando @trampbutterfly logró que dejáramos de confundir la vulva con la vagina, dejemos de confundir nuestro período con objetos de la escuela o personas.


Esta pelvis comentó: 


"Lo bueno es hoy poder hablar de esto públicamente, sin miedos, que la menstruación fue parte del tabú de la sexualidad femenina mucho tiempo".


"Eso que tienen las reglas, de ser normales, comunes, de imponer una normativa, de marcar un afuera".


"¿Por qué la sexualidad de las mujeres tiene REGLAS ineludibles y la de los hombres no?"


"¿Y no hay regla para los hombres, cuando les llega la primera polución? Mmm…"


"¿Y si Andrés viene más de dos veces al mes,ya eres una puta? Je, je."


"¿Y las mujeres que son irregulares quedan fuera de la regla? Tantos estigmas sobre el cuerpo de la mujer…"


Mis pélvic@s comentaron: 


"La soledad que vivo es una analogía de tu regla".


"Un dato curioso: en Cuba muchas mujeres se llaman “Regla” Por la virgen de la Regla… La patrona de Cuba."


"Pues lamentablemente para esta sociedad lo normal y común es la regla, sino estas desfasado,”la regla” no te deja ser: anula al ser".


"Yo lo llamaría, te llego ese periodo del mes en el cual te consiento mas y me hace muy feliz decirte que tu sangre no me da asco".


"Es porque reglamentariamente llega cada mes… O al menos esa es “la regla” normal y común."


!Bueno algunas mujeres no son exactas en su menstruación… así que tal vez ni para medir eso sirva".


"Yo siempre le digo día 28".


"El tributo que se paga mensualmente por la alegría de la no fecundación".


"La regla tiene 30 cm como los dias , quizas se refieren a la exactitud con que llega".


"quizás es porq es como una regla, como una norma, ineludible".


"sera que por regla todas las mujeres la debemos tener! Y cuando no…chin!"

 

"si sirve para medir, antiguamente era la medida mensual en algunas culturas…"


"le dicen “El Andrés” como si a él fue al primero que le llegó jajajaj"


"Exacto! Somos únicas, particulares, individualmente impredescibles. Es absurdo que nos “etiqueten” con una “regla”


"y las mujeres de verdad no tenemos nada de común, al contrario nos salimos del estándar establecido."


 -Reeditado 2010 

martes

La venganza: ser incogibles

En el mismo espacio que te toma decir "La venganza será terrible" entra por métrica fonética "La venganza: ser incogibles". 


Ponerse totalmente en contra de algo muchas veces le da más relevancia a aquello contra lo que nos rebelamos que a la causa, en teoría justa, que perseguimos. Debe ser por eso que de una feminista extrema se dice que es feminazi pero nunca se dice de un machista extremo (¿existe siquiera ese concepto?) que es machinazi.   


Inconscientemente, muchas mujeres están intentando "vengarse" de la desigualdad de género y la discriminación machista reproduciendo (o intentando reproducir) esa desigualdad y esa discriminación de forma invertida. 


No se están vengando, se están volviendo incogibles. Y no solamente para l@s machistas, para tod@s. Y tan incogibles que no entiendo de donde sacan fuerzas para masturbarse, porque ni Uds. mismas pueden querer tocarse. Imagínense como nos sentimos l@s demás. Si eso es venganza, hemos perdido doblemente el juego: cuando nos discriminan los hombres y cuando nos discriminamos nosotras mismas pensando que así nos liberamos de la discriminación del otro. ¿La doble discriminación hos hará libres? 

Estas conductas florecen como una suerte de neo-machismo femenino, y al intentar contrarrestar una forma de discriminación, perpetran otras. Se dice que la violencia genera más violencia, y entonces, podríamos decir que la discriminación genera más discriminación.


El maltrato al hombre por ser hombre, el piropo femenino y el comportamiento erótico-agresivo de grupo son algunas de sus manifestaciones. Las mismas siguen reforzando divisiones exageradas de roles de género, la negación de derechos personales en pos de privilegios supuestamente preasignados socialmente o la imposición de roles socialmente asignados y tienen como resultado la copia de roles supuestamente ajenos al género de nacimiento (por la aceptación implícita de que sí existen roles genéricos de nacimiento). 

Y entre todo este tira y afloje entre hombres y mujeres heterosexuales (o aparentemente hetero) ligan/mos de rebote los diversos, el hombre y la mujer homosexual, el hombre y la mujer trans, l@s inter, l@s pan, etc. Porque se nos suma desde la apariencia de nuestro cuerpo a una u otra causa cuando no nos identificamos con ninguna (de éstas, al menos.)


Maltrato al hombre por ser hombre.

El hombre debe cumplir sí o sí obligaciones sociales que supuestamente vienen pre-establecidas por su género, y escapa a otras que parecieran corresponderle a las mujeres. Esta creencia, en sí misma, es una suerte de maltrato, porque puedes tener ganas o no de cumplirlas, sentirlas tu obligación o no, o no identificarte personalmente con esos roles sociales.  

Muchas mujeres han logrado separarse de esas obligaciones sociales que pesaban sobre su género, como parir, realizar las tareas del hogar, cocinar, dejar de estudiar en un determinado nivel, incluso hasta casarse legalmente. Pero no puede decirse lo mismo del hombre. Así, si se necesita abrir un frasco de algo que requiera hacer mucha fuerza, correr un mueble, abrir o cerrar una ventana que está dura por el paso del tiempo, se ven obligados a ayudar y reciben maltrato como respuesta si llegan a negarse. Si tiene que salir con una mujer, más le vale llevar dinero, porque muchas se negarán a pagar su parte aunque estén en condiciones de hacerlo. Ni hablar de la obligación de dejar pasar adelante, sentarse o ceder lugar después de haber hecho el mismo tiempo de cola a alguien por ser mujer. Y muchas veces se activa el fenómeno door mat (felpudo) que sucede así: habiendo dejado pasar a una, tiene que dejar pasar a todas las demás, muchas veces quedando al final de una fila de la que era el primero.


Piropo femenino.

Como no me gusta que me lo hagan, lo hago el doble. Formas de mirar excesivamente expresivas que se convierten en opinión escrita en el rostro, chiflidos, roces, y fracesitas, que si hay campañas que las han coleccionado de los hombres a las mujeres, en cualquier momento harán falta otras que hagan lo mismo de aquellas dedicadas a los hombres por la mujeres. "¿A qué hora llega tu mujer?" "Cualquier día te plancho las camisas". "¿Por casualidad no andas buscando a la madre de tus hijos?".

Y para colmo generalmente usan como objetivo a ese hombre callado, perfil bajo, justo a ese que jamás pensaría en expresarse de esa misma manera hacia ellas, para consolidar esa suerte de venganza moral.


Comportamiento erótico-agresivo de grupo.

No es la primera vez que observo que una mujer se cruza de vereda para menearle el orto a un desconocido. Si esto sucediera al revés, si fuera un hombre el que se cruza de vereda para menearle el orto o el pene a una desconodida, lo más probable es que fuera considerado alguna forma de acoso callejero. Pero cuando lo hace una mujer, y cuando insiste en seguirse cruzando de calle, en levantarse la falda o acomodarse el escote de forma provocativa y recurrente, sin preguntarse si ese hombre es hetero o no, si está disponible eróticamente o no, y aún si lo estuviera, si se siente atraído sexualmente por esa persona o por ese tipo de manifestaciones, si tiene ganas de que le estén meneando el orto o mostrando el escote, no lo consideramos así. Para colmo, si ese hombre osa negarle su atención (cosa que da por sentado, como que todo animal en celo quiere follar) se siente ofendida y puede responder con actitudes violentas (gritos, chillidos, epítetos).

Y encima, muchas veces, el andar en grupos de mujeres por la calle, genera cierta sensación de protección, casi de inmunidad, que las lleva a insisitir en este tipo de conductas y en piropos grupales. Este comportamiento de manada, que te hace sentir breve y equivocadamente libre, no es más que una triste devolución de lo que has percibido y recibido durante años de crianza y crecimiento en una sociedad machista.


La popular frase de vaya a saber quién dice así: "Es mejor que te odien por quién eres a que te amen por quién no eres." Hoy yo digo, es mejor que te discriminen por quién eres y no que te dejen de discriminar por quién no eres.


Y como no creo en la venganza, cojo. Al final, la venganza es un plato que se sirve malcogid@.


Porno vs no porno

A mí me gusta ver porno y calentarme pero yo decido entrar en ese estado de autoestimulación de los sentidos. Elijo cuándo, con quién, cómo y dónde verlo. Hasta elijo que género o categoría me interesa, y qué otros no me gustaría ver. No me sorprende a cualquier hora, en cualquier lugar, como los desnudos y erotismo diario y gratuito que nos imponen los medios, ya sea la TV o la publicidad gráfica. Ante la imposición constante de imágenes, temáticas y situaciones que elevan la temperatura, percibo casi una cierta violencia. Es como estar atad@, (pre)dispuest@ a recibir lo que sea que el exterior nos impone. Pero después se quejan del porno, como si penetrarme visualmente sin mi consentimiento no constituyera una violación de mis sentidos sexuales.


La sobreexposición del cuerpo de la mujer como objeto sexual sigue siendo el pan de cada día. Nos aleja de los logros en materia de géneros e identidades sexuales; nos sigue indicando que la orientación sexual normativa es la heterosexual; sigue afianzando los roles masculino y femenino desde una mirada sexista, porque el hombre es el ser al que hay que estar calentando constantemente, y la mujer es el ser que está ahí para calentar. 


Es imposible tomarse unos segundos para pensar ¿Qué es lo que realmente me calienta? Y, ¿quiero estar caliente en este mismo momento? No me imagino estar chorreando la tanga en presencia de familiares (ya sean niñ@s, adolescentes, ancianos) o visitas; esto me parece de un nivel de intimidad que excede la situación social. O el dilema ético que podría surgir de tener que tomar "recreos de paja" para poder atravesar esos momentos incómodos entre un estímulo sexual no solicitado y otro.


Quieres ver una novela, gente en pelotas.


Te venden una entrada para un concierto, gente en pelotas. 


Quieres ver un informativo, conductoras sensuales, medio en pelotas.


Quieren que dones para salvar la selva tropical, gente en pelotas.


Quieren que compres café en cápsulas, gente en pelotas. 


Quieren reforzar el ideal tradicional de familia, gente joven en pelotas y gente no tan joven medio en pelotas.


Criticamos mucho la pornografía, los roles de hombres, mujeres y otros, su límite con la prostitución, lo irreal de ciertas prácticas que se nos muestran como cotidianas, etc. Pero no criticamos lo suficiente todo aquello que para mí ya está dentro del terreno del softcore porn sin estar etiquetado de esa manera, a cualquier hora, en cualquier canal, en cualquier cartel, en la tapa de cualquier revista y totalmente visible al lado de las revistas para niñ@s o durante la cena familiar.


Si esa delgada línea entre lo que es porno y no es porno es la misma que separa las nalgas de una mujer televisada, publicitada o que sigue ese modelo de belleza autoexponiéndose gratuitamente en la vía pública, ¿qué no es pornográfico? Y si nuestras mentes ya se acostumbraron a vivir en una constante excitación que rara vez logramos descargar con el cuerpo, ¿cómo podremos realmente alguna vez dejar de estar malcogid@s?


Dejen en paz al porno y l@s pajer@s solitari@s, si no van a molestar también al no porno y l@s pajer@s sociales.

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sábado

Te cogí y no te llamé

En el diario convivir con personas con las que no elegí cruzarme (ni de camino ni de piernas), nunca falta alguien que intenta demostrarme por todos los medios que están a su alcance, que no le caigo y que todo lo que venga de mí será mal recibido. Muchas veces sin haber cruzado una palabra, el prejuicio ya presentó las pruebas de su caso en mi contra y ganó el juicio moral. O sea, una vez que me conocen, les entiendo completamente esta misma reacción, pero ¡joder! NO ANTES.


Te ponen cara de poc@s amig@s con derecho. Siempre tienen algún comentario de noche de sábado poco feliz. No te dejan pasar un error, defecto, etc. No le has hecho ningún bien, pero tampoco ningún mal. No le has mirado con ninguna mirada específica, ni de código propio, ni de código público. El tonito acusador se esconde detrás del sarcasmo innecesario o fuera de contexto. La mala leche se huele hasta por encima de los kilos de jabón y los litros de desorodante. Te cagan el vuelto. Se te colan en alguna fila. Le hacen ojitos a quien está a tu lado, solo por el hecho de que está a tu lado. Te miran como si les hubieras pedido plata y estuvieras en deuda. O peor aún, como si te hubieras acostado con ell@s y no los hubieras vuelto a llamar. 



Será quizá la forma de vestir, de caminar, mi lenguaje corporal o mi lenguaje explítico (quizá la selección de palabras, el sarcasmo casi natural), será la profundidad de mis ojos en los que temen caerse, será esa sospecha de encontrarse frente a una persona que se ha hecho a sí misma, será esa falta de encaje en las normas y convenciones sociales de género, edad, clase social o esa sensación de que mi deseo podría devorarles también sin distinción de género, edad, clase social. 


Qué será, será, whatever it is,  it is. Intento no devolverles el juicio, pero la única manera de eludir mis percepciones sobre su falta casi evidente de vida sexual, es esa pregunta: ¿Quién te cogió mal y no te llamó? Quizá quien no me conozca piense que el problema es todo mío (y lo es, porque me doy cuenta de que existe un problema), quizá a mis pélvic@s también les ocurra lo mismo. 


Cansada de trabajar por una vida y una cama dignas, sin llegar a poder satisfacer en mis intercambios de vida y de cama a todo quien se me cruza porque la misma limitación del tiempo y el espacio no lo permite, les ofrezco lo que pido: que si hay malcogimiento, que no se note. Que lo que sea que me aqueje por faltas de la noche anterior, la vida anterior o el año anterior, no se refleje en mi trato diario con aquellas personas con la que solamente coexistimos en este mundo. Que me toleren los que eligen hacerlo por interés, por gusto, por amor o compromiso; para los que no tienen elección, y para los que no tengo elección, les ofrezco RESPETO.


Hago un llamado urgente a la solidaridad y les pido un poco de ayuda, gente, ¡a coger que no puedo con tod@s!


Ahora bien, estimo que: Quizá te caigo mal porque no hago ningún esfuerzo en caerte bien. — Cristina (@Crispoletta) octubre 15, 2014


Todo lo noto y lo percibo, pero ya es ruido de fondo. El malcogimiento también tiene sonido, es como el sonido blanco de la TV prendida que no transmite nada. Se entiende que la música de un orgasmo ambulante pueda interferirles la frecuencia y quizá, hasta obligarles (¿moralmente?) a transmitir algo (o a darse cuenta de que no están transmitiendo nada). Pero, en todo caso, no fui yo quien te cogió mal y no te llamó. Fijate quién fue y redirigí el malcogimiento. Porque después, cuando un@ saca el/la malcogid@ que lleva dentro para responder, no se hacen cargo del reflejo, de haber roto el vidrio que recubre esa caja de pandora interior con el martillito que supuestamente es para casos de emergencia.


En una sociedad que desea el cambio, ese deseo, como todo deseo, se ve en acciones en vez de quejas. Que el ambiente social de cada día sea un espacio en que respetamos convenciones mínimas de cortesía, aunque no lleguemos a fin de mes, aunque se me hayan cortado la luz, el gas y el agua, aunque intentemos sobrevivir a la violencia intrafamiliar, aunque hayamos perdido el colectivo, estemos llegando tarde y nos descuenten, aunque llueva y nos hayamos olvidado el paraguas, aunque otra vez haya cadena nacional, etc, etc. Tod@s tenemos razones y el mismo derecho a estar malcogid@s, pero los otros tienen también derecho a no tener que aguantar más que el malcogimiento de aquellas personas con quienes se han comprometido a afrontar la vida (y/o la cama).