Blog de pensamientos, ejercicios de escritura y opiniones en más de 140 caracteres. No contiene imágenes explícitas (ver blog de imágenes), pero sí temas para ¿adultos? (18+): sexualidades, estereotipos, géneros, sexo, amor, relaciones, libertades, responsabilidades, erotismo. Si algo de esto va en contra de sus creencias, experiencias, pensamientos u opiniones personales, las de su religión, gobierno o sus padres, continúa leyendo bajo su propia responsabilidad o la suya.

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La venganza: ser incogibles

En el mismo espacio que te toma decir "La venganza será terrible" entra por métrica fonética "La venganza: ser incogibles". 


Ponerse totalmente en contra de algo muchas veces le da más relevancia a aquello contra lo que nos rebelamos que a la causa, en teoría justa, que perseguimos. Debe ser por eso que de una feminista extrema se dice que es feminazi pero nunca se dice de un machista extremo (¿existe siquiera ese concepto?) que es machinazi.   


Inconscientemente, muchas mujeres están intentando "vengarse" de la desigualdad de género y la discriminación machista reproduciendo (o intentando reproducir) esa desigualdad y esa discriminación de forma invertida. 


No se están vengando, se están volviendo incogibles. Y no solamente para l@s machistas, para tod@s. Y tan incogibles que no entiendo de donde sacan fuerzas para masturbarse, porque ni Uds. mismas pueden querer tocarse. Imagínense como nos sentimos l@s demás. Si eso es venganza, hemos perdido doblemente el juego: cuando nos discriminan los hombres y cuando nos discriminamos nosotras mismas pensando que así nos liberamos de la discriminación del otro. ¿La doble discriminación hos hará libres? 

Estas conductas florecen como una suerte de neo-machismo femenino, y al intentar contrarrestar una forma de discriminación, perpetran otras. Se dice que la violencia genera más violencia, y entonces, podríamos decir que la discriminación genera más discriminación.


El maltrato al hombre por ser hombre, el piropo femenino y el comportamiento erótico-agresivo de grupo son algunas de sus manifestaciones. Las mismas siguen reforzando divisiones exageradas de roles de género, la negación de derechos personales en pos de privilegios supuestamente preasignados socialmente o la imposición de roles socialmente asignados y tienen como resultado la copia de roles supuestamente ajenos al género de nacimiento (por la aceptación implícita de que sí existen roles genéricos de nacimiento). 

Y entre todo este tira y afloje entre hombres y mujeres heterosexuales (o aparentemente hetero) ligan/mos de rebote los diversos, el hombre y la mujer homosexual, el hombre y la mujer trans, l@s inter, l@s pan, etc. Porque se nos suma desde la apariencia de nuestro cuerpo a una u otra causa cuando no nos identificamos con ninguna (de éstas, al menos.)


Maltrato al hombre por ser hombre.

El hombre debe cumplir sí o sí obligaciones sociales que supuestamente vienen pre-establecidas por su género, y escapa a otras que parecieran corresponderle a las mujeres. Esta creencia, en sí misma, es una suerte de maltrato, porque puedes tener ganas o no de cumplirlas, sentirlas tu obligación o no, o no identificarte personalmente con esos roles sociales.  

Muchas mujeres han logrado separarse de esas obligaciones sociales que pesaban sobre su género, como parir, realizar las tareas del hogar, cocinar, dejar de estudiar en un determinado nivel, incluso hasta casarse legalmente. Pero no puede decirse lo mismo del hombre. Así, si se necesita abrir un frasco de algo que requiera hacer mucha fuerza, correr un mueble, abrir o cerrar una ventana que está dura por el paso del tiempo, se ven obligados a ayudar y reciben maltrato como respuesta si llegan a negarse. Si tiene que salir con una mujer, más le vale llevar dinero, porque muchas se negarán a pagar su parte aunque estén en condiciones de hacerlo. Ni hablar de la obligación de dejar pasar adelante, sentarse o ceder lugar después de haber hecho el mismo tiempo de cola a alguien por ser mujer. Y muchas veces se activa el fenómeno door mat (felpudo) que sucede así: habiendo dejado pasar a una, tiene que dejar pasar a todas las demás, muchas veces quedando al final de una fila de la que era el primero.


Piropo femenino.

Como no me gusta que me lo hagan, lo hago el doble. Formas de mirar excesivamente expresivas que se convierten en opinión escrita en el rostro, chiflidos, roces, y fracesitas, que si hay campañas que las han coleccionado de los hombres a las mujeres, en cualquier momento harán falta otras que hagan lo mismo de aquellas dedicadas a los hombres por la mujeres. "¿A qué hora llega tu mujer?" "Cualquier día te plancho las camisas". "¿Por casualidad no andas buscando a la madre de tus hijos?".

Y para colmo generalmente usan como objetivo a ese hombre callado, perfil bajo, justo a ese que jamás pensaría en expresarse de esa misma manera hacia ellas, para consolidar esa suerte de venganza moral.


Comportamiento erótico-agresivo de grupo.

No es la primera vez que observo que una mujer se cruza de vereda para menearle el orto a un desconocido. Si esto sucediera al revés, si fuera un hombre el que se cruza de vereda para menearle el orto o el pene a una desconodida, lo más probable es que fuera considerado alguna forma de acoso callejero. Pero cuando lo hace una mujer, y cuando insiste en seguirse cruzando de calle, en levantarse la falda o acomodarse el escote de forma provocativa y recurrente, sin preguntarse si ese hombre es hetero o no, si está disponible eróticamente o no, y aún si lo estuviera, si se siente atraído sexualmente por esa persona o por ese tipo de manifestaciones, si tiene ganas de que le estén meneando el orto o mostrando el escote, no lo consideramos así. Para colmo, si ese hombre osa negarle su atención (cosa que da por sentado, como que todo animal en celo quiere follar) se siente ofendida y puede responder con actitudes violentas (gritos, chillidos, epítetos).

Y encima, muchas veces, el andar en grupos de mujeres por la calle, genera cierta sensación de protección, casi de inmunidad, que las lleva a insisitir en este tipo de conductas y en piropos grupales. Este comportamiento de manada, que te hace sentir breve y equivocadamente libre, no es más que una triste devolución de lo que has percibido y recibido durante años de crianza y crecimiento en una sociedad machista.


La popular frase de vaya a saber quién dice así: "Es mejor que te odien por quién eres a que te amen por quién no eres." Hoy yo digo, es mejor que te discriminen por quién eres y no que te dejen de discriminar por quién no eres.


Y como no creo en la venganza, cojo. Al final, la venganza es un plato que se sirve malcogid@.