Blog de pensamientos, ejercicios de escritura y opiniones en más de 140 caracteres. No contiene imágenes explícitas (ver blog de imágenes), pero sí temas para ¿adultos? (18+): sexualidades, estereotipos, géneros, sexo, amor, relaciones, libertades, responsabilidades, erotismo. Si algo de esto va en contra de sus creencias, experiencias, pensamientos u opiniones personales, las de su religión, gobierno o sus padres, continúa leyendo bajo su propia responsabilidad o la suya.

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CRÍTICA SOCIAL Y AUTOREFLEXIÓN, GÉNEROS Y ANTIGÉNEROS, DERECHOS Y RESPONSABILIDADES, ELECCIONES DE VIDA, AMORES Y POLVOS, VIRGINIDADES Y EXPERIENCIAS, SENSACIONES Y SENTIMIENTOS, SATISFACCIONES E INSATISFACCIONES, ESTEREOTIPOS, ROLES, EROTISMO, TWITTERATURA, EVOLUCIONES, INVOLUCIONES Y REVOLUCIONES.

sábado

Te cogí y no te llamé

En el diario convivir con personas con las que no elegí cruzarme (ni de camino ni de piernas), nunca falta alguien que intenta demostrarme por todos los medios que están a su alcance, que no le caigo y que todo lo que venga de mí será mal recibido. Muchas veces sin haber cruzado una palabra, el prejuicio ya presentó las pruebas de su caso en mi contra y ganó el juicio moral. O sea, una vez que me conocen, les entiendo completamente esta misma reacción, pero ¡joder! NO ANTES.


Te ponen cara de poc@s amig@s con derecho. Siempre tienen algún comentario de noche de sábado poco feliz. No te dejan pasar un error, defecto, etc. No le has hecho ningún bien, pero tampoco ningún mal. No le has mirado con ninguna mirada específica, ni de código propio, ni de código público. El tonito acusador se esconde detrás del sarcasmo innecesario o fuera de contexto. La mala leche se huele hasta por encima de los kilos de jabón y los litros de desorodante. Te cagan el vuelto. Se te colan en alguna fila. Le hacen ojitos a quien está a tu lado, solo por el hecho de que está a tu lado. Te miran como si les hubieras pedido plata y estuvieras en deuda. O peor aún, como si te hubieras acostado con ell@s y no los hubieras vuelto a llamar. 



Será quizá la forma de vestir, de caminar, mi lenguaje corporal o mi lenguaje explítico (quizá la selección de palabras, el sarcasmo casi natural), será la profundidad de mis ojos en los que temen caerse, será esa sospecha de encontrarse frente a una persona que se ha hecho a sí misma, será esa falta de encaje en las normas y convenciones sociales de género, edad, clase social o esa sensación de que mi deseo podría devorarles también sin distinción de género, edad, clase social. 


Qué será, será, whatever it is,  it is. Intento no devolverles el juicio, pero la única manera de eludir mis percepciones sobre su falta casi evidente de vida sexual, es esa pregunta: ¿Quién te cogió mal y no te llamó? Quizá quien no me conozca piense que el problema es todo mío (y lo es, porque me doy cuenta de que existe un problema), quizá a mis pélvic@s también les ocurra lo mismo. 


Cansada de trabajar por una vida y una cama dignas, sin llegar a poder satisfacer en mis intercambios de vida y de cama a todo quien se me cruza porque la misma limitación del tiempo y el espacio no lo permite, les ofrezco lo que pido: que si hay malcogimiento, que no se note. Que lo que sea que me aqueje por faltas de la noche anterior, la vida anterior o el año anterior, no se refleje en mi trato diario con aquellas personas con la que solamente coexistimos en este mundo. Que me toleren los que eligen hacerlo por interés, por gusto, por amor o compromiso; para los que no tienen elección, y para los que no tengo elección, les ofrezco RESPETO.


Hago un llamado urgente a la solidaridad y les pido un poco de ayuda, gente, ¡a coger que no puedo con tod@s!


Ahora bien, estimo que: Quizá te caigo mal porque no hago ningún esfuerzo en caerte bien. — Cristina (@Crispoletta) octubre 15, 2014


Todo lo noto y lo percibo, pero ya es ruido de fondo. El malcogimiento también tiene sonido, es como el sonido blanco de la TV prendida que no transmite nada. Se entiende que la música de un orgasmo ambulante pueda interferirles la frecuencia y quizá, hasta obligarles (¿moralmente?) a transmitir algo (o a darse cuenta de que no están transmitiendo nada). Pero, en todo caso, no fui yo quien te cogió mal y no te llamó. Fijate quién fue y redirigí el malcogimiento. Porque después, cuando un@ saca el/la malcogid@ que lleva dentro para responder, no se hacen cargo del reflejo, de haber roto el vidrio que recubre esa caja de pandora interior con el martillito que supuestamente es para casos de emergencia.


En una sociedad que desea el cambio, ese deseo, como todo deseo, se ve en acciones en vez de quejas. Que el ambiente social de cada día sea un espacio en que respetamos convenciones mínimas de cortesía, aunque no lleguemos a fin de mes, aunque se me hayan cortado la luz, el gas y el agua, aunque intentemos sobrevivir a la violencia intrafamiliar, aunque hayamos perdido el colectivo, estemos llegando tarde y nos descuenten, aunque llueva y nos hayamos olvidado el paraguas, aunque otra vez haya cadena nacional, etc, etc. Tod@s tenemos razones y el mismo derecho a estar malcogid@s, pero los otros tienen también derecho a no tener que aguantar más que el malcogimiento de aquellas personas con quienes se han comprometido a afrontar la vida (y/o la cama).