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sábado

El condón



Publicado como Esclavos del preservativo en ConLaOrejaRoja.Com


Puede ser entendido como una necesidad, como un negocio millonario, como una imposición, como una liberación, como una molestia, como una forma limpia de pecar, como una forma sucia de tener sexo libremente, como una multa al placer, como consecuencia del uso de las primeras armas biológicas, y más. En todo caso, es nuestro compañero no infalible de aventuras de cama, y si no lo es, pareciera que echamos a nuestra suerte sexual el destino de nuestra vida toda. 



Hay una fiebre de repartir condones en hospitales y escuelas públicas, de hablar de una anticoncepción al alcance de tod@s desde temprana edad, de hacer de cuenta de que sexualmente tod@s somos libres o liberales o liberad@s, aunque las tasas de embarazo adolescente, hij@s no deseados y madres/padres (jóvenes y no tanto) incapaces de cubrir las necesidades mínimas de un@ niñ@ y con más de un@ niñ@ a cargo, ponen en evidencia que esta fiebre no es más que un síntoma y no una cura para la enfermedad social de la falta de elección sexual/no planificación familiar y que el condón por sí solo no alcanza para garantizarlas.



Incluso suponiendo que alcanzara, incluso suponiendo que tod@s acordáramos su uso como si de un pulmón sexual se tratara, incapaces de respirar deseo sino a través de sus paredes de látex, tendríamos que saber usarlo. El riesgo de embarazo y contagio de ETS por mal uso es prácticamente el mismo que por falta de uso.

Intentando hacer de cuenta que no nos molesta en lo más mínimo que nuestr@s niñ@s y adolescentes estén sexualmente activos mientras nosotr@s también lo estamos, intentamos transmitir nuestro conocimiento de uso de preservativos no sin evitar transmitir también nuestros prejuicios sobre el ejercicio de la sexualidad.



Les decimos cuándo llevarlo: cada vez que vayan a tener sexo, esto es, porque toda actividad sexual moralmente aceptable es planificable, siempre sabemos exactamente cuándo y con quién vamos a tener sexo. O quizá seamos depravad@s que tenemos sexo todo el tiempo, o con cualquiera, sin saber exactamente cuándo. Llevarlo siempre sirve para los dos casos.



Por qué llevarlo: porque no hay placer sin deber, porque no se puede todo en esta vida, porque el que quiere celeste, que le cueste y porque sarna sin condón, pica; porque somos humanos y tener sexo trae consecuencias de las que tenemos que protegernos si no podemos abstenernos de las mismas acciones que traen las consecuencias. Básicamente, porque somos libres, a medias.



Cómo llevarlo: en la cartera de la dama o en el bolsillo del caballero… NO. Durante años se dijo que, con tal de llevarlo, estos lugares eran tan buenos como otros. Al transportar condones, sin que se convierta en un desafío al estilo transporte de sustancias nucleares, es importante llevarlos en la caja cerrada, porque podríamos presionarlos y pincharlos al sentarnos en ellos o al entrar en contacto con objetos de uso cotidiano como lapiceras, llaves o monedas.



Quién lo lleva: el hombre, por supuesto. No enseñamos a nuestr@s niñ@s, adolescentes y mujeres, a hacerse cargo de sí mismas comprando sus propios condones porque aunque tener hijos sea cosa de mujeres, ponerla es cosa de hombres. Y si una niña, adolescente o mujer se acerca a un supermercado, farmacia o estación de servicio a comprar condones, sea el personal de ventas hombre o mujer, no deja de mirar mal, raro, torcido o de tratar distinto que a un hombre que compra condones, no sea cosa que finalmente se sientan cómodas con todos los aspectos de su sexualidad, incluyendo la anticoncepción.



Para qué lo lleva: lo lleva porque quiere tener sexo casual, porque no está preparad@ para una relación “en serio”, porque si te casas, ya no necesitarás usarlo (porque si te casas querrás tener hij@s y la monogamia te garantiza un mínimo de higiene y salud sexual) y lo usas si es que quieres tener sexo sin querer llegar a casarte.



Si lo lleva: está sexualmente activ@, lo cual de acuerdo a la edad, género y expectativas sociales del grupo sociocultural al que se pertenezca, puede suponer un problema. O directamente es una@ depravad@ que no puede dejar de pensar en sexo ni siquiera una hora al día, que espera, siempre al acecho, la posibilidad de tener relaciones con quien le acepte en su cama. 



Y si no lo lleva: es un@ irresponsable sexual, un@ paria en la sociedad de las personas sexualmente activas, alguien que está buscando problemas (entiéndase por problemas un embarazo o una ETS) y que no tardará en encontrarlos.


Básicamente, el preservativo se convierte en una especie de distintivo sexual de la persona sexualmente activa, una suerte de escarapela de ese país en el que vivimos con miedo a contagiar(nos) algo o a dar vida y que en ello se nos vaya la vida. Si lo lleva porque lo lleva, cómo lo lleva, cuándo lo lleva, quién lo lleva y para qué lo lleva, pero si no lo lleva, porque no lo lleva. 


Representante de nuestro deseo de ser sexualmente libres, al final no deja de representar que seguimos atados a las consecuencias del sexo. Al final, el condón, más que un método anticonceptivo y de prevención de ETS, es el símbolo del eterno malcogimiento humano.