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sábado

Entre el placer y el deber



Publicado en ConLaOrejaRoja.Com

Si no existiera la posibilidad del aburrimiento sexual, es posible que nada nos motivara a buscar el placer. Una vida sexual plena tiene, también, sus virtudes y defectos. Entre los defectos hay que considerar que, como es vida privada, muchas veces entra en conflicto con la vida social. ¿Y qué momento es más social (o más conflictivo para la privacidad) que las fiestas de fin de año? 

 

Much@s las disfrutan (ya se trate de navidad, año nuevo, ambas u otras) y estuvo de moda por décadas pasarla bien, repetir villancicos, armar el árbol de navidad, preparar rituales de fin de año, comer hasta reventar esa suerte de crisol de razas culinario que surge de la importación y adaptación de festividades no criollas. Pero siempre hubo algun@s que las padecían, y para aumentar su padecimiento, hoy la moda dicta que hay que aborrecerlas, generando así tensión tanto con la mitad más uno que las disfruta como con la nueva mitad menos uno que viene a adosarse la propia resistencia a las celebraciones por imposición. 



Y esa resistencia viene, aunque sea en parte, del derecho a elegir cuánto y cómo pasamos el tiempo fuera de la cama en la búsqueda de un término medio entre la vida sexual y la vida social. Podemos decidir no participar para nada y quedarnos en la cama ocupándonos de nuestro propio disfrute (¡Oh, sí!) o posponer nuestros asuntos de cama hasta el año próximo, año tras año tras año, con ese malcogimiento elegido que viene de aguantar las ganas hasta su desaparición, que quizá logre finalmente hacernos pertenecer al resto del mundo una vez al año. Incluso hasta podríamos encontrar algún término medio entre placer y deber, si estuviéramos dispuest@s a buscarlo.



¿A quién no le gusta recibir regalos? me preguntan. Y es cierto que recibir regalos nos remite a los aspectos más positivos de la infancia. Ese mimo al@ niñ@ interior, esa espera con la sensación agridulce de la anticipación que genera un roce emocional casi sexual, parece una recompensa justa para una regresión mental hacia un estado apenas post-fetal. Pero quizá el tipo de regalos que me gusta dar y recibir no sean los recomendables para ser regalados de acuerdo a la temática misma de la fecha: bajo ninguna circunstancia, podemos regalar(nos) en público juguetes sexuales, condones, lubricantes, ropa interior erótica o accesorios BDSM para complacer al adulto exterior. Esto incluye la prohibición también de realizar comentarios sobre sus funcionalidades y expectativas de uso.



En situaciones de cama, la ropa no es más que un obstáculo para el placer, mientras que en situaciones sociales, el placer es un obstáculo para la convivencia (al igual que la desnudez). Te vistes lo mejor que puedes aunque lo que realmente te gustaría es andar desnud@ o disfrazarte de muñec@ de nieve erótico. Y aunque lo hicieras, nunca podrás compartirlo más que con un grupo reducido de personas. Al menos, tienes una excusa para comprar ropa interior nueva, porque la tradición obliga a recibir esta esperada ocasión con algo nuevo, algo viejo, algo azul...ah, eso era para otra cosa; bueno, al menos con algo nuevo. Estimo que quien no puede tener a alguien nuevo en su cama cada vez que lo desea, tendrá que conformarse con renovar, como mínimo, los calzones.



Lo bueno es que el sexo, si logras tenerlo, quema calorías. Si bien comerás de más, como también follarás de más, lograrás equilibrar la balanza. Pero comer demasiado es un tipo de placer que va en la dirección opuesta del placer sexual. Si comes todo lo que quieres, probablemente tu cuerpo esté tan pesado que no puedas tener todo el sexo que quieres. Quizá atiborrarse de comida sea lo más cercano al placer sexual que puede experimentar una sociedad que no coge.



Como lo sexual no tiene lugar en este momento en que los valores seleccionados para resaltar socialmente son la solidaridad, la paz y la necesidad que tienen hombres, mujeres y otros de vivir en manada como “animales sociales” que son, puedes aprovechar las horas que dedicarás forzosamente a cocinar o preparar comida para tener sexo en la cocina, pero recuerda que todo lo que toques después de tener sexo en la cocina no podrá ser compartido en la cena social.



Usar la bebida como escudo es aún más peligroso que escudarse entre un par de piernas entreabiertas sin mirar a quien pertenecen. Si bien en estas fechas puedes beber de más sin ser catalogad@ de borrach@, nunca beberás lo suficiente para no darte cuenta de que sigues siendo tachad@ de solteron@, libertin@, rar@ sexual. Como todos los años, te pondrás propósitos de fin de año. Por ejemplo, ser más selectiv@ en la cama. Pero sólo servirán para presionarte, inspirarte culpa al romperlos y redoblar el placer sexual mientras los rompes al mezclarse con culpa.



Y aún en este juego de analizar lo que tiene a favor o en contra de la cama esto de la celebración social global y obligatoria, no nos olvidemos que podemos elegir y de que no hay (como nos quisieron hacer creer) una superioridad de algunas elecciones sobre otras. La decisión de participar en celebraciones sociales o la decisión de no hacerlo porque tu forma de celebrar es la cama y no tiene fechas, costumbres repetitivas ni necesidad de otro regalo que el placer, es tuya. 



¿Será que este año avanzamos un poquito en la resolución de esta tensión entre vida sexual y vida social? Y tú, ¿eres de l@s que atraviesa las fiestas de fin de año en la cama o deseando estar en ella?