Blog de pensamientos, ejercicios de escritura y opiniones en más de 140 caracteres. No contiene imágenes explícitas (ver blog de imágenes), pero sí temas para ¿adultos? (18+): sexualidades, estereotipos, géneros, sexo, amor, relaciones, libertades, responsabilidades, erotismo. Si algo de esto va en contra de sus creencias, experiencias, pensamientos u opiniones personales, las de su religión, gobierno o sus padres, continúa leyendo bajo su propia responsabilidad o la suya.

Cajones

CRÍTICA SOCIAL Y AUTOREFLEXIÓN, GÉNEROS Y ANTIGÉNEROS, DERECHOS Y RESPONSABILIDADES, ELECCIONES DE VIDA, AMORES Y POLVOS, VIRGINIDADES Y EXPERIENCIAS, SENSACIONES Y SENTIMIENTOS, SATISFACCIONES E INSATISFACCIONES, ESTEREOTIPOS, ROLES, EROTISMO, TWITTERATURA, EVOLUCIONES, INVOLUCIONES Y REVOLUCIONES.

viernes

El tabú del amor

Muchas veces fui criticada por no escribir o conversar más sobre el amor. Se me llamó sextuitera, monotemática, adicta al sexo, farsante y hasta malcogida. Para otr@s la conexión entre sexo y amor es algo que se da por sentado, aunque para mí la división entre lo que se ama y lo que se folla es bastante clara.

Mi respuesta fue siempre más o menos la misma: de sexo nunca se había hablado, por eso romper el silencio al hablar de forma no biológica ni aislada de la vida ni marcada necesariamente por la división entre los géneros de nacimiento fue una forma de release, una liberación. Personal y colectiva. Pero de amor se había hablado tanto y de tantas formas que quizá lo único que realmente le haga justicia es el silencio. 

Si el tiempo es un círculo y la existencia es cíclica, en otro ciclo que ya ha comenzado es posible que se hable de sexo y no de amor. Siempre se dijo que el sexo era tabú, pero para mí el tabú que realmente estuvo de fondo es el del amor. Con el amor, al igual que con la idea de un dios o diosa, se puede creer en su existencia, en las manifestaciones culturales de su posible existencia, o se puede no creer directamente. Y al igual que con la idea de un dios o diosa, creo en su existencia pero no en sus manifestaciones culturales. Aunque much@s hayan opinado que no creo en él directamente.

Es arriesgado intentar hablar o escribir sobre amor, ya que si alguna vez llegas a poder realmente reflejarlo, es posible que nunca más vuelvas a sentirlo. Asumiendo el riesgo, aquí les dejo algunas intuiciones sobre lo que es el amor para mí, que al igual que ocurre con el sexo, no creo que sean exactamente lo mismo para cada un@ de nosotr@s:

No se sabe qué es el amor hasta que se ama.

No se olvida qué es el amor aunque sólo se haya amado una vez. 

El amor se hace, pero no en la cama, aunque sí se puede confirmar en ella.

Quizá el sexo sea un descanso que el amor puede tomarse escapando del cuerpo y haciéndose etéreo.
No se dice te amo si no se está seguro de amar o de ser correspondido en el sentimiento.
Para cuando finalmente se dice ya se intuye que será correspondido o que nunca lo será.
No existen los momentos que anulan el te amo: no lo hace decirlo durante el orgasmo, ni después de una despedida ni antes de mentir sobre algo más. Amor y desamor conviven, incluso en cada porción de amor que se nos convida, existe un porcentaje de desamor que nos toca. 

Cada te amo es único, incluso dicho por la misma persona a la misma persona. 

Quien dice te amo en vano nunca será amado realmente. 

Se dice de una vez y para siempre, pero también se renueva día a día, por eso cuando lo sentimos lo repetimos una y otra vez, esperando también siempre escucharlo como respuesta.
Un te amo es un orgasmo del alma que puede o no coincidir con los orgasmos del cuerpo.
Elegí escribir y conversar sobre sexo por experiencia. Y no es por falta de experiencia que no le dedico un capítulo a algo que ocupa más de un tomo en mi existencia. Para muchos es simplemente un sentimiento y para mí es casi una forma de vida. Pero mientras que el sexo es una experiencia colectiva, no estoy tan segura de que el amor lo sea. A tal punto que para que sea más masiva habría que modificar la frase de Moulin Rouge: THE GREATEST THING YOU´LL EVER LEARN IS HOW TO LOVE AND BE FUCKED IN RETURN.

Quiero creer que en silencio muchas veces fui amada por no escribir o conversar más sobre el amor. 
Mi respuesta fue siempre la misma, amar de vuelta, sin hablar ni escribir al respecto.

martes

Feminismo senil

Mi abuela fue una de esas mujeres que no pudo resistirse al machismo de su época. Perdió a su mejor amiga porque la metieron en la prostitución y ella como mujer de bien no podía juntarse con ella, vio como mujeres que se separaban de sus maridos eran aisladas socialmente sin tener acceso ni a comprar un mendrugo de pan, tuvo que dejar la escuela en tercer grado porque ya sabía lo que se esperaba que supiera una mujer, tuvo que aceptar que le dijeran con quien casarse, tuvo que pasar por la experiencia de no elegir embarazarse, de afrontar partos con frases como cuando te la metieron no te dolió tanto y sin anestesias, tuvo que ver a sus hijos morir por falta de remedios, de inversión pública y por mala praxis, finalmente murió, en parte de vieja y en parte, por exactamente lo mismo. 

Fue hija, hermana, esposa y madre, como lo dictaba el mandato social. Una hija que acató todas las órdenes y recibió con estoicismo todos los palos. Una hermana respetuosa del lugar de los hermanos varones y casi una extensión de madre para sus hermanas mujeres. Una esposa que aceptó su lugar en la cocina y rechazó su lugar en la cama. Una madre que parió porque había que parir y que esperó de sus hijas que fueran como la hija que ella había sido.

Le tocó bañarse y acostarse siempre vestida, porque verse el cuerpo era un pecado. Nunca disfrutó de la masturbación ni del sexo incluso con la persona amada. Conoció el temor de dios, otro hombre más que mandó en su vida. Para ella, toda mujer que abortaba era una asesina, y toda mujer que disfrutaba su sexualidad, era una puta. Para ella, la base del matrimonio era aguantar y la base de una buena cama era tomar las prácticas sexuales como una tarea del hogar más. 

Resistió como pudo a ese machismo bestial que le robó toda posibilidad de réplica. Que le llenó los pulmones toda la vida como el agua mientras te estás ahogando. Tuvo que abandonar su sueño de tocar el violín para aprender a hacer las cosas de la casa. Tuvo que abandonar la idea de casarse con el hombre que amó y la reemplazó por la de casarse con uno que la amara a ella. Tuvo que abandonar sus ganas de bailar y de salir porque a su marido esas cosas no le gustaban. 

Aprendió en radioteatros y fotonovelas lo que tendría que ser el amor (heterosexual, de clase media, con la única consencuencia del matrimonio, la reproducción y el: él vivió feliz para siempre y ella le sirvió hasta su muerte). Vivió como pudo su historia de amor, habiendo sido dejada y habiendo dejado en el altar, encontrando en mi abuelo a un hombre que la amó a ella más de lo que ella era capaz de amar, pero que amó en ella a la mujer que aceptó sumisamente ser, no a la persona que nunca llegó a desarrollarse.

Lo único que le quedó para sí fueron los detalles. Si en los pequeños detalles está el demonio, al desatenderlos pudo transmitir parte de su infierno.

Cocinaba, pero siempre dejaba algún carozo de aceituna en el relleno de las empanadas, nunca pelaba del todo los huevos duros para que al morderlos sintieras ese crunch generador de náuseas, mezclaba lengua junto con la carne al hacerla picada, ponía ajos de más a la salsa de tomate o sobreusaba el aceite como forma de asesinato lento, a razón de tres litros por semana cada dos personas.

Aprendió a dejar siempre algo sucio aunque nunca se negó a limpiar, fregar, lavar, barrer y repasar. Cada seis vasos o tazas, siempre había una que guardaba restos de la bebida anterior. Cada par de cubiertos tenía un tenedor o cuchillo con algo indescriptible pegado. Cada diez platos, dos quedaban transformados en uno por la falta de enguajado. En las huellas que dejaba en el baño siempre podía adivinarse la historia íntima del habitante anterior.

Te levantaba para que no llegaras tarde al colegio, con los infalibles métodos de tirarte agua, darte palos o bajarte desnuda de la cama de un tirón. Te cantaba canciones para ayudarte a dormir, pero esas canciones terribles en que descuartizaban muñecos y faroleras eran abordadas por pedófilos o barqueros intentaban cobrar en especie el viaje a las lindas.

Lavaba las medias, pero las guardaba con las de otro par. Cosía las prendas rotas, pero siempre con hilos de otro color. Doblaba la ropa, pero siempre de forma que se vieran después las líneas. Cebaba mate, pero siempre con agua fría. Hacía té, pero siempre dejando el saquito adentro más tiempo del necesario. Calentaba la leche, pero siempre dejándola hervir sobre la hornalla. 

Vistió siempre la pollera distintiva del género al que nació, logrando de algún modo no exhibir ni una pizca de sensualidad. Fue especialista en análisis del discurso, utilizando de forma inconsciente recursos linguísticos que su educación de tercer grado no habría podido darle, para dar cumplidos que en realidad eran críticas y disfrazar todo tipo de mensajes negativos de lo que no eran. Si te decía que algo te quedaba bien, quería decir que estabas gorda. Si te decía que estabas gorda, quería saber si estabas embarazada. Si le presentabas un novio, lo comparaba con los anteriores. Si no le presentabas novios, te decía que era porque estabas engordando.

Dio a luz a algún hijo muerto. Perdió a uno en un brote histórico de enfermedad que hoy solamente encontramos en los libros o en países lejanos y a otro en un brote contemporáneo de ignorancia en la práctica. Maltrató física y simbólicamente a los que le nacieron vivos, porque ser madre era poco más que parir y transmitir la violencia que le habían transmitido. Intentó ser para sus nietos lo que no había sido para sus hijos, pero también intentó que sus nietos fueran lo que sus hijos nunca habían sido.

Jamás fumó, bebió, se drogó ni adoptó ningún vicio. Un poco por economía del hogar, otro poco por el qué dirán. Lo único en la vida que le dio placer fue la comida, que le estaba permitida casi sin restricciones porque como madre y mujer casada podía echarse a perder el cuerpo y en donde depositó lo poco que tenía o le quedaba de libido. Pero era capaz de disfrutar solamente aquellas cosas que nunca podría ser obligada a cocinar, como helados, chocolates y postres finos.

Mi abuela fue una mujer, una diosa, una superviviente, una esclava pero también una soberana. El malcogimiento hoy puede ser una elección personal, pero para muchas fue una imposición de época. Cincuenta o sesenta años atrás, tanto y tan poco.

Hoy la recuerdo y la despido, con amor a quien pudo ser a pesar de vivir resistiendo a la violencia que se esperaba del mundo al haber nacido mujer, con respeto a su forma pasivo-agresiva, casi senil, de feminismo. Sé que la mujer que yo soy nunca le pareció bien, pero al menos, tendría que saber que la mujer que ella fue a mí nunca me pareció del todo mal.

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domingo

Nada peor

Dicen que estar mirando lo malo en la vida de los demás para sentirse mejor con la de un@, es consuelo de tont@s. Quizá, entonces, estar mirando lo malo en la vida sexual de los demás para sentirse mejor con la propia, es consuelo de malcogid@s. 

Una cama hecha y horizontal está formada tanto por buenas como por malas experiencias. Cada vez que piensas que no puede pasarte nada peor, surge otra situación que pareciera competir con la anterior. Y así un@ va formándose una idea de cuáles son las peores cosas que pueden pasarle en el dormitorio. Pero no termina de pasar una, que ya empieza a imaginarse, escucharse o a vivirse otra aún peor...

No hay nada peor que te la chupen con asco.

Aunque...

No hay nada peor que te la metan en seco.

Aunque...

No hay nada peor que te acaben el ojo.

Aunque...

No hay nada peor que se equivoquen de agujero.

Aunque...

No hay nada peor que te comparen los genitales con los del/a ex.

Aunque...

No hay nada peor que intercambio con una pareja divorciándose. 

Aunque...

No hay nada peor que fluidos que huelen o saben mal.

Aunque... 

No hay nada peor que mancharse mucho durante el sexo anal.

Aunque...

No hay nada peor que uñas largas para masturbar.

Aunque... 

No hay nada peor que un condón que se queda adentro.

Siempre habrá algo peor que le haya pasado a alguien más o a un@ mismo en otro momento. Y nunca perdemos la esperanza de que lo mejor está por venir, y en la cama, que estamos por venirnos mejor.

Pero, definitivamente, lo peor de todo es...

viernes

Juramento a la noche

Escuchad mis gemidos.
Sed testig@s de mis placeres. 
La noche nos liberará de las ataduras del día.
Hoy continúa mi vida sexual. 
No terminará hasta el día de mi gran muerte.
No poseeré cuerpos, 
no tomaré compañer@s sexuales por compañer@s de vida,
no engendraré hij@s si así no lo planifico.

Viviré de noche y moriré al desnudo.  
Soy los genitales de la oscuridad.
Soy el vigilante del deseo sexual.
Soy la pasión que arde contra la apatía, 
las tinieblas que no tienen amanecer, 
el orgasmo que despierta a los insensibles, 
el escudo que protege al mundo del malcogimiento. 
Entrego mi vida y mi honor a los placeres de la noche y a todas las que estén por venir(se). 

 Versión pélvica del Juramento de la Guardia de la Noche, de Juego de Tronos por J. R. R. Martin. 


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domingo

Amantes (4)

Nunca creí que pudiera sentirme atraída por otra mujer. Amo mirarme al espejo, recorrer mi propio cuerpo cada vez que algún compañero de cama no me satisface, caminar en lencería imaginando ojos lujuriosos que me vigilan y manos que se autosatisfacen, incluso a veces sabiendo que esos ojos y manos están realmente ahí, los de algunos de los hombres que viven a mi alrededor...

Mi abuelo, mi padre, mis hermanos, los amigos de mis hermanos,  mi marido, mis hijos, mi novio, su amigo, mis amantes. Mi vida siempre estuvo rodeada de hombres, entre ellos y con ellos dentro, siempre me sentí a gusto.
Incluso cargando a cuestas alguna que otra mala experiencia de cama con el sexo opuesto: un par de violaciones en la adolescencia, algún que otro par de forzamientos en la adultez joven y más mentiras de las que se puede intentar creer en la adultez.

Siempre fui bastante puta, de higiene mínima y de gusto sencillo: bastaba que una persona tuviera pene, para que tuviera la posibilidad de seducirme y meterse en mi cama. Pero nunca había considerado siquiera la posibilidad de tener sexo con una igual. Salvo en aquellos casos en que alguien con pene traía a alguien sin pene a la cama para avivar la llama de su pasión, aunque la mía siempre se avivó sola y hasta se quemó cada vez que vi el placer que puedo generar en un hombre, sola o acompañada.

Incluso pude explotar ese gusto por los hombres y el gustarles a cambio para progresar en la vida: conseguí un marido que me mantuvo económicamente, nunca necesité trabajar ni volví a afrontar malos tratos. Encontré tiempo para manterme en buen estado físico y con el aspecto de una mujer joven, aún cuando ya no lo soy. Y nunca me faltó tiempo ni permiso para disfrutar a otros hombres.

La vida era buena, y justo cuando empezaba a creérmelo, la conocí.
Nunca creí que otra mujer pudiera sentirse atraída por mí. Siempre fui la debilidad de todo hombre que posara en mí su mirada dos veces, pero... ocurrió. Nos encontramos construyendo una historia propia entre historias ajenas. Hubo una conexión desde el principio, a pesar de nuestra diferencia de edad, de formas de vida y estilos de ser mujer. Yo creí que había encontrado a mi compañera perfecta de aventuras: sin prejuicios ni juicios, sin límites, sin preguntas, sin horarios, con unas ganas de coger similares a las mías, aunque una forma de relacionarse con los hombres que para mí era desconocida. 

Una noche, como tantas otras, salimos a bailar. Y ella logró seducir al local entero, bailando como una loca, bebiendo como un grupo de locas y disfrutando como la locura misma. Llevaba una minifalda, unas botas rojas y un escote inevitable de mirar. En un momento me acorraló contra una pared y me comió a besos. Toleré el placer de fuente tan inesperada todo lo que pude, hasta que sentí miradas sobre nosotras y tuve que apartarme. Ella no volvió a intentar besarme, siguió divirtiéndose hasta el agotamiento. Su indiferencia y algo de su indefensión de borracha entredormida me terminaron de decidir en el camino de vuelta. Fui yo la que la acorraló contra la pared esta vez. Y los besos que siguieron fueron buscando las profundidades. Cuando terminamos, yo temblaba de la emoción. Me bañó con cariño y me ayudó a vestirme. Intentó acompañarme a casa, toda una caballera, pero estaba tan confusa que no se lo permití. Hubo más historia entre las dos, y entre tres, cuatro y hasta cinco, pero no pude vencer la lógica de mi propio personaje y una noche menos divertida que la anterior, empezamos a formar parte del pasado sexual y no del presente placentero.

No entendí hasta hoy que ella se convirtió en un cliché femenino para llegar a mí. Y lo logró. Llegó tan profundo en mi interior que el placer que me dio podría haber competido con el que fue capaz de despertarme cualquier hombre. Y aún hoy, cada tanto, cuando me la meten bien metida, cuando logro mojarme y correrme como aquella vez, me pregunto si se la estarán metiendo también, si estamos juntas aunque sea en ese instante, como otr@s que miran la luna al mismo tiempo en la distancia y se sienten más cerca.

viernes

La noche

La noche tiene ese no se qué que el día no tiene.




La noche evita que nos avergoncemos de nuestras fantasías más oscuras.

La noche se comunica a través de silencios y orgasmos.


La noche puede cambiar el curso del día.

La noche sacia el deseo de ser insaciable.

La noche es un recordatorio de nuestra propia oscuridad.

La noche es la posibilidad de no despertar... o de nunca dormir.

La noche es la vagina del tiempo.

La noche tiene los ojos cerrados pero los oídos abiertos.

La noche es una deuda del placer que se paga al amanecer.

La noche nos enfrenta con la realidad de los sueños.

La noche es un camino al hogar que me hice en tu cuerpo.

La noche fue la celestina de nuestra pasión.

La noche es el secreto que el día nunca podrá revelar.


La noche es la Aventura de las Almas apasionadas en Futuro Nómada, por @korzanj  
La noche es lo que es, y no lo que queremos que sea. Aunque de vez en cuando, algo pasa de noche que hace que esa noche deje ser la y empiece a ser nuestra. 

miércoles

Me gustas

Versión propia de Me gustas tú, de Manu Chao

Me gusta coquetear, me gustas tú.
Me gusta el sexo oral, me gustas tú.
Me gusta el mañanero, me gustas tú.


Me gusta el semen, me gustas tú.
Me gusta soñar con el derecho a decidir, me gustas tú.
Me gusta menstruar, me gustas tú.


Me gusta mojarme, me gustas tú.
Me gusta complacerte, me gustas tú.
Me gusta la lluvia dorada, me gustas tú.
Me gusta tragar, me gustas tú.


Me gusta la anticoncepción, me gustas tú.
Me gusta el beso oscuro, me gustas tú.
Me gusta un cream pie, me gustas tú.
Me gusta la noche, me gustas tú.


Me gustan las camas, me gustas tú.
me gustan los vecinos que escuchan, me gustas tú.
me gusta la previa, me gustas tú. 


Me gusta la igualdad, me gustas tú,
me gustan nuestras (des)orientaciones sexuales, me gustas tú.
Me gusta la luz, encendida o apagada,  durante y
me gusta que me digas puta cuando me siento así.
 
Me gusta sin lubricar, me gustas tú. 
me gusta sin depilar, me gustas tú.
me gusta el consentimiento, me gustas tú.


Me gustas tú, porque me gusto yo.
Si no te gusto yo, me sigues gustando tú.
No pretendo gustarte pero espero que me sigas gustando.
¿Te gustó?

domingo

Contras preexistentes

Nos quejamos cuando una obra social o prepaga no acepta personas con enfermedades preexistentes, y con razón. Pero quizá no nos damos cuenta de que en cuanto a nuestras relaciones interpersonales más íntimas, también dejamos afuera a personas con contras anteriores al momento de conocernos que sentimos que son un obstáculo total para poder sostener la relación en el tiempo.

Hasta dónde esto es un mecanismo de autoprotección  o hasta donde es lisa y llanamente discriminación, cada quien sabrá. Tampoco es cuestión de meterse a cualquiera adentro del corazón o del calzón, aún cuando aceptemos por convivencia social de la forma más respetuosa que nos es posible, interactuar con todo tipo de personas (en la calle, en los medios de transporte, en los trabajos y en los espacios de consumo o recreación).

A veces nos sorprende el amor, esa necesidad de compartir cada momento con el otro, en plena aceptación de todas sus cargas, sus contras y sus defectos. Pero también ahí existe la opción, de aceptar ese sentimiento y encarar una relación estable, sin importar todo lo que haya en contra o de dejarlo pasar. Otras veces nos sorprende el compromiso, esa obligación de respetar relaciones que hemos aceptado y llevado adelante en algún momento de nuestras vidas por razones distintas al amor, como la conveniencia, la causalidad, los hij@s, la necesidad y hasta la casualidad.

Algunas posibles contras preexistentes...

Sigue enamorad@ de su ex.

Tiene hij@s.

Existe una gran diferencia de edad.

Le dejaron antes de casarse.

Es pobre.

Es bisexual.

No puede o no quiere tener hij@s. 

Vive lejos.

Eligió otro género distinto del de nacimiento.

Puso o le pusieron una orden de restricción.

Tiene un desorden alimenticio.

Es ninfóman@ o multiorgásmic@.

Trabajó haciendo películas porno.

Tiene problemas legales.

Es vegan@ o es carnívor@.

Tiene una adicción.

Alguna vez mató a alguien.

Es anorgásmic@ o asexuad@.

Se casó y se divorció más de dos veces.

Tiene el pene chico o la vagina grande.

Cree en fantasmas o no cree en fantasmas.

Siempre engaña o siempre fue engañado.

Quiere encontrar el amor a toda costa.

Es mala cama.

Está preparad@ para el apocalipsis zombie o no lo está.

No sabe besar.

Mira TV o no mira TV.

No recicla.

Odia tu comida preferida.

Es fanático de algún deporte.

Está sin trabajo.

No tiene proyectos o tiene demasiados proyectos.

Es extremadamente religios@.

No lee o lee demasiado.

Tiene faltas de ortografía. 

Mira o no mira pornografía.

Existen contras preexistentes muy comunes, que ya compartimos socialmente sin pensarlo dos veces. Son en general cuestiones que para mí nunca tuvieron la menor importancia, por ejemplo: si "no tiene auto", si "no tiene casa propia", si es "fe@". Hay otras realmente graves, como verdaderas enfermedades preexistentes, cuadros psicológicos inestables, incapacidad de control de la ira, negación a la anticoncepción o problemáticas personales que quizá nos cueste aceptar en público que no aceptamos en nuestr@s compañer@s de cama o ruta, (y que quizá por amor nos encontremos aceptando en algún momento de nuestras vidas). Puede haber incluso contras que no es políticamente correcto aceptar que no se aceptan, como por ejemplo: "no es lo suficientemente inteligente o cult@", "ser madre o padre solter@", "se ha acostado con personas del mismo género alguna vez", "tiene tatuajes y piercings", "no tiene la misma frecuencia sexual que yo".

Tod@s tenemos contras preexistentes; para algunas personas, éstas pueden ser inaceptables y nunca se pararán a cruzar palabras con un@ dos veces (ni polvos más de una vez). También para nosotr@s las hay. ¿Cuántas veces nos habremos perdido un imperfect match por no poder hacerlas a un lado? ¿Qué pesa más en nuestra balanza mental, el amor o las contras preexistentes?