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sábado

Menstruación

El condicionamiento utiliza recompensas y castigos para reforzar las respuestas condicionadas. En el afán sociocultural de recompensar moralmente el orden biológico de las cosas y tener hijos simplemente porque tienes órganos que lo permiten, se castiga el no tenerlos, mensualmente, para que no se olvide lo que se debe y lo que se debería, escondiendo, penalizando y enfatizando la asquerosidad de que una vez al mes te desangres. 

Habiendo leído ya artículos que hablan a favor o en contra de invisibilizar o negativizar la menstruación, me propongo entonces algo más poético, más sarcástico, y casi tan doloroso como el espasmo del útero que elimina los restos de lo que no fue ni será. 
La menstruación parece que fuera una sola como las mujeres mismas que se meten todas en la misma bolsa. La mujer es esto, es lo otro, si no se ve así o asá no es mujer, si no tiene tal o cual trato con los hombres, etc, etc. La menstruación es apenas ese eufemismo violeta de calzones blancos inmaculados que nunca se manchan si usas éste o aquél producto de "higiene femenina". 

Porque claro, menstruar es un falta de higiene. Pero no todo tiene por qué ser tan color de vagina y prefiero, como siempre, ver la toallita medio llena que el tampón a medio absorber. 

Menstruaciones y no menstruación: 

Las hay rosadas, pálidas, que no duran más que unas gotas, que no alcanzan ni para manchar el calzón y que pasan casi sin dolor. Si te llevas una gota a los labios, apenas puedes distinguirla de una lágrima, porque se hace más dulce que salada. 

Las hay con goterones gruesos, como lluvia del siglo pasado, que caen tan lentamente que en vez de días sientes que pasan años hasta que finalmente se van con un último retortijón. 

Las hay como inundaciones que bajan con el furor de las mareas, sin distinguir gotas, atravesando capas y capas de piel, vello y paños, no contentas con existir entre los muslos.

Las hay con cóagulos del tamaño de frutas secas, nuditos de sangre y dolor expulsados entre malestares intermitentes, como luces sin electricidad de un árbol navideño abandonado a mitad de año.

Las hay púrpura, casi negras, que dejan unos manchones que secan rápido y se deshojan como una flor macabra o se adhieren a las superficies como un barro difícil de limpiar, dejando para siempre una marca que se lava una y otra vez con la misma culpa que la prueba de un asesinato. 

Las hay indecisas, que empiezan un par de días y después se arrepienten. Paran, esperan, recargan energías adentro como lluvia esperando el nivel perfecto de presión y humedad, para volver otra vez a gotearse para afuera cuando ya te volviste a poner calzones con puntilla y sin protector diario, o peor aún, en el medio del acto sexual durante un orgasmo. 

Las hay rojas al tono de las barras para labios antiguas, ese rouge que hoy pareciera ya no estar en el arcoiris de tonos que pueden ofrecernos las empresas de cosmética, que ya no mancha las camisas de los hombres casados que engañan ni las puntas de los penes de los hombres que pagan por unos minutos de placer oral. Y al igual que ese labial, casi sin olor, con una consistencia cremosa como de nube atrapada en frasco por un cazador de mariposas demasiado ambicioso.

Las hay marrones como corteza de árbol, escupidas de forma despareja, muchas veces formando imágenes que podrían haber sido pinturas rupestres en alguna cavidad no vaginal, con un olor profundo, no del todo desagradable, a grasa de asado caliente chorreada sobre carbones encendidos que ahora son ceniza.

Si hasta el cuerpo festeja la no vida, regalándonos colores, formas, texturas, olores, sensaciones y hasta frecuencias como para pintar un cuadro, no entiendo por qué nosotros no podemos como mínimo aceptarla. 

Cada mes te alegras de que venga, si elegiste no tener hijos, porque otro mes estás safe; si elegiste tenerlos, porque todavía existe la posibilidad física de que otro mes brille por su ausencia. 

Y aunque duele o molesta, es más grande el dolor y la molestia de sentir negado tu derecho a decidir y este recordatorio mensual de la injusta realización del derecho de acuerdo al género todavía hoy. 

Yo no tengo síndrome pre-menstrual, tengo síndrome anti-discriminación por género. Y ese no viene una vez por mes.

Si las tienes, ¿cómo son tus menstruaciones

Si no las tienes, ¿cómo te imaginas que son?