Blog de pensamientos, ejercicios de escritura y opiniones en más de 140 caracteres. No contiene imágenes explícitas (ver blog de imágenes), pero sí temas para ¿adultos? (18+): sexualidades, estereotipos, géneros, sexo, amor, relaciones, libertades, responsabilidades, erotismo. Si algo de esto va en contra de sus creencias, experiencias, pensamientos u opiniones personales, las de su religión, gobierno o sus padres, continúa leyendo bajo su propia responsabilidad o la suya.

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Miedos de niña

Los niños, niñas y adolescentes solían tener miedos comunes a la infancia y la adolescencia toda. Miedos que las personas ya convertidas en adultos recordarían a veces con incredulidad, otras con una sonrisa, por qué no con resentimiento y a veces con el mismo miedo crecido con un@, convertido en terror ante la percepción de una amenaza exterior todavía no superada. Y con casi total certeza de que cualquier otro adulto ha pasado por lo mismo.

Miedo a la oscuridad, miedo a las arañas o a las serpientes, miedo a los fantasmas, miedo a ser abducid@ por extrarretres, miedo a que nazca un nuevo hermano, miedo a que se separen los padres, miedo a tener que mudarse, miedo a hacer el ridículo (como hacerse pipí en público o miedo a que se mueran los abuelos, miedo a tener malas notas en el colegio, miedo a pelearse con con el/la herman@ o amig@ más fuerte, miedo a ser descubierto en medio de una travesura, miedo a que le encuentren masturbándose, miedo a ser abusad@ sexualmente, miedo a que le quiten su juguete/videojuego/juego/libro favorito, miedo a la enfermedad o a la muerte o a las dos. Podría seguir enumerando miedos casi hasta el infinito, hasta el punto de casi empezar a convencerme a mí misma de que el setenta por ciento que supuestamente corresponde al agua, en realidad está hecho de miedos.

Con la ruptura de la experiencia común de las infancias y las adolescencias, consecuencia de cambios económicos, tecnológicos, sociales, culturales, psicológicos, climáticos y hasta de pequeñas pero seguras evoluciones de las consciencias individuales, puedo afirmar hoy que los miedos compartidos de los que podremos reírnos, llorar, descreer, resentir o sentirnos aterrorizados en la adultez junt@s son cada vez menos. 

Como niña extraña y adolescente extrañada, compartí alguno de estos temores populares, pero creo que también padecí algunos que me fueron bastante únicos. Seguramente, a Ud. el pasará lo mismo. Y es entonces que nos regocijamos y sabemos que hemos encontrado un@ amig@ o como mínimo un par cuando sabemos compartidos esos miedos más íntimos, más distintos, menos socialemente esperables. Que hacen que el simple hecho de comprender lo que se siente temer a algo distinto significa: que no es el miedo el distinto, en realidad es uno.

Miedos de niña:
  • Miedo a la oscuridad.
  • Miedo a resultar machona y a sentirme más cómoda en compañía de varones.
  • Miedo del uso excesivo de la fuerza en el castigo físico o del ingenio en el psicológico.
  • Miedo de quedarme dormida y nunca despertar. 
  • Miedo de escuchar a mis padres tener relaciones por la noche.
  • Miedo a que un súcubo viniera a visitarme por la noche.
  • Miedo a quedar embarazada sin desearlo.
  • Miedo a que me viniera la menstruación.
  • Miedo a tener que usar corpiño y depilarme.
  • Miedo a la soledad.
  • Miedo a la violación. 
  • Miedo a que se hiciera una película de la saga del Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien.
  • Miedo a tener que comer aquello que iba en contra de mis principios.
  • Miedo a no pasar nunca ese nivel imposible de un videojuego.
  • Miedo de que me encuentren leyendo revistas y libros prohibidos.
  • Miedo al cuadro con ojos vivientes de mi bisabuela.
  • Miedo de que me guste la poesía.

Miedos de adolescente:

  • Miedo al verano.
  • Miedo al aburrimiento.
  • Miedo de la respuesta al posible uso excesivo de la fuerza en el castigo físico o del ingenio en el psicológico con una pareja.
  • Miedo a no poder dejar de responder al acoso callejero y a la posibilidad de la imposibilidad de afrontar las consecuencias.
  • Miedo al contagio de enfermedades de transmisión sexual, en especial el SIDA.
  • Miedo de morir antes de poder realizarme completamente como persona.
  • Miedo a que un súcubo no viniera a visitarme por la noche nunca. 
  • Miedo a que mis padres dejaran de tener relaciones por la noche para siempre.
  • Miedo a quedar embarazada sin desearlo.
  • Miedo a la violación.
  • Miedo a que no me viniera la menstruación.
  • Miedo a tener relaciones sexuales con alguien que quiera ponerle nombres a mis tetas y genitales.
  • Miedo a no encontrar el amor.
  • Miedo a que mi destino sea como el Arwen Undómiel, esperar y no como el de Éowyn, luchar.
  • Miedo a equivocarme de vocación.
  • Miedo a que me pidan sexo oral (ya que se suponía que eso significaba que una no era digna de respeto). 
  • Miedo a que me den ganas de escribir poesía.
  • Miedo a estar mal acompañada toda la vida (y/o reproducir patrones de organización familiar insalubres).
  • Miedo de que me encuentren mirando o imitando videos porno.
  • Miedo a que mis padres encuentren la lencería fina escondida entre las bombachas con florcitas (o de que la use y la manche mi hermana menor ya sexualmente activa).
  • Miedo a que nadie entienda mis chistes o que sólo se rían cuando los repite un hombre.  
  • Miedo a que me asocien con el nickname que usaba para tener cybersexo.
  • Miedo a que se rieran de cómo me quedaban las medias con portaliga.  
Como adulto joven extremista  y adulto extranjero a su propia época, cultura y región, esos miedos evolucionaron conmigo, algunos cumplieron su ciclo vital y murieron por el camino, otros pocos siguen creciendo conmigo.

Y sí, algunos hoy me producen risa, otros verguenza, alguno que otro sed de venganza o rencor... y lamentablemente unos pocos persistirán hasta el día de mi muerte física, ya que no creo que el mundo avance lo suficiente en el tiempo que me quede de vida para ver la amenaza exterior superada. Adivinen cuáles.