Blog de pensamientos, ejercicios de escritura y opiniones en más de 140 caracteres. No contiene imágenes explícitas (ver blog de imágenes), pero sí temas para ¿adultos? (18+): sexualidades, estereotipos, géneros, sexo, amor, relaciones, libertades, responsabilidades, erotismo. Si algo de esto va en contra de sus creencias, experiencias, pensamientos u opiniones personales, las de su religión, gobierno o sus padres, continúa leyendo bajo su propia responsabilidad o la suya.

Cajones

CRÍTICA SOCIAL Y AUTOREFLEXIÓN, GÉNEROS Y ANTIGÉNEROS, DERECHOS Y RESPONSABILIDADES, ELECCIONES DE VIDA, AMORES Y POLVOS, VIRGINIDADES Y EXPERIENCIAS, SENSACIONES Y SENTIMIENTOS, SATISFACCIONES E INSATISFACCIONES, ESTEREOTIPOS, ROLES, EROTISMO, TWITTERATURA, EVOLUCIONES, INVOLUCIONES Y REVOLUCIONES.

sábado

Rata

¿Cuántas veces después de una mala ruptura quisieras dejarle al mundo, no solamente a esa persona, el mensaje de lo que ahora representa para ti? Tirarte en paracaídas sobre el techo de su casa, gritándole lo mal que te lo hizo pasar; ir a su trabajo y debatir con sus compañer@s sobre sus cualidades y defectos que exceden el ámbito laboral; tener una entrevista con su madre y preguntarle muy seri@ por qué carajos le parió; acostarte con tod@s sus amig@s y hacer con ell@s todo lo que no hiciste con él/ella; copiar y pegar en redes sociales conversaciones por WhatsApp en las que queda en evidencia lo mala persona que fue contigo o empapelar la ciudad con alguna foto íntima no demasiado favorecedora. Quizá sea por eso que incluso hasta liberamos videos porno caseros, llevando la venganza a un extremo del que es imposible volver, modificando el foco de atención del/a HDP que te dejó, a vos como HDP despechad@, aceptando exponernos para exponer al/a otr@.


Paquita la del Barrio parece haberlo conseguido con su tema Rata de dos patas. En él propone primero descargar la ira a través de juntar dos palabras que en su combinación pueden significar más que algunas oraciones completas. Intentemos, entonces, inspirarnos en su resentimiento para recordar con cariño aquellos malos polvos que alguna vez acabaron en nuestra cama para ya nunca regresar. Para ell@s, dos palabras:

Concha seca

Pito blando

Glande amargo

Eyaculador precoz

Squirtera veloz

Culo reticente

Rasguñador/a anal

Mordedor/a clitoridiano

Escroto liso

Vulva áspera

 Paridora insaciable

Personalidad incogible

No hace falta ser animalista para sentirse insultado con esa referencia a distintas especies que además nunca llegarán a un nivel de malcogimiento similar al que puede alcanzar el ser humano. Esto se va poniendo cada vez más intenso, pasando de alusiones a los animales más desprestigiados por la humanidad como ratas y culebras hasta el ámbito esotérico o paranormal  con la mención de infiernos y espectros.  
El movimiento a nivel lenguaje es ahora pasar de dos palabras a tres o cuatro, cuando la ira afloja y el desprecio le dicta a la venganza que tiene que dejar de ser monosilábica para intentar comunicar una frase. No nos olvidemos, entonces, de aquell@s que, al compartir nuestra vida o nuestra cama más de lo deseado pero menos de lo aborrecido, han logrado dejar su huella en nuestra memoria del malcogimiento. O, resumido, como cantaba Bersuit: ¿Quién no carga un bagarto en el prontuario del corazón? Para ell@s, tres o cuatro palabras:

Genital con persona

Agrietador/a de condones

Torturador/a de esfínteres

Enemig@ del placer

Esquivador/a profesional de punto G

Prostituta de ideas

Heterosexual de clóset

Cortador/a de orgasmos

Disciplinador/a de deseos

Destructor/a de fantasías sexuales

Domador/a de pulsiones sexuales

Secador/a de conchas

Bajador/a de erecciones

Masturbación sin acabada

Lengua mal depilada
Desflorador/a de ortos

Merecedor/a de almohada facial

En un llamado a la solidaridad post-ruptura amorosa o sexual, les recuerdo que hablar mal de una persona con quien elegimos compartir nuestro tiempo o nuestra cama, habla peor de nosotros que de quien fue elegido. Nadie puede evitar equivocarse, pero podemos llevar el error con gracia, como parte de un aprendizaje, o podemos hacer del dolor un sufrimiento y llevarlo como una insignia con el nombre de quien nos lastimó o peor aún, de quien dejamos que nos lastime.
Y dedico un aplauso (interior) a todas las personas que logran hacer de su malcogimiento, un arte. Cobrar por ello y hasta conseguir personas en primera fila compartiendo el malcogimiento.

domingo

Pornoco

PORNOCO

Tiende a utilizarse este término, sobre todo, cuando se habla de la existencia de dichos pruritos sobre todo en la piel, generalmente de la cara, de una persona adolescente, de la que se estima que aún es "virgen" o está inactiva sexualmente.  Comúnmente también llamado, despectivamente, "virgo", con un tono de voz que suele aplacar toda confianza en la posibilidad de alguna vez tener sexo, porque el interlocutor le considera al portador demasiado joven, demasiado feo, demasiado aburrido o las tres. Y léase bien, "virgo", en masculino, porque "virga" no sería considerado un insulto por el doble estándar, ya que desde el mismo se espera que el hombre la ponga enseguida y que la mujer intente que no se la pongan casi para siempre.

PORNOCO

 Ponerle nombre a las cosas no es una tarea fácil, algo que se conoce como "the naming explosion" y que ocurre durante la primera infancia. Pero rellenar etiquetas con nombres que otros han decidido para las cosas, con una ideología, con un signficado, con una forma de ver, que a veces puede coincidir con las nuestras pero muchas otras veces puede yuxtaponerse o contraponerse. No vamos a embarcarnos hoy en un debate sobre "la falacia de la sinonimia", que sugiere que en realidad los sinónimos no existen, porque cada palabra tiene una leve diferencia en connotación. No me van a decir ahora que es lo mismo MAMÁ, MAMI, MAMITA, MÁ o MAMUCHA, aunque en el fondo, todas signifiquen lo mismo.

PORNOCO

Imaginen mi sorpresa cuando descubrí que el nombre correcto del grano que se explota o barrito no era en realidad éste, y que esta forma popular de referirse a él era simplemente una alusión a la falta de actividad sexual: por no coger. Este descubrimiento tuvo, a mis trece años, casi el alcance de descubrir a los cinco que el NINODORO era en realidad inodoro,

PORNOCO

Resulta que a mí se me ocurren cientos de cosas que pueden ocurrir por no coger, aunque nunca se me hubiera ocurrido que la salida de un grano fuera una de ellas. Podría entonces tomar esa denominación externa y transferirla a otras más internas; mis pornocos serán granos simbólicos en la cara de la sexualidad toda.

Por no coger... no se te cierran los orificios ni se te ablandan las protuberancias, pero se te cierra la imaginación y se te desvanecen las fantasías sexuales.

Por no coger... te fijas en lo visual y no en lo sensorial. 

Por no coger... te identificas con la pornografía pero desconoces el erotismo.

Por no coger... resientes el placer ajeno y niegas el propio.

Por no coger... esperas que te cojan pero nadie espera que tú cojas.

Por no coger... reemplazas los orgasmos por otras experiencias psicofísicas. 

Por no coger... cierras ruidosamente la persiana cuando te llegan ruidos sexuales. 

Por no coger... te importa más con quién cogen las personas, que con quien podrías coger tú. 

Y sí, estos granos simbólicos en la cara de la sexualidad, de tu sexualidad, te las digo (las leo adentro de tu cabeza con mi pélvica voz) con un tono que suele aplacar toda confianza en la posibilidad de alguna vez tener sexo sano, porque como interlocutor te considero un portador demasiado inexperto,  demasiado indeseable, demasiado falto de autoconocimiento o las tres. Y léase bien, ni en femenino, ni en masculino, ni en otro, porque POR NO COGER nos puede pasar a tod@s, pero a no a todos nos salen en la mente, el alma o el cuerpo, PORNOCOS. 

viernes

Mamadas

Hay muchas cosas que no se pueden transmitir con palabras, o que se transmiten más eficazmente sin mediar ellas. Esto es algo que, como persona de letras, me resultó extremadamente difícil de masticar y creo que escupí varias veces antes de tragar, como si de semen en mal estado se tratara. También me pelié con ese otro concepto de "una imagen vale mil palabras", simplemente por el hecho de que sé que puedo evocar mil imágenes con una o dos palabras bien colocadas. Tanto lo empujé con la lengua para acá y para allá, que me quedé con algún pelo de concha en la comisura de los labios, en el proceso de aceptación de esa dicomotía eterna: imagen-palabra.

Como dijo Coelho (sí, estoy citando a Coelho, no me disparen todavía, prometo no acompañar el texto también con música de Arjona):  "sólo aceptamos una verdad cuando primero la negamos desde el fondo del alma". No voy a embarcarme aquí en una disertación sobre ¿qué es la verdad? o ¿qué es una verdad?, así que voy a definirla rápidamente como una realidad, propia o ajena, con validez temporal o relativa o contextual, con la que podemos estar de acuerdo o no, pero que no por eso deja de existir. O quizá como en la biblia católica, negué tres veces antes de que cantara el gallo (o la gallina), para luego darme cuenta de lo mucho que me dolía la aceptación de otros lenguajes distintos de LA PALABRA.

Imágenes, olores, energías, formas de disponer(se) espacialmente, gestos y lenguaje corporal, signos y símbolos, música, silencio y sonidos, sentimientos y sensaciones... aunque éstos últimos fueron mi segunda forma de comunicar predilecta después de la palabra, sin darme cuenta.  Dentro de la categoría sensaciones, la mamada cobra un particular sentido en que es una expresión de placer que no tiene por qué ser recíproca para satisfacer a ambas partes. Una vez lo expliqué de forma muy sencilla, espero que esto sirva ahora también como explicación rápida: no se siente igual ser chupad@ que ser cogid@, ¿o sí? La respuesta que obtuve, más física que oral (valga la redundancia), es algo privado o que merecería como mínimo un post propio. Sigamos, entonces. 

Irónicamente, mamar involucra la boca, pero no palabras; las mismas son reemplazadas por lengüetazos, succiones, mordiscos, besos e ingestas parciales. Cada mamada es única, hasta cuando la comparten las mismas personas, porque aunque los elementos intervinientes sean los mismos, el mensaje que tenemos para compartir puede haber cambiado, de un momento a otro y de una mamada a otra. Hay mamadas tan dulces que son como ese "todo estará bien" que tantas veces necesitamos escuchar y que discutimos cuando finalmente lo escuchamos. Otras son tan salvajes que parece que nos estuvieran engullendo, y nos reconfortan en tanto a que nos devuelven esa sensación de pequeñez, esa finitud, tan humana y con la que tanto nos peleamos en nuestra competencia con la trascendencia espiritual. Otras ocurren con tanta naturalidad que parece que nuestros genitales fueran una espada y que la boca fuera la funda, casi sin poder existir la una sin la otra.
Hay mamadas que dicen lo siento.

Hay mamadas que dicen te amé, pero ya no.

Hay mamadas que dicen no habrá otra vez en la cama para nosotros.

Hay mamadas que dicen que volverá con el ex (quizá y sólo quizá, porque la tenía más grande).

Hay mamadas que dicen te extrañé.

Hay mamadas que dicen que eres el/la únic@ en la vida, o en la vida sexual.

Hay mamadas que dicen ¡gracias!

Hay mamadas que dicen jamás te perdonaré.

Hay mamadas que dicen te conozco.

Hay mamadas que dicen me conozco.

Hay mamadas que dicen sabes que me disfrutas más que a otr@s.

Hay mamadas que dicen rápido, rápido, acaba que ya no hay tiempo.

Hay mamadas que dicen ni se te ocurra acabar, que esto recién empieza.

Hay mamadas que dicen te deseo como el primer día.

Hay mamadas que dicen necesitas relajarte.

Hay mamadas que dicen no me esperes.

Hay muchas cosas que no se pueden transmitir con palabras, o que se transmiten más eficazmente sin mediar ellas. La aceptación de esta verdad no tiene vuelta atrás, por lo menos, en cuanto a la boca y sus posibilidades de expresión se refiere. <<Y fue así como dejé de escribir y empecé a mamar...>> bueno, así podría haber empezado este texto. Pero en lo que a mí respecta, sería una gran mentira, ya que nunca concebí ni concebiré la vida (y la vida sexual como parte de ella) sin letras ni mamadas.

martes

Paternidad/Maternidad responsable

Muchas personas piensan que ser buen padre o madre es un asunto económico, de poder darle a las criaturas lo mejor de lo mejor, a nivel vestimenta, alimentos, techo, educación y entretenimiento. 

Otros piensan que ser buen padre o madre es un asunto psicológico y sociocultural, de poder darle al recién llegad@ el más sano entramado simbólico posible desde el cual insertarse primero en un proyecto de vida de a dos para después poder proyectar los propios e integrarse a la sociedad.

Todavía existe quien considera que ser buen padre o madre es una cuestión meramente biológica, de combinar los mejores genes y cuidar extremadamente la salud física, para que los retoños logren el éxito darwiniano de la supervivencia del más fuerte o apto.

Y un@s pocos, con un autoconocimiento impecable, unas prioridades inquebrantables y en un acto de supremo sacrifico, no de egoísmo como tiende a creerse, se niegan a sí mism@s la experiencia de traer nuevas vidas al mundo, criarlas y verlas crecer, sabiendo o suponiendo que serían tan malos padres y madres que lo más lógico es ahorrarle a la juventud y al planeta todo, esa realidad.
 Hay tantas razones para no tener hijos como las hay para tenerlas; bueno, quizá hay aún más. Puede deberse a algunos de estos motivos o muchos otros, que deben explicarse porque nadie te pregunta por qué querés tener hijos, sino por qué decidiste no tenerlos
  •  malas experiencias infantiles en la primera organización familiar,
  •  el deseo de evitar repetir malos modelos de rol, 
  •  colaborar con el medio ambiente como quien recicla, evitando la superpoblación, 
  • malos genes, enfermedades congénitas graves, problemas de salud que no se desean transferir, 
  • falta del compañero ideal con quien compartir la responsabilidad y el disfrute,
  • falta de recursos suficientes para satisfacerle a otro ser humano las necesidades más mínimas,
  • tendencia a adicciones, compulsiones, mal manejo de la ira, fobias y problemas psicológicos que no se desean transferir ni compartir con otros, 
  • planificación exhaustiva del nivel de vida y noción exacta de los recursos necesarios para sostenerlo,
  • convicción de que una pareja ya es una familia y sensación de satisfacción total de a dos, 
  • estilo de vida swinger, BDSM intenso o actividades sexuales no compatibles con el cuidado de infantes, 
  • no querer pasar por la experiencia del embarazo por razones de identidad de género.  
Si uno se pone a pensar, en vez de a follar sin antes pensarlo, te voy a hacer un hijo no es ningún piropo, sino la presunción de que estarás disponible para el sexo porque eres del sexo opuesto y de que tu función social es la de parir y criar, sea esa tu elección de vida personal o no. Ser la madre o el padre de los hijos puede ser el mayor cumplido que puede hacérsele a alguien de quien estamos enamorados si ambos desean ser padres o madres, pero en caso de que una o ambas partes no lo deseen, se trata de la peor condena, la más terrible de las presiones sociales o el más sarcástico chiste.
Si bien biológicamente podemos tener las herramientas necesarias para concebir, concepción, parto y paternidad/maternidad, son tres cosas bastante diferentes. Se puede criar a otra persona como si fuera tu hijo natural aunque lo sea; se puede expulsar seres vivos de tu cuerpo como si de mocos o vómito se tratara, sin responsabilizarse en absoluto por lo expulsado una vez que el ser se separó del cuerpo; se puede concebir y decidir interrumpir el proceso de gestación, derecho a decidir que todavía no está reconocido por la mayoría de los gobiernos. Tengo vagina y tengo sexo con personas que tienen pene, o sea, tengo todo lo necesario para ser madre, si procrear se equipara a la maternidad; también tengo todo lo necesario para tirarme desde un puente, cabeza abajo, y sin embargo, elijo no hacerlo, no porque no pueda, sino porque no lo deseo o no es el momento o el plan adecuado a mi forma de vivir. 
La preocupación de tener hijos impone la necesidad de asegurarse trabajos relativamente estables, de embarcarse en grandes créditos inmobiliarios para tener qué dejar a la descendencia al morir, de generar un colchón de ahorros para asegurar que exista una base económica para el estudio o los proyectos a futuro de estas nuevas personas, y hasta la necesidad de pensar y repensar, al elegir un compañero de vida, si el otro desea también tener hijos, si será buen padre o madre, si en caso de separación podrían continuar ejerciendo maternidad o paternidad de forma responsable, aún rota la relación de la que ese hijo fue producto.
Quizá en un mundo que no te asegura trabajo, techo, seguridad de admisión y permanencia, relaciones para toda la vida y adecuados cuidados para la salud, algun@s entendimos la indirecta y tomamos la decisión más responsable. Preocupaciones que quienes ya saben que no desean tener hijos eligen no compartir (aunque muchos que biológicamente no pueden tenerlos sí desean y logran compartir o no), quizá porque saben que no llegarán a cumplirla adecuadamente, quizá porque sus energías, expectativas y posibilidades de vida involucran otras necesidades incompatibles con la dependencia de por vida que supone ser padre o madre.

sábado

Walk of shame

La caminata de la vergüenza, aquella que tenemos que hacer frente a desconocidos usando la ropa de la noche anterior porque nos quedamos dormid@s en algún lugar, o dormimos con alguien sin planificarlo o decidimos salir a la calle usando su ropa en una demostración de mal juicio o precoz intimidad, o simplemente nos pasamos de copas y tenemos aspecto "de gira".

Imagen cortesía de: http://www.mamamia.com.au/the-walk-of-shame/
 El concepto supone que son más importantes las apariencias que las experiencias, algo con lo que no puedo estar de acuerdo. Si tomé tanto que me quedé dormid@ en un lugar inadecuado, y no pasó nada totalmente desagradable, ¿por qué no debería festejarlo? Si tuve la oportunidad de tener sexo con alguien con quien no pensé que tenía posibilidades de tenerlo, ¿por qué no sentirme satisfech@? Si me la pusieron o la puse tan bien que decido vestirme con su ropa, ¿a quién hiero al hacerlo? Si me divertí de más, ¿por qué sentirme peor en vez de mejor?

Caminé muchas de ésas, siempre con la frente casi tan alta como el push-up que elevaba mis pechos, con la mirada brillante como el sol que no combinaba con mi poca ropa, con las mejillas sonrosadas como de orgasmo recién nacido y con el maquillaje corrido después de haber exudado placer. Nunca se me ocurrió tener que sentir vergüenza hasta que me encontré con esta idea. Jamás se me ocurrió que había que sentir culpa o avergonzarse de haber tenido sexo la noche anterior, de haberse ido de juerga y haberse olvidado del tiempo, de haber hecho lo que me dio la gana sin dar explicaciones a nadie.

No quiero ni empezar a sospechar que esta noción tiene algún propósito pedagógico o moralista, poniendo énfasis en que el hombre no tiene nada de qué avergonzarse si duerme afuera, si se pasa de copas o si se acuesta con quien se le da la gana y la mujer sí, porque me enojaría mucho y escribiría desde el extremo más feminista que pudiera encontrar en mí, que linda en el feminazismo que tanto abunda y tan poco aporta.

También te puede pasar, y es peor todavía que frente a desconocidos, encontrarte a alguien conocido. Ahí entran otro tipo de explicaciones, de horarios, razones, circunstancias, deseos y actividades. Hoy por hoy te sacan fotos que colgar de sus muros de facebook; si mostrarte en no-tu-mejor-aspecto es más importante que cuidar tu privacidad y respestar tus decisiones de vida, lo siento, podrá ser un CONTACTO DE UNA RED SOCIAL pero éso, éso no es un@ AMIG@.

La caminata de la verguenza es la base de una cacería de brujas a todo quien disfruta, y por ende, es una demostración suprema de malcogimiento.

Walk of shame... shame on you! 
Walk of shame... walk of I´m still in the game!

Mejor que les de vergüenza a los que miran por arriba del hombro sintiéndose más importantes que los demás porque sus elecciones de vida son distintas, a los que nunca cogen y siempre están pendientes de lo que cogen los otros y a los que priorizan la apariencia antes que la vida misma.

Cortesía de: https://thewalkoshame.files.wordpress.com/
 ¡Vergüenza tendría que darles a Uds. estar muert@s en vida y disfrutar más los momentos de exposición de los demás que de un buen polvo!


miércoles

AMANTES (8)

Éramos de esas amigas de la primaria y la secundaria que se siguen viendo el tiempo suficiente después de terminar el trayecto escolar para convertirse en adultos jóvenes que compiten por ver quién acumula los primeros logros, los primeros sueldos y los primeros orgasmos.

Yo tuve mi primera vez durante el viaje de egresados, con mi novio desde primer año. Su nombre, Juan, tan corriente como el mío, Ana. Y ambos, tan cortos y comunes como nuestro primer polvo en esa habitación de hotel, como la excusa que dimos de que no había pasado nada, como los golpes, chistes y risas al otro lado de la puerta por parte del resto de los egresados que no la pusieron.

Ella supuestamente seguía virgen, pero yo sabía que se masturbaba como loca y siempre ostentaba un fuerte sentido del humor sexual, que a veces hasta llegaba a incomodar o parecer ordinario. Quizá como chiste pesado, alguna vez rozó mis labios al saludar, me masajeó de más al ponerme bronceador o dejó que su mirada se fijara un instante más de lo socialmente aceptable en mi tanga durante una pijamada.

Mi cuerpo nunca fue perfecto: una cintura de avispa con una de esas caderas y culo que suelen llamar de araña pollito, pero que yo convertía en trasero "rif" encasquetándolo en jeans muy ajustados. Mi cara nunca fue perfecta: una nariz de las que suelen llamar de chancho quitaba todo protagonismo a mis ojos simpáticos y a mi gran boca carnosa. Mi piel nunca fue perfecta: de tez casi morena, áspera, llena de diminutos granitos que siempre tuve y que hicieron que acariciarme fuera como lijarse las manos. Mi personalidad nunca fue perfecta: más bien callada, aunque con tendencia a usar ese aire de timidez para manipular; decía gomitar en vez de vomitar y usaba el flirteo infinito para mantener el interés de otros y la estima propia, llegando rara vez al sexo.

Jamás me interesó nada con ella, ni con ninguna otra mujer. Me gustan tanto los hombres que en mis exploraciones hasta me excedí y terminaron teniendo que darme puntos de sutura para volver a cerrar lo que el increíblemente grande pene de un compañero de trabajo había abierto de más. O usando criogenia para tratar un HPB que un ex desconsiderado se molestó en dejarme como regalo de despedida, para que no me quedaran dudas de que me había sido infiel. Sin hablar de las alarmas (falsas y no tan falsas) de embarazo con posible prueba de paternidad escandalosa e inverosímil. Tanto me gustan los hombres que ninguna de estas experiencias me resultó un obstáculo para seguir obteniendo placer de ellos.

Su cuerpo nunca fue perfecto: una de esas figuras proporcionadas que estén gordas o flacas parecen mantener siempre las curvas y el balance entre tetas, panza y culo. Su cara nunca fue perfecta: una nariz demasido ganchuda que no lograba desviar la atención de unos ojos demasiado inteligentes e invisibilizaban por completo una boca pequeña, fina, casi sin labios. Su piel nunca fue perfecta: de ese blanco teta que el sol siempre quema pero nunca tuesta, delicada, fina, casi transparente, dejando ver en ocasiones arterias y cicatrices, llena de lunares, verrugas y pecas. Su personalidad nunca fue perfecta: obsesiva de la ortografía, tan abstraída que resultaba fácil de manipular; siempre manejó varios idiomas, incluidos jerigonza y sarcasmo; incapaz de flirtear si no estaba completamente segura de querer sexo.

Jamás me interesó nada con ella, ni con ninguna otra mujer. Un par de veces la sorprendí mirándome mientras dormía, una vez masturbándose mientras me veía dormir y alguna que otra vez se me insinuó cuando estábamos muy borrachas. Nunca le dije que no, pero siempre le dije que nunca podría decirle que sí. 

Vivimos todavía alguna que otra aventura juntas (siempre hombres de por medio) antes de despedirnos para siempre, sin estar muy seguras de quién había ganado o quién había dejado de competir, pasados ya esos primeros logros, sueldos y orgasmos.
Quizá hoy que conozco el término "stouker" la hubiera denunciado, quizá aún conociéndolo nunca lo hubiera hecho. Su deseo hacia mí fue y es la única curiosidad lésbica que tuve y tendré. Y las curiosidades no matan gatos, aunque parece que sí amistades.