Blog de pensamientos, ejercicios de escritura y opiniones en más de 140 caracteres. No contiene imágenes explícitas (ver blog de imágenes), pero sí temas para ¿adultos? (18+): sexualidades, estereotipos, géneros, sexo, amor, relaciones, libertades, responsabilidades, erotismo. Si algo de esto va en contra de sus creencias, experiencias, pensamientos u opiniones personales, las de su religión, gobierno o sus padres, continúa leyendo bajo su propia responsabilidad o la suya.

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viernes

Mamadas

Hay muchas cosas que no se pueden transmitir con palabras, o que se transmiten más eficazmente sin mediar ellas. Esto es algo que, como persona de letras, me resultó extremadamente difícil de masticar y creo que escupí varias veces antes de tragar, como si de semen en mal estado se tratara. También me pelié con ese otro concepto de "una imagen vale mil palabras", simplemente por el hecho de que sé que puedo evocar mil imágenes con una o dos palabras bien colocadas. Tanto lo empujé con la lengua para acá y para allá, que me quedé con algún pelo de concha en la comisura de los labios, en el proceso de aceptación de esa dicomotía eterna: imagen-palabra.

Como dijo Coelho (sí, estoy citando a Coelho, no me disparen todavía, prometo no acompañar el texto también con música de Arjona):  "sólo aceptamos una verdad cuando primero la negamos desde el fondo del alma". No voy a embarcarme aquí en una disertación sobre ¿qué es la verdad? o ¿qué es una verdad?, así que voy a definirla rápidamente como una realidad, propia o ajena, con validez temporal o relativa o contextual, con la que podemos estar de acuerdo o no, pero que no por eso deja de existir. O quizá como en la biblia católica, negué tres veces antes de que cantara el gallo (o la gallina), para luego darme cuenta de lo mucho que me dolía la aceptación de otros lenguajes distintos de LA PALABRA.

Imágenes, olores, energías, formas de disponer(se) espacialmente, gestos y lenguaje corporal, signos y símbolos, música, silencio y sonidos, sentimientos y sensaciones... aunque éstos últimos fueron mi segunda forma de comunicar predilecta después de la palabra, sin darme cuenta.  Dentro de la categoría sensaciones, la mamada cobra un particular sentido en que es una expresión de placer que no tiene por qué ser recíproca para satisfacer a ambas partes. Una vez lo expliqué de forma muy sencilla, espero que esto sirva ahora también como explicación rápida: no se siente igual ser chupad@ que ser cogid@, ¿o sí? La respuesta que obtuve, más física que oral (valga la redundancia), es algo privado o que merecería como mínimo un post propio. Sigamos, entonces. 

Irónicamente, mamar involucra la boca, pero no palabras; las mismas son reemplazadas por lengüetazos, succiones, mordiscos, besos e ingestas parciales. Cada mamada es única, hasta cuando la comparten las mismas personas, porque aunque los elementos intervinientes sean los mismos, el mensaje que tenemos para compartir puede haber cambiado, de un momento a otro y de una mamada a otra. Hay mamadas tan dulces que son como ese "todo estará bien" que tantas veces necesitamos escuchar y que discutimos cuando finalmente lo escuchamos. Otras son tan salvajes que parece que nos estuvieran engullendo, y nos reconfortan en tanto a que nos devuelven esa sensación de pequeñez, esa finitud, tan humana y con la que tanto nos peleamos en nuestra competencia con la trascendencia espiritual. Otras ocurren con tanta naturalidad que parece que nuestros genitales fueran una espada y que la boca fuera la funda, casi sin poder existir la una sin la otra.
Hay mamadas que dicen lo siento.

Hay mamadas que dicen te amé, pero ya no.

Hay mamadas que dicen no habrá otra vez en la cama para nosotros.

Hay mamadas que dicen que volverá con el ex (quizá y sólo quizá, porque la tenía más grande).

Hay mamadas que dicen te extrañé.

Hay mamadas que dicen que eres el/la únic@ en la vida, o en la vida sexual.

Hay mamadas que dicen ¡gracias!

Hay mamadas que dicen jamás te perdonaré.

Hay mamadas que dicen te conozco.

Hay mamadas que dicen me conozco.

Hay mamadas que dicen sabes que me disfrutas más que a otr@s.

Hay mamadas que dicen rápido, rápido, acaba que ya no hay tiempo.

Hay mamadas que dicen ni se te ocurra acabar, que esto recién empieza.

Hay mamadas que dicen te deseo como el primer día.

Hay mamadas que dicen necesitas relajarte.

Hay mamadas que dicen no me esperes.

Hay muchas cosas que no se pueden transmitir con palabras, o que se transmiten más eficazmente sin mediar ellas. La aceptación de esta verdad no tiene vuelta atrás, por lo menos, en cuanto a la boca y sus posibilidades de expresión se refiere. <<Y fue así como dejé de escribir y empecé a mamar...>> bueno, así podría haber empezado este texto. Pero en lo que a mí respecta, sería una gran mentira, ya que nunca concebí ni concebiré la vida (y la vida sexual como parte de ella) sin letras ni mamadas.