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Cajones

CRÍTICA SOCIAL Y AUTOREFLEXIÓN, GÉNEROS Y ANTIGÉNEROS, DERECHOS Y RESPONSABILIDADES, ELECCIONES DE VIDA, AMORES Y POLVOS, VIRGINIDADES Y EXPERIENCIAS, SENSACIONES Y SENTIMIENTOS, SATISFACCIONES E INSATISFACCIONES, ESTEREOTIPOS, ROLES, EROTISMO, TWITTERATURA, EVOLUCIONES, INVOLUCIONES Y REVOLUCIONES.

sábado

Entrenamiento pélvico

Siempre he dicho que el sexo es un buen entrenamiento, y no solamente físico, sino para entrenar también lo social, lo (cunnin)linguístico, lo oral, lo espiritual, lo moral, lo (diet)ético y lo mental.

El sostener una rutina o frecuencia sexual diaria o semanal, además de los músculos del cuerpo, ejercita los del carácter reforzando la disciplina, la constancia y el esfuerzo.

Puede fomentar la competitividad, ya sea intentando superarse a uno mismo cuando te acuestas siempre con la misma persona o a los demás cuando te acuestas siempre con una persona distinta, en cuanto a resistencia, duración, nivel de placer, cantidad de acabadas, etc. 

Emocionalmente, la postergación de la satisfacción hasta el final del día, es una buena estrategia para mantener el buen humor y establecer un sistema de recompensas personal más sano que otros. Además, el poder esperar es un indicio de una inteligencia emocional más desarrollada que quien necesita tener sexo aquí y ahora sin poder esperar.

Despúes de un buen orgasmo, puedes lograr la relajación similar al momento posterior a la natación, el insight y la conexión cuerpo-mente de yoga, el fortalecimiento muscular de pilates, el cardio de una caminata y el sensual lenguaje corporal estudiado y seguro de quien practica danza, patín artístico o algún tipo de baile.

Un deporte con pelota podría ser parecido a acostarse con hombres, y un deporte que tenga por objetivo embocar, con mujeres; una orgía podría ser el equivalente de los deportes en equipo, y la masturbación, el de los deportes para practicar de a uno. Sigan Uds. con su crossfit, con su gimnasio, con su tryhardeadera física, que si quiero yo que me miren el trasero mientras ejercito, lo hago en la cama y miro yo también.

Por eso hoy te propongo un entrenamiento íntimo...

Entrenar tu vulva para que se moje cuando me vea.

Entrenar tu pene para que el glande lata cuando no me vea.

Entrentar tus manos para que te toquen como yo y que no puedas dejar de decir mi nombre cuando te masturbas.

Entrenar tus ojos para que encuentren detalles míos en otros cuerpos y otras personas.

Entrenar tu boca para que ya no reconozca la diferencia entre besar y chupar.

Entrenar tu identidad para que el sonido del orgasmo reemplace tu nombre. 

Entrenar tu olfato para que relacione el olor a sexo reciente conmigo.

Entrenar tu corazón para que pueda autogeolocalizarse siempre en tu pecho y no se confunda nunca con tus genitales.

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domingo

El amor de otros

¿Quién no llegó a odiar las esquinas porque en ellas los enamorados suelen despedirse con un beso? ¿Quién no llegó a odiar los zaguanes que quedan en la oscuridad porque en ellos los cuerpos suelen despedirse con un orgasmo? Tras alguna ruptura escandalosa, del corazón o del calzón; tras algún engaño o autoengaño que juramos no repetir sobre la tumba de nuestros sentimientos de antaño; tras algún esfuerzo supremo por hacer pasar por amor algo que no lo era. Siempre supe que el día que llegara a odiar las esquinas o los zaguanes como todo enemigo del amor ajeno, ese día habría empezado a hacerme vieja. 

En el camino por encontrar y sostener "nuestro amor", muchas veces terminamos resintiendo o desafiando el "amor de otros". Es posible que sea un tema territorial, una huella mental de la falsa división política en países, la que nos impida entender que quien ama como amamos no existe en un país limítrofe, existe sin fronteras. No es imposible que sea un tema publicitario, una extensión psicofísica de la duda de si what you see is what you get* que experimentamos comparando el objetivo del impulso de comprar con el comercial o la foto del cartel que nos animó a consumir; nos olvidamos fácilmente que amar no es una cuestión de compra-venta.

No encontrar el amor en un otro parece el anteúltimo de los fracasos, al que podría seguirle nada más el del "ni el tiro del final te va a salir".** Esta oposición éxito-amor, fracaso-noamor (aunque para mí el opuesto sería el desamor), podría llevarnos a desconfiar tanto de quien ama como de quien no, porque el amor ya no es amor en sí mismo, sino un elemento más para probarle al mundo que no hemos fracasado en la vida, otra característica personal más como ser blanco o negro, lindo o feo, alto o bajo, flaco o gordo, rico o pobre, amado o noamado, pasible de ser vista a través del lente del prejuicio.Y es así como la cuerda con la que saltábamos en el patio de la escuela de niñ@s, se transforma en la cuerda floja por la que caminamos de adolescentes y finalmente, en aquella con la que nos ahorcamos de adultos. 

¿Por qué no podrían convivir al mismo tiempo todos los que aman? Somos tan necios que siempre terminamos como atletas en alguna competencia, juzgando que ha ganado quien llegó primero, quien transpiró más, quien se desempeñó mejor, llevando la camiseta del "amor de verdad" entre otros que imaginamos con uniformes de "un amor más". Medimos la importancia de un amor por la cantidad de años físicos pasados juntos, felices o no, en vez de por los momentos breves que no podremos borrar de nuestra alma ni en diez vidas más. O por los logros económicos de la pareja, como si una cierta cantidad de dinero pudiera traducirse a una cierta calidad de orgasmos.  O por el estado civil, que si el soltero unido es más feliz que el casado, que si el casado se divorcia pero todavía ama, que el más infeliz de todos ha de ser el viudo, a menos que se hubiera casado con alguien a quien no amó o que su único amor fuera la soltería... porque, ¿qué tendrá que ver el estado civil con el amor? Lo mismo que las esquinas, los zaguanes, los países, el marketing, los deportes, los prejuicios, los tangos, las cuentas bancarias y las cuerdas.

Mi amor y tu amor son igual de importantes. Nuestro amor y el amor de otros pueden coexistir, como muchos árboles que juntos se convierten en un bosque o en una jungla, en vez de resistir el paso del tiempo en soledad, erguidos en un cerco de concreto, si es que nadie viene a quererlos cortar.

El amor de otros no es un desafío, no es un guante echado a la cara de nuestra pasión, algo que debamos destruir porque si vive uno, muere el otro.

El amor de otros no es un reproche, una pregunta eterna por el fin de nuestra soledad, por la certeza de tus sentimientos, por la persona que ya no eres o la que dejaste pasar sin amar.

El amor de otros no es un límite, con el que choca nuestro amor porque ahí termina para que pueda empezar otro.

El amor de otros no es un incentivo, una zanahoria que seguir como un caballo, una utopía más en un mundo más hecho de lo que no es que de lo que queremos que sea.

El amor de otros no es una mentira para que el nuestro sea la única verdad. Si podemos entender que existen verdades a medias, los amores (que se dicen ser siempre a medias porque cada persona es un tercio, un cuarto o una mitad) no por estar incompletos, están descartados como amor.

El amor de otros no es una broma, de la que reírse cuando pone en juego tu sentido común, tus experiencias, tu credibilidad.

El amor de otros no es una amenaza, no es un acto de terrorismo existencial que pretende dinamitarlo todo, no es una cuestión de vida de uno y de muerte del otro.

El amor de otros no puede afectar nuestro amor negativamente. Simplemente, está ahí para hacer del mundo un lugar en donde amar sea más probable, menos imposible. En donde cada vez sea más creíble que todavía se puede amar y ser amado. Y jamás llegar a odiar las esquinas ni los zaguanes ajenos, porque sabemos que nuestro futuro o nuestro recuerdo, está lleno de esquinas y zaguanes propios.

*lo que ves, es lo que hay
**Desencuentro, Goyeneche, tango 1962.

OTRA VIDA SEXUAL EN CIFRAS

Varias pajas por mes, casi siempre para ser mirad@, casi nunca en soledad.

Fantasías sexuales seleccionadas de películas y del imaginario colectivo; cumplidas las de hacerlo en el ascensor, vestid@ de colegiala y gang bang, el resto sin o a medio cumplir. 

Toneladas de pastillas anticonceptivas pagadas, un par de kilos de las de día después financiadas, gramos de condones prestados y un aborto pagado en cuotas. 

Miles de rapidines en el auto, la mitad gratuitos y la otra mitad pagadas en dinero o simbólicamente. 

Una ETS a medio curar.  

Ni una falsa alarma de embarazo real, una inventada para enganchar. 

10 noviazgos, dos cuernos bien puestos y una paja y media a espaldas del/a susodich@. 

1 revolcón con alguien del mismo sexo una noche de alcohol. 

1 esposo/a que podría ser mejor y 1 hijo/a que podría ser peor. 

1 alter ego tuitero con pocos followers y 1 blog en el que nunca se escribe. 

72 caídas en la tentación de enviar fotos desnudas a números de teléfono desconocidos. 

109 necesidades de mantener la luz apagada durante el polvo.

15 orgasmos de corredor/a y 250 orgasmos musicales.

3 tangas/zungas desaparecidas en acción. 

5 cosas de la que se arrepiente de haber hecho en la cama y 1 que se arrepiente de no haber hecho. 

Importante cantidad de mililitros de fluidos escupidos durante el sexo oral. 

1 corazón sin tocar, 1 culo poco tocado y 1 mente intocable, por no decir, incogible.



Otra vez, los mismos que

Los mismos que malviven, malcogen. Pero también los mismos que malcogen, malviven. Y peor aún, los mismos que malcogen, malparen. Y los que son malparidos, tienden a malcoger, por ende, a malvivir. Entonces, ¿qué posiblidades reales existen de erradicar el malcogimiento como mal social a largo plazo, si además de no poder controlar el malvivir ni el malcoger, no podemos evitar el malparir? Otra vez, somos los mismos malcogidos de siempre.

El malcogimiento hoy, como me comentara no hace mucho @AUAMELL , ya es una categoría de análisis psicológico, cosa que no ocurría cuando comencé a escribir sobre él y que todavía no estoy muy segura de si favorece o no su tratamiento a través de la experiencia propia, el autoconocimiento y el pensamiento propio. Es posible, sin embargo, que gane así finalmente la atención o consideración pública que merece; ya que lamentablemente no nos permitimos crear por nosotros mismos las categorías que utilizamos para interpretar las realidades, y no le damos ni un mínimo de importancia a las creadas por personas que no hayan obtenido o demostrado un cierto reconocimiento social, mediático, académico, cultural, económico, etc. Ya tocará seguir explorando y escribiendo sobre el malcogimiento en los medios, en los establecimientos educativos (especialmente en el nivel universitario), entre las clases sociales y hasta de la tensión malcogida entre identificación total y anonimato... a mí o a otros más capacitados o mejor reconocidos.

Parece que no fui la primera ni la única en la cama de nadie ni en reconocer ciertas correlatividades sutiles entre distintas formas de conducirse públicamente y otras formas de conducirse en la cama, o sea, en privado. Y también la relación opuesta, pequeños gestos de cama que develan/revelan hasta en un encuentro sexual de una sola noche, contundentes detalles sobre la forma de ser o de actuar de nuestr@ compañer@ sexual fuera de los límites de la cama (que podemos querer conocer o no).

Y volviendo a lo de los gestos particularmente, no hace falta ser el especialista en microexpresiones faciales de la serie Lie To Me ni autor de best-sellers para reconocer a una persona egoísta en la cama, a alguien que miente para coger o distinguir a alguien muy limpio de otro no demasiado higiénico. Aún así, les presento un fragmento (lo legalmente permitido) de La biblia del lenguaje corporal, de Judi James, de Editorial Paidós, que puede desde su área de especialidad y su experiencia en el ámbito de la reprogramación del lenguaje corporal, agregar algo más de luz a esto de las "correlatividades malcogidas".

Ella plantea en las páginas, 174 y  175 que: "En la mesa
  1.  Si no es muy pulido comiendo, puede dar a entender que en la cama se comporta de la misma manera. 
  2.  Si utiliza las manos para coger comida o para chuparse los dedos, parecerá un obseso sexual, alguien que disfruta del sexo, pero a quien no le importa mucho cómo llega a conseguirlo.
  3.  Si eructa o hace ruido al comer, parecerá el tipo de persona que cree que tirarse pedos bajo las sábanas es divertido.
  4.  Si come muy rápidamente, lo clasificarán como a una persona que busca la gratificación inmediata, alguien que busca placer, pero que acaba en un segundo.
  5.  Si deja lo mejor para el final y come despacio y con cuidado, dará la imagen de ser una persona que apalza la gratificación, alguien que trata el sexo como una habilidad y que va intensificando el placer poco a poco.
  6.  Si hace ruido al sorber, parecerá un amante desinhibido, algo que no es necesariamente positivo.
  7.  Si come con ansia, es posible que su pareja asuma que el sexo no entra en el menú de la noche. Está demasiado ocupado llenándose el estómago para luego poder competir en ningún tipo de olimpíada sexual. 
  8.  Si es quisquilloso con la comida y se deja mucha en el plato, dará a entender que el sexo no le gusta y que el preocupa despeinarse.
  9.  Si analiza el menú para buscar posibles fuentes de alergia o la procedencia ecológica de los productos, parecerá el tipo de persona que exige una revisión médica completa antes de dar ni siquiera un beso de buenas noches". 
No es casual, ni tampoco es nueva, la relación entre las necesidades fisiológicas y las necesidades del alma, en esto que llamamos humanidad. Comer, dormir, defecar, coger. Más todas las angustias que nos produce el hecho de no poder evitar tener que comer, dormir, defecar y coger. Más todos los placeres que nos produce el hecho de no poder evitarlo tanto como comer, dormir, defecar y coger. Más los derechos a comer, dormir, defecar y coger, con las obligaciones que se desprendan de ellos cuando comemos, dormimos, defecamos y cogemos en sociedad. No es sorprendente en este contexto que los modales de cama puedan llegar a relacionarse con los modales de mesa, o viceversa.

Paradójicamente, me identifico tanto con los puntos 1 a 3 como 5 y 9, que más que parecer complementarios, parecieran opuestos. Creo que esto no hace más que dejar en evidencia una cierta tensión personal entre el malcogimiento y el bienestar sexual. Pensándolo bien, no, no es tan paradójico, porque así anduve y ANDO: resolviendo mi malcogimiento como puedo, para no contribuir a la insatisfacción social. Habiendo logrado ya dejar de malvivir y evitando malparir por mis propios medios, no logra todavía dejar de malcoger del todo aunque sí haya logrado evitar permitir ser malcogida por otr@s. Otra vez, si bien ya no soy la misma malcogida de siempre, convivo en privado con mi mismo malcogimiento del pequeño siempre que encierra la fecha de mi nacimiento a la de mi (gran) muerte.

¿Con qué puntos te sentiste identificad@ en la mesa y en la cama? ¿En qué nivel de habilidad de manejo del malcogimiento, propio y ajeno, dirías que te encuentras? 

Sugar in my bowl

Tengo ganas, tienes ganas. ¿Cogemos? ¿Querés coger? Cuando te agarre, te parto al medio. Te deseo. Te necesito. Te la voy a dar. Metémela, pero ya. Usámela toda. No puedo esperar a la noche. Mañana pedite el día, porque no vas a poder caminar. Las formas de pedir placer a un otro son casi tan únicas como el placer que requerimos. ¿Algo de esto te parece conocido? Cuando nos convoca el lugar común de la cama, no diré que somos tod@s iguales, pero muchas veces recaemos en recursos parecidos. 

Hay quien deja mensajes escritos con vapor o labial en los espejos, papelitos pegados en diferentes lugares o chocolates con mensajes en los bolsillos. Hay quien prefiere mensajes de texto, DMSDECOGER, o putifotos sino avatars de pene, para intentar hacer coincidir los apetitos. Pero tod@s sabemos que una mala sugerencia de sexo, una mala entrada, puede hasta impedir que ocurra justo lo que pretendíamos lograr. El pequeño juego de la seducción, sino de la conquista, sigue vigente incluso en relaciones monogámicas y de años, si es que siguen teniendo sexo, claro. Para algun@s es innecesario, para otr@s es parte de los juegos previos y algun@s otr@s no pueden imaginarse el acto sexual si no hubo antes algo que inspire o ponga en tema.

¿Nunca te pasó que te morías de ganas, pero eligieron mal el tono, las palabras o el momento y se te bajó/secó? ¿Un mami, un a papá mono con banana verde, un hoy te cojo sin forro o un te hago un hijo que lograron el efecto contrario al esperado? Y, ¿nunca te pasó que se morían de ganas, pero elegiste mal el tono, las palabras o el momento y se les bajó/secó? ¿Un te va a caber como anoche, un hoy vas a gritar otros nombres porque te voy a coger como una desconocida, un soy toda tuya o un quiero que me rellenes todos los agujeros que redoblaron la expectativa, que presionaron alguna fibra antigua o que hicieron recordar a algún/a ex? Quien diga que nunca le pasó por ahí se está saltando la parte de buscar y esperar el consentimiento del otro para el acto. 

Si bien nunca me gustó particularmente esa costumbre de poner un día para coger en la semana, el conocido HOY TOCA, no reniego de los códigos privados que las personas que hace un tiempo comparten su cama logran desarrollar. Si bien nunca me gustó particularmente eso de repetir clichés o frases ajenas para agradar sexualmente (o no lo necesité), comprendo que haya personas que disfruten sentirse uno más del montón. Si bien siempre me interesó sorprender, también me he cruzado personas que detestan las sorpresas.
 
Con este delicioso hilo de pensamiento en la punta del intelecto (casi como un hilo de tanga sobre la lengua) es que me permito jugar con posibles variaciones de la inteligentísma y seductora frase de Nina Simone, cuando dice I WANT SOME SUGAR IN MY BOWL. (Sí, otra vez Nina. Como un buen polvo, si lo bueno se repite, no molesta).

Como ella bien lo expresa: I feel so funny and I feel so sad... la sensación de tener ganitas que no son satisfechas, por un lado retroalimenta el deseo, por otro te hace sentir una soledad especial, más limitada que la Soledad; te da como una breve felicidad de saber que todavía tu libido puede ser poderosa cuando se concentra y la tristeza de saber que lo que te falta no es algo tuyo, es algo que sí o sí te lo tiene que dar o llenar un otro.


Necesito un poco de azúcar en mi taza.

Necesito que me abras el frasco de mermelada interior.

Necesito un cambio de lamparita en la habitación.

Necesito un poco de leche en mi café.

Necesito un poco de manteca en mi pan.

Necesito un poco de queso rallado en mi plato de pastas.

Necesito un poco de lubricación en las bisagras de la puerta. 

Necesito unas miguitas para el palomar.

Necesito un corcho para mi botella.

Necesito levadura para la pizza. 

Necesito anteojos para el sol.

Necesito agua para mi balde.

Y después de azucararme, abrirme, cambiarme, enlecharme, enmantecarme, espolvorearme, lubricarme, enmigarme, encorcharme,  leudarme, cubrirme y chorrearme, empezar todo otra vez.  Con la construcción o el encuentro de nuevas ganas de azúcar, mermelada, café con leche, pan con manteca, pasta con queso, puertas sin chillidos, palomas sin hambre, botellas cerradas, pizzas leudadas, sol fuerte y baldes llenos. Y volver a hacerlas coincidir.

A mí no me vengas con eso de que tu taza necesita azúcar, porque te la lleno... o mínimo consigo quien te la llene. Con este tema y tus propias ganas de fondo, ¿cómo lo dirías?