Blog de pensamientos, ejercicios de escritura y opiniones en más de 140 caracteres. No contiene imágenes explícitas (ver blog de imágenes), pero sí temas para ¿adultos? (18+): sexualidades, estereotipos, géneros, sexo, amor, relaciones, libertades, responsabilidades, erotismo. Si algo de esto va en contra de sus creencias, experiencias, pensamientos u opiniones personales, las de su religión, gobierno o sus padres, continúa leyendo bajo su propia responsabilidad o la suya.

Cajones

CRÍTICA SOCIAL Y AUTOREFLEXIÓN, GÉNEROS Y ANTIGÉNEROS, DERECHOS Y RESPONSABILIDADES, ELECCIONES DE VIDA, AMORES Y POLVOS, VIRGINIDADES Y EXPERIENCIAS, SENSACIONES Y SENTIMIENTOS, SATISFACCIONES E INSATISFACCIONES, ESTEREOTIPOS, ROLES, EROTISMO, TWITTERATURA, EVOLUCIONES, INVOLUCIONES Y REVOLUCIONES.

miércoles

Yo a tu edad

Yo a tu edad...
—Tu abuelito antes de denigrarte, humillarte y darte a entender que eres una caca humana.
— el jeringas ☄ (@ElJeringasLoko) 16 de abril de 2016

Yo a tu edad ya había hecho tríos MHM, HMH, hetero y bi.

Yo a tu edad ya sabía masturbar/me y mantenerme. 

Yo a tu edad ya había comprendido que parir no es lo mismo que ser madre. 

Yo a tu edad había tenido más compañer@s sexuales que los dos dígitos que componen tu edad sumados.

Yo a tu edad ya había roto más culos y corazones de las veces que me habían roto el corazón y el culo.

Yo a tu edad ya me había hecho más chequeos de HIV y ETS. 

Yo a tu edad todavía no había tenido falsas alarmas ni interrupciones voluntarias del embarazo (aún estando a favor de las últimas). 

Yo a tu edad ya conocía la diferencia entre pornografía y erotismo.

Yo a tu edad ya había sido gay, bi, hetero y pan. 

Yo a tu edad ya había sobrevivido a las manifestaciones cotidianas de machismo, violencia y coerción sexual. 

Yo a tu edad ya había amado y había logrado ser amado. 

Yo a tu edad ya había vivido sola y acompañada. 

Y a tu edad ya conocía en carne propia los distintos tipos de orgasmos.

Yo a tu edad ya había hablado distintos idiomas y sexualidades.

Yo a tu edad había sido más feliz y disfrutado más que tú.

Yo a tu edad había leído más libros, pensado más ideas y escrito más letras que tú. 

A tu edad había encontrado mi compañer@ de vida y elegido cómo conformar mi familia. 

Yo a tu edad, pero... UN MOMENTO. 
¿Qué edad tienes? 
¿Qué edad crees que tengo? 
¿Qué edad tengo? 
¿Qué edad creo que tienes?

Existen el tiempo cronológico y el tiempo de la consciencia. Los años pueden pasar sin experiencias significativas o las experiencias significativas pueden pasar en unos pocos años. 

No podemos compararnos nosotros, ni nuestras condiciones de época, ni nuestras circunstancias personales, geográficas ni culturales. Mucho menos nuestras razones, ideales y decisiones de vida. La experiencia de vida es intransferible, y por ende, incomparable. 

Ni yo a tu edad, ni tú a mi edad. 
Porque tú eres tú, y yo soy yo.

domingo

Cosas*

 *que (me) dijeron (o dijeron de mí) personas que (me) entraron (o quisieron entrarme)

Las personas van y vienen. Las cosas que dicen pueden ir y nunca volver, o venir a la memoria en esos momentos en que las personas dejan de ir aunque no dejen de venirse.

Las personas entran y salen. Las cosas que dicen pueden entrar y nunca salir, o salir de la memoria en esos momentos en que las personas dejan de venirse y finalmente, se van.

¡Qué cosas dices!

Te espero hasta la mayoría de edad. Si tenés ganas, yo voy a estar acá.

Esa boca tuya no se hizo para besar.

Una mujer nunca debe llorar por un hombre. Así que no llores por mí.

Me extraña araña, que siendo mosca, no me conozca.

Te deseo con hambre.

Eso no te lo enseñé yo. 

Si te excita que te peguen, yo te pego. Pero si te bajo todos los dientes, no quiero quejas.

Un consejo: en la cama, no seas un parripollo, como la mayoría de las mujeres.

Creo que te amo un poquito.

Si tuviera veinte años menos, querida, no sabés lo que te haría.

A tu amiga no la traigas más, porque es insaciable.

Estás hecha de fuego.

Te invito a cenar, vos sos el postre.

No importa cuánto sexo tengamos, siempre vas a ser mi mejor amiga.

Para Ud., un escolar.

Venía a levantarte yo, y resulta que me estás levantando vos.

Eres una persona hermosa, en todos los sentidos y en todas las posiciones.

Decís que no te acordás de mí, pero tu cuerpo tal vez se acuerde. 

Me caliente ese fuego en tus ojos cuando hablás de otra  mujer. 

¿A quién te estarás regalando ahora?

Ya tengo un hijo rubio y otro morocho, a vos te hago el colorado.

Este placer es el que vos provocás.

Me porté mal con vos y aún así te la seguís comiendo bien.

La nueva en la cama no te llega ni a las rodillas.

Tenés un mejor ir que venir. 

Todas las mujeres que me gustan son lindas, y vos no sos la excepción.

Yo elijo a mis mujeres y te elegí a vos. 

No se haga la weona. Me carga. Digo, si usted es una mujer y no un robot.

¡Qué cosas dicen!

Pero, ¿qué cosas dicen realmente algo de mí?

Interblogueando: el orgasmo y después del orgasmo


 Orgasmo por @korzanj en su blog Futuro Nómada 
#interblogueando #ando


Le llaman Pequeña Muerte,
porque es irse, perderse:
caer en una Nada
donde nada más importa,
en un tsunami de Placer
que te desata de Todo.

En especial
de todo lo que pensás de Vos:
vací@ del Mundo, la Mente y el Cuerpo
Ves el Corazón de lo que Sos,
y Más Allá de la Noche y el Día
tu Alma se llena de Vida.

Por eso volvemos, y decimos
que de eso nada recordamos,
aunque podemos sospechar que no
si despertamos,
y vemos suspirar y sonreír dormid@
a quien Amamos.

La Mente niega lo que no cabe en Palabras,
por eso siempre nos mentimos.
Mas la Vida, sabia y traviesa,
llena el Corazón y por eso
al mirarnos tras el Orgasmo
nos reímos.

En esa Risa, por un infinitésimo de Tiempo
sabemos la Verdad de lo que Es,
y allí elegimos tomarla
como Sol para el nuevo Día,
o convertirla en caricias y besos
para ir a buscarla otra vez.

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Después del orgasmo por @pelvica
#interblogueando #ando

Se ha escrito, hablado y cantado sobre lo que ocurre después del matrimonio, después del desengaño y hasta después del amor. Pero, ¿y después del orgasmo? Ah, no, claro, él es tan importante que solamente se habla de cómo llegar a él de a uno, de a dos, de a varios, sin tener sexo, teniendo mal sexo, con buen sexo sostenido, haciendo gimnasia, haciendo yoga y hasta haciéndose el boludo. Pero poco se habla de lo que pasa en ese duermevela del intelecto, esa penumbra del alma, esa antesala de la muerte, en la que quedamos después.

Después del orgasmo viene un teamo, 

otro orgasmo o pajearse a una mano.

Después del orgasmo sueña el realista 

y descansa sin sueños el soñador.

Después del orgasmo somos todos iguales, 

con o sin pene, con o sin amor.

Después del orgasmo se rompen el silencio, 

el cuchicheo del cuerpo y el fru frú del colchón.

Después del orgasmo, descansa la pasión, se vacía la cabeza, se te llena el pulmón.

Después del orgasmo las estrellas se alejan, 

la luna se enciende y se apaga para siempre el sol.

Después del orgasmo colapsan universos, 

reyes y reinas son derrocados, hay saltos en la evolución.

Después del orgasmo, venís vos, vengo yo; 

después del orgasmo, lo que venga.

Después del orgasmo vienen el recuerdo, 

los tangos desconocidos, las novias de los amigos.

Después del orgasmo viene el olvido, 

los idiomas de la infancia, las dudas de la adolescencia.

Después del orgasmo viene la vida, otra vez que la te tocó, pero otras veces, la que querías.

Después del orgasmo viene el bajón, el reset, la vuelta de tambor del lavarropa biológico.

Después del orgasmo viene un noteamé, 

otro orgasmo o un adiós.

Quizá lo más importante no sea el orgasmo, ni siquiera con quien lo compartimos ni cómo llegamos a él, sino esos puntos suspensivos en nuestra historia sexual que supone ese ratito sin culpas, sin memoria y sin prisas, en que tenemos noción de todo y de nada a la vez, entre el último orgasmo... y el próximo.


Herencias

"No entiendo nada de genética, pero aún no soy tan esclerótico
 como para creer que soy la replica, de mi trágico árbol genealógico". 

Del grupo familiar primario, heredamos recuerdos, cosmovisiones, karmas grupales y destinos culturales. Las comidas, la forma de vestir, la música que se escuchaba de fondo cuando eras chico, los idiomas que escuchaste hablar como en un sueño, sin entenderlos y hasta los mandatos de género según la historia ancestral, la ubicación geográfica, la deidad de turno y el estrato socioeconómico.
Quizá eso sea todo lo que heredé y heredaré de ellos: ni un mango, ni una propiedad, ningún objeto de valor, ningún futuro. Alguna receta de cocina familiar, que jamás podré replicar, porque hoy elijo ser cuasi-vegetariana; algún abrigo de piel que jamás podré usar, porque creo en los derechos de los animales y el antiespecismo; algún álbum de música que no querré reproducir, por machista, retrógado o ambos. 
Una persona que se construye a sí misma, va pelándose capas de vivencias y expectativas ajenas como si fuera una cebolla, muchas veces llorando ella misma pero casi siempre haciendo llorar a los que la van viendo desnudarse de esa herencia no deseada.

De mi padre biológico heredé...

la sed de lectura, pero elegí los libros que quería leer.

una curiosidad tan ávida que se convierte en destructiva, pero aprendí a no mirar fijo aquello que quiero entender sin llegar a destruirlo.

un deseo sexual retorcido e interminable, que se deleita más entrando y saliendo de su propio laberinto, que entrando y saliendo de otros cuerpos.

y el reflejo rápido para esquivar los golpes. 

De mi madre biológica heredé...

la alquimia del que convierte lo malo en bueno, que algunos llamarán inútilmente optimismo, y la usé mientras no pude elegir lo que recibía.

una cierta ingenuidad, como la de quien no pudo hacer nada sola, aunque a mí me haya tocado hacerlo todo sola.

la posibilidad de entender el sentido común de la gente común, pero desarrollé autónomamente la posibilidad de resguardar mi sentido poco común de la misma gente.

y la capacidad de herir profundamente sin que me vean venir ni necesidad de usar el cuerpo para abrir por completo las viejas heridas ajenas.

De mi abuela materna heredé...

sus pestañas de diva sesentosa, que coronan unos ojos que han logrado ver más allá de lo que alcanzan las pupilas.

su piel siempre joven, que incluso en el lecho de muerte parecía tan tersa como en vida, que colabora con una apariencia de tener siempre un poco menos de edad física de la que se tiene.

una profundidad en el análisis discursivo para defenderme de sus ataques verbales, que no conseguí superar ni en la universidad después de cursar linguística, comparación de estructuras, semiología y análisis del discurso.

y parte de su malcogimiento irreversible, ése que ni el pene más áspero ni la vulva más jugosa hubieran podido desafiar sin contagiarse.

De mi abuelo materno heredé...

unos pies en la tierra con los que caminar, por más que prefiera que no toquen el piso para volar abriendo y cerrando las piernas.

la flexibilidad de adaptarme a los cambios, de poder disfrutar en la pobreza y en la riqueza, de poder encontrar siempre la oportunidad de ganarme la vida mediante el esfuerzo propio y no el ajeno.

el reconocimiento del peligro que existe trás hundirse en la queja como única forma de expresión y de impotencia insolucionable.

y una cierta nostalgia de lo que fue, de lo que no fue y de lo que nunca será, que es como una mancha en el alma, que sin importar cuántas veces la hayan lavado las lágrimas ni los orgasmos, siempre está ahí, amenazando con crecer hasta que el alma misma sea poco más que una mancha nostálgica en la materia de la que están hechas todas las almas.

De mi abuela paterna heredé...

la alquimia del que convierte lo bueno en malo, que algunos llamarán convenientemente pesimismo, y la usé mientras no pude elegir lo que daba.

el egoísmo tenaz pero sincero de quien se elige a sí mismo por sobre todas las cosas, los hijos, los maridos, los padres, los mandatos.

la habilidad de manejar a quienes desean ser manejados, que elijo no usar a menos que alguien intente manejarme. 

y el antiguo don de la brujería que es inferior a mis poderes de diosa pero superior a mis encantos de mujer, oferta que me cansé de rechazar y que sé que dejaré de rechazar cuando esté realmente cansada. 

De mi abuelo paterno heredé...

un libro de poemas que nunca llegó a publicarse y nunca llegué a leer, pero que siempre supe que existió.

un antepasado escritor a quien echarle la culpa de mi necesidad de escribir, como un canal de diálogo directo con los que ya no están

la semilla de la poesía que dejó plantada en mi alma y apenas llegó a crecer para convertirse en el arbusto de la prosa, porque no quise regarla.

y la capacidad de verme el alma (en vez del cuerpo) reflejada en los espejos, como alguna vez la vi en uno de sus ojos que me miró fijo poco antes de morir.

Y hay más antepasados aún, los que no conocí en persona pero de quienes escuché hablar, los que conocí de pequeña y son apenas un recuerdo borroso, los que se me aparecieron en sueños, en trances, en flashes de vidas pasadas, en epifanías, en visitas al o del infierno. Si tuviera que pensar exactamente qué me dejó cada uno, no terminaría más la lista y tampoco tengo ganas de darme cuenta de que es posible que esté toda recauchutada, de que no haya nada totalmente mío en mí.

Ya estoy grande para andar diciendo por ahí "No, no soy la hija de Hernández". En cambio aprendí a decir "Sí, sí soy la hija de Hernández, y muy a pesar de él, de los Hernández todos, en esto me pude convertir". Así por siempre la biología me recordará la dulce amargura del origen humano, un cuerpo heredado de la familia biológica y un espíritu heredado de vaya uno a saber qué contemporáneos, qué constelaciones o qué universos, ahora inaccesibles.